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domingo, 19 de mayo de 2013

Una simple regla de tres...

La asignatura de EpC es a Zapatero lo que la religión es a Rajoy: una forma de manosear el sistema educativo. Ya di mi opinión al respecto hace algunos años y, visto lo visto, no sólo me ratifico, sino que me radicalizo en ella.

El resto, lo verdaderamente importante, la cuestión de fondo, que nuestros hijos salgan del sistema de enseñanza pública verdaderamente preparados para enfrentarse a un mundo tan complejo como el que nos ha tocado vivir, les importa un carajo. A todos.


viernes, 6 de abril de 2012

Estamos que lo tiramos, oiga...

No sólo no desaparece de los planes de estudio la asignatura de EpC, o la de religión católica, sino que ahora en Andalucía se garantizará también con el dinero de todos la enseñanza de religión evangélica. Ya verán ustedes cuando se enteren sus nuevos coleguillas de Izquierda Unida.

martes, 9 de agosto de 2011

De la educación y otras improvisaciones

"Yo creo que la Educación para la Ciudadanía tal y como está concebida es algo que no tiene mucho sentido, sobre todo cuando hay cosas más importantes [...] podría estudiarse el proceso de la Unión Europea, teniendo en cuenta que ya se ha convertido en política interna de España, y que cada vez afectan más las decisiones (de la UE)" (Mariano Rajoy, 8/8/11)

¿Y qué tal cargarse EpC y Religión -o su alternativa-, para sustituirlas en Primaria y en ESO por asignaturas que aporten nociones básicas de Derecho y Economía? No es la primera vez que se dice esto por aquí. Antes de conocer los entresijos de la UE sería conveniente que los ciudadanos conocieran los de su propio país, ¿no le parece, señor Rajoy? Que después pasa lo que pasa.

Y por cierto, sobre la asignatura de Religión en el sistema público de enseñanza, ¿no tiene nada que decir?

lunes, 3 de mayo de 2010

Un poco de publicidad

Ya se ha comentado por aquí en más de una ocasión la conveniencia de que los ciudadanos adquieran una cultura económica -y también jurídica- razonable para que, en un mundo tan complejo como el actual, puedan tomar sus decisiones con conocimiento de causa o detectar si el asunto requiere de un asesoramiento profesional. Que no siempre es posible ni conveniente que sea papá Estado quien nos saque las castañas del fuego por pura vagancia mental del personal. Incluir las asignaturas de Economía y Derecho en los planes de estudio de Primaria nos haría mejores ciudadanos. Y probablemente borrar las de Religión y EpC, o al menos hacerlas optativas, también.

Pues bien, iniciativas como la del Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) de lanzar un portal de internet para mejorar la cultura financiera de los ciudadanos son dignas de aplauso. Y qué menos que un poco de publicidad. Nunca es tarde si la dicha es buena.


sábado, 31 de enero de 2009

El Estado, ejemplo de moralidad. ¡Venga ya!

"También a los terroristas suicidas islámicos, a los etarras y a los del Ku-Klux-Klan los ha educado su familia. La escuela tiene que formar ética y moralmente a los alumnos. ¡No me voy a fiar de la educación moral que les den sus padres!"

"El objetivo de esta asignatura es quitar la educación de manos de los padres, que normalmente son muy reaccionarios, y de los curas desviacionistas"

Quienes así hablan refiriéndose a la asignatura de Educación para la ciudadanía son los filósofos José Antonio Marina y Fernando Savater respectivamente. Que esto lo digan personas que han demostrado mucho sentido común en otras cuestiones, no deja de sorprenderme.

Debe ser que en el Estado, todos castos y sin prole, no hay padres. O si los hay, cuando instruyen a nuestros hijos -programando asignaturas y contenidos o impartiendo las materias-, actúan como verdaderos progres, aunque como padres sean unos reaccionarios. Tanto, que prefieren confiar la educación ética y moral de sus hijos a terceras personas a las que ni siquiera conocen.

A pesar de todo, casi dos años después de escribir esto, leídos algunos manuales, escuchados argumentos de una y otra acera, y visto lo visto, no me muevo un ápice de lo que allí dije.


domingo, 30 de noviembre de 2008

Invita la casa. Hoy: Conversaciones en Andalucía

Es una pena que la edición de Andalucía de El Mundo no esté en la red. Sobre todo porque así podría poner el enlace y ahorrarme volver a escribir los pasajes más jugosos de la entrevista de hoy a Manuel Arias Maldonado, un joven profesor malagueño. Ideas claras y pocos pelos en la lengua.

Pregunta-. Se supone que cosas así (refiriéndose a la pedagogía pública) se aprenderán en Educación para la Ciudadanía.

