Cuando cualquier país, o sea, el conjunto de sus ciudadanos, decide dotarse de un determinado tamaño de Estado del Bienestar, también está decidiendo directamente cuánto se va a gastar en él y, por tanto, cuánto va a tener que pagar por él.
A veces, muchas veces, la mayoría de las veces, los gobernantes, elegidos por esos mismos ciudadanos, tienen la tentación de ofrecer a su pueblo un Estado de un tamaño que no pueden pagar o que no quieren pagar pidiendo más dinero a sus ciudadanos. Y es que igual que el tamaño de ese Estado importa porque suma votos, subir impuestos para pagarlo los resta. Así que el gobernante de turno, que quiere ser reelegido constantemente, pide prestado a los ciudadanos, de su país y de otros, emitiendo deuda pública.
Al principio, como la deuda es pequeña, el país está creciendo y paga en tiempo y forma, los ahorradores, esos que deciden no consumir ahora para poder consumir más adelante a cambio de una cierta compensación económica, le prestan a quienes han decidido consumir ahora lo que no tienen, pagando por ello una pequeña cantidad de dinero.
Año tras año, lustro tras lustro, década tras década, el país gasta sistemáticamente más de lo que ingresa. Los ciudadanos están encantados. Tienen un Estado con sanidad y educación gratuitas, con pensiones de jubilación, con prestaciones por desempleo... En fin, un Estado de Bienestar como Dios manda. Y que, además, no están pagando completo, que ya se encargan sus paisanos más ahorradores y los de otros países, de prestarles la diferencia.
Pero llega un momento en el que los ahorradores empiezan a pensar objetivamente -deja de crecer su economía, cada vez debe más, su gestión es algo caótica...-, que ese país puede tener dificultades para devolver el dinero que le siguen prestando, y entonces, como es lógico, empiezan a pedirle cada vez más dinero por prestarles dinero porque, si los ahorradores pueden prestar su dinero a otros países o empresas con mayor solvencia y menos riesgo, pedirán más recompensa si quien se lo pide es menos solvente. Lógico. Así que no parece que esa actitud de quienes prestan su dinero sea el resultado de una conspiración judeomasónica contra ese país.
Como la cosa sigue empeorando porque, lejos de hacer reformas en el país para equilibrar los ingresos y los gastos, siguen endeudándose, los ahorradores ya sólo están dispuestos a asumir el altísimo riesgo de impago a cambio de una compensación aparentemente desproporcionada, lo que llevaría al país a entrar en un peligroso círculo vicioso y finalmente a la bancarrota.
Llegados a este punto, y como ese país pertenece a un selecto club con el que comparte moneda, los miembros de ese club deciden echarle una mano. Primero decide permitir que ese país haga un quita a sus acreedores privados -esos ahorradores que le prestaron dinero durante lustros-, para aliviar la deuda, y después, como sabe que nadie le prestará dinero a un coste razonable tras esa quita, con el dinero de los contribuyentes de todos los países de ese club, y sin pedirles permiso, compra la deuda que quedaba en manos privadas y sigue prestándole dinero a unos tipos de interés más ventajosos que los normales del mercado. A cambio, le pide que haga reformas para volver a ser un país solvente y que todo vuelva a la normalidad más pronto que tarde.
Sin embargo, esas reformas suponen sacrificios importantes para la población y surge un partido político que, utilizando ese natural descontento de los ciudadanos, llega al poder prometiendo que esos sacrificios no son necesarios, que no piensa pagar buena parte de lo que deben y que sus acreedores son poco menos que unos usureros y unos desconsiderados que no respetan la soberanía de su país. Y entonces decide preguntar a su pueblo si quieren pagar lo que deben y hacer esos sacrificios.
Obviamente, los miembros del club, que han prestado el dinero de sus ciudadanos sin siquiera preguntarles si querían hacerlo, se cabrean un pelín. Resulta que el socio díscolo les insulta y pretende además darles una lección de democracia preguntando a su pueblo si quieren devolver lo que deben, cuando ellos ni se han planteado preguntarles a los suyos si querían prestarles su dinero.
Y ahora, algunas reflexiones, a modo de moraleja, sobre esta historia..
En una democracia, el tamaño y el alcance de cada Estado es una decisión de los ciudadanos de ese Estado, que a su vez deciden la orientación ideológica de cada uno de los gobiernos que deben implementarlo. No parece pues, que la responsabilidad última sobre ese modelo de Estado y sobre la forma de pagarlo sea de nadie distinto a sus propios ciudadanos.
Tampoco parece que la responsabilidad de pedir prestado para pagar ese Estado que no se puede o no se quiere pagar