Respuesta-. Bueno, soy escéptico al respecto de lo que una asignatura pueda enseñar en España. Luego el chico sale de clase, le pega una patada a un gato y a su padre no le parece mal.



Pregunta-. ¿Sociedad liberal verde entonces?

Respuesta-. Inevitablemente. Otra cosa es que en España se asocie el liberalismo al conservadurismo, por ejemplo, cuando es su opuesto. La sociedad sostenible no puede resultar de la sola acción del Estado: es que no funciona.



Pregunta-. Y llegamos al estado de la Universidad española, donde tampoco parece que haya un caldo de cultivo para debates profundos...

Respuesta-.....Si la sociedad civil no quiere informarse, ¿de qué sirve que la Universidad profundice en el debate? Es difícil profundizar en ningún debate si das clase a estudiantes que no leen el periódico. ¡España es la sociedad con menor nivel de información política de Europa! Esa ignorancia implica que sus preferencias políticas están dictadas por impulsos emocionales, adscripciones dogmáticas, filiaciones familiares; todo, menos una evaluación serena de hechos y actuaciones. En una palabra: el simplismo de la opinión pública española es espeluznante. Tenemos una sociedad civil que no ejerce ningún control sobre el gasto público, ni sobre los medios de comunicación, públicos y privados, ni sobre la calidad de los productos a la venta, y así sucesivamente. España carece de opinión pública propiamente dicha.[....] Y ello se debe en gran medida a que la clase política ocupa demasiado espacio social. [....] Cuanto más espacio ocupa el sistema político, más depende la sociedad del mismo para funcionar, menos autonomía y libertad poseen los ciudadanos. Y mayor será entonces, necesariamente, el grado de corrupción. La sensación de impunidad con que se mueve el político español es asombrosa.

viernes, 31 de agosto de 2007

O la educación para la ciudadanía empieza por uno mismo o es otra cosa

A punto de comenzar el curso escolar, aún no conocemos ni el contenido, ni el texto a utilizar en Andalucía para la polémica, no sin razón, asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Busca que te busca en la página web de la Junta de Andalucía y de la Consejería, para encontrar sólo una nota de prensa fechada el 31 de Julio, en la que se informa de la aprobación por parte del Consejo de Gobierno de dos decretos que modifican la ordenación de las enseñanzas de Educación Primaria y de Educación Secundaria Obligatoria. Por supuesto, del contenido de los dos decretos, ni rastro. O al menos yo no los he sabido encontrar en el escaso tiempo que he dedicado a buscarlos, lo que dice muy poco sobre el interés que nuestro gobierno autonómico tiene en mantener informados a sus ciudadanos. En ese resumen de prensa se cuenta que el próximo curso se implantará en 3º de ESO y el siguiente en 5º de Primaria.

Resulta curioso que el contraste entre el comportamiento de algunos políticos y su empeño por imponer una asignatura de este tipo, recuerde a aquel dicho de "Tú haz lo que yo te diga, pero no lo que yo haga". La absoluta falta de respeto y nula educación (para la ciudadanía) que está demostrando el gobierno del ínclito Chaves, al no facilitar información a los padres respecto de una asignatura ciertamente sospechosa, no son precisamente el mejor ejemplo que pueden ofrecer a los alumnos que pretenden "educar para la ciudadanía".

Por tanto, desconozco el contenido de lo que aspiran a "enseñarle" a mis hijos, así que no me quedará otra que mantenerme atento hasta que nuestros representantes (¿?) políticos tengan a bien informarnos. En cualquier caso, lo que se lee por ahí sobre los materiales didácticos no tiene buena pinta y la desinformación sólo contribuye a incrementar la sospecha de adoctrinamiento que gravita sobre la asignatura.

Para intentar formarme una opinión algo más objetiva, he buscado por internet información sobre alguno de los libros de texto. Lo que realmente pretendía era conseguir extractos textuales que me permitieran formarme una opinión, pero casi todo lo que he encontrado han sido artículos que te servían el análisis cocinado. Sí, ya sé que podía haberme ido a una librería y comprármelos, pero qué quieren que les diga, tengo cosas mejores en las que gastar mi dinero. Llegados pues a este punto, me he tenido que conformar con un artículo de Justino Sinova en El Mundo, en el que entrecomilla lo que se supone son expresiones textuales del libro, y el resumen que la propia editorial hace en su página web. Me estoy refiriendo al texto denominado-¿lo adivinan?- "Educación para la Ciudadanía" de la editorial Akal.

Lo que afirma Justino Sinova que dice el libro lo pueden leer aquí, por lo que no abundaré en ello.

El resumen que de las líneas maestras del libro hace la propia editorial o sus autores, lo pueden encontrar aquí. La fiabilidad de la fuente queda por tanto fuera de toda duda. Y ahora sí extractaré aquellas cuestiones que, a mi juicio, sobrepasan con generosidad los límites de lo que entiendo por enseñanza, incluso la de unos supuestos valores universales, para adentrarse claramente en la selva del adoctrinamiento más descarado y chabacano.

En esa síntesis se habla de "....contexto nacional e internacional cada vez más degradado por la voracidad capitalista". Se admite que "Este ensayo es un tremendo contraataque a tamaña farsa". Se culpa del agravamiento de "la miseria, la injusticia, la violencia, la mezquindad y el horror humanos...." que siempre han caracterizado a las sociedades, a la virulencia sin límites del ".....Capitalismo brutal del último siglo y las cómplices democracias occidentales". Afirma que "....cada intento revolucionario de las sociedades para cambiar el sistema neoliberal capitalista e instaurar otros modelos más justos (comunismo y anarquismo) ha sido violentamente reducido por los mismos estados adalides de la Democracia internacional- se atiende a los casos de Cuba y el cono sur latinoamericano, la URSS, la España de principios de siglo, etc-". Se defienden con contundencia "....los actuales y 'vivos' intentos revolucionarios en América latina". Y finaliza esa reseña alabando "las geniales y corrosivas ilustraciones" de uno de sus autores, que no he tenido ocasión de verificar, pero que a la vista del texto, miedo da imaginárselas.

No conozco el resto del material que se va a emplear en esta asignatura y no quisiera ser injusto asumiendo que todos son tan lamentables como éste, pero visto lo visto, y aunque la muestra no sea estadísticamente representativa, el asunto no pinta bien. Esperaré no obstante, a disponer de más información, cuando sus ilustrísimas tengan a bien facilitármela, antes de plantearme, bien la objeción, bien sentarme todas las tardes con mis hijos para explicarles mi opinión sobre los asuntos con los que no esté de acuerdo.

Aunque ahora que caigo, como la asignatura es obligatoria y evaluable, si opto por la segunda alternativa y le explico a mi hijo que el comunismo es uno de los modelos de convivencia más injusto, que el capitalismo es un sistema económico, no moral ni político, que crea riqueza y bienestar o que Chávez (con "z") es un tirano que le está haciendo mucho daño a su pueblo ¿qué tendría que contestar en el examen si le preguntan por alguna de esas cuestiones?¿lo que piensa el profesor, lo que piensa el autor del libro, lo que piensa él o lo que piensa su padre? No sé yo si este experimento va a salir muy bien. Ya veremos.


viernes, 15 de junio de 2007

El rey del mambo y sus maracas

De todos los que copean por esta taberna es conocida mi postura respecto de la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. Si se limitara a explicar el funcionamiento de las instituciones democráticas de nuestro país o a ofrecer unas nociones básicas de Derecho, seguramente nos haría mejores ciudadanos. Como expele cierto tufo a pensamiento único y acrítico, pues me huele mal.

Dicho esto, me hace mucha gracia si no fuera patética, la postura de la Iglesia. Aunque podría elegir cualquier declaración de las que ha hecho sobre este asunto, me voy a decidir por una de las últimas que he leído del obispo de Córdoba. Dice este buen señor lo siguiente:

"La formación de la conciencia moral no es competencia del Estado, que no puede imponer a los niños y jóvenes un sistema moral determinado"

"....como materia obligatoria, conculca el derecho primordial de los padres a determinar el tipo de formación religiosa y moral que desean para sus hijos, derecho amparado por la Constitución Española"

"Esta Educación para la Ciudadanía es inaceptable en la forma y en el fondo. En la forma, porque impone legalmente a todos una antropología que sólo algunos comparten y, en el fondo, porque sus contenidos son perjudiciales para el desarrollo integral de la persona"

Estoy básicamente de acuerdo con el obispo. Lo que me abruma es la extraordinaria capacidad de la Iglesia para afirmar lo uno y lo contrario, sucesiva o simultáneamente.

Cuando el gobierno, hace ya bastantes años, suprimió la obligatoriedad de cursar la asignatura de religión, la Iglesia y las organizaciones católicas se echaron las manos a la cabeza y no han parado de despotricar contra aquella decisión. ¿Es compatible esa actitud con los argumentos que usan ahora contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía? Una de tres: o eran inmorales, mentirosos y manipuladores entonces, o lo son ahora, o han cambiado de opinión.

Tras comprobar que la decisión de declarar la asignatura como voluntaria era inamovible, exigieron que al menos su oferta fuera obligatoria para los centros educativos públicos. Y lo consiguieron. De esta forma, impusieron a quienes no elegían la asignatura de religión la pérdida de horas lectivas en asignaturas sustitutivas sin sentido. Eso cuando existían, porque a mis hijos los sacaban de clase y los dejaban sólos en un aula vacía. Pero seamos bien pensados y admitamos las tres alternativas anteriores como posible explicación de la exigencia al Estado de la "......formación de la conciencia moral".

Ahora se le ocurre al gobierno imponer una asignatura sospechosa de adoctrinamiento. Y ahora sí que, a la vista de lo que dice la Iglesia, han cambiado de opinión. "La formación de la conciencia moral no es competencia del Estado", dicen, entre otras cosas. Si ahora no renuncian a que el Estado tenga que ofrecer obligatoriamente la asignatura de religión, a que ésta se imparta en horario lectivo y no en el tiempo libre de cada cual, las tres alternativas quedan reducidas a dos. Probablemente de forma simultánea. Y ninguna de las dos deja en buen lugar a la Iglesia.

Resulta obsceno que al rey del mambo le moleste el sonido de las maracas.


domingo, 6 de mayo de 2007

Adoctrinar, educar, enseñar e instruir

Hace algún tiempo que quería escribir sobre estos asuntos, pero su complejidad y la controversia que suelen crear me han hecho ir retrasando ese momento. El comentario de un visitante anónimo de la taberna interesándose por mi opinión sobre la nueva asignatura de "Educación para la ciudadanía" me ha animado a hincarle el diente al tema. Aunque son términos que suelen usarse indistintamente, para mí, educar no es lo mismo que enseñar o instruir.

Empezando por éste último concepto, la instrucción es la forma más básica de aprendizaje. Requiere de poca creatividad y tiene un alto componente mecánico y memorístico. Cuando se "enseña" a un alumno a leer, se le explica cómo se resuelve una ecuación o que la revolución francesa tuvo lugar a finales del siglo XVIII, se le está instruyendo.

Enseñar es algo más que instruir. Supone estimular la creatividad de la persona, su capacidad analítica. Cuando se enseña a alguien a expresar en lenguaje matemático un problema, se le está descubriendo la utilidad de las destrezas en que se le instruyó cuando resolvió cientos de sistemas de ecuaciones sin ton ni son aparente. Cuando se le hace ver la relación entre la revolución francesa o la revolución industrial y las espectaculares consecuencias sociales y económicas que tuvieron en occidente, se le está enseñando a analizar y relacionar conocimientos. A no ser un simple depósito de información.

Y por último, la educación. A diferencia de algunos, que piensan que ésta es la última etapa del proceso de aprendizaje y que, para que sea adecuada y completa, se debe haber pasado por las anteriores, mi concepto de la educación se mueve en otras coordenadas. Llevado al extremo, creo que se puede recibir y asimilar una buena educación incluso siendo analfabeto, porque pienso que la educación debe encuadrarse fundamentalmente en el terreno de los valores humanos y no en el de los conocimientos.

Llegados a este punto, ¿debe sobrepasar el centro escolar los límites de la enseñanza para entrar en el terreno de la educación, entendida como una asignatura más? En mi opinión, no. El colegio, los amigos, los vecinos o cualquier otro ambiente social donde convivan los niños y adolescentes, debe cumplir sin duda una función educativa, pero esa función debe realizarse a través de la convivencia, los comportamientos diarios y el ejemplo de los adultos, no a través de la pizarra. Las directrices fundamentales deben marcarlas los padres y son ellos los responsables de la educación de sus hijos. No los únicos, pero sí los principales.

Por tanto, no soy partidario de aquellas asignaturas que pretenden suplantar una de las obligaciones fundamentales de los padres. Ni me parece adecuada la asignatura de religión, ni la de educación por la ciudadanía, ni otras similares. Si algunos padres prefieren que otros se encarguen de la formación moral y humana de sus hijos, son libres de hacerlo, pero que no pretendan que se impongan en un sistema de enseñanza público que debiera ser neutro.

Y para terminar, algunas maldades. ¿Puede ser fiable el contenido de una asignatura de esa naturaleza, cuyo alcance ha tenido que ser negociado con partidos políticos y alguna que otra organización católica para poder implantarla? ¿Podemos dejar la formación humana de nuestros hijos al albur de los intereses del gobierno de turno, que considera negociables los valores humanos que se deben incluir en una asignatura? ¿No es paradójico que quienes durante décadas han defendido la obligatoriedad de la asignatura de religión en los planes de enseñanza, critiquen esta nueva asignatura usando como argumento principal su riesgo de ¡adoctrinamiento!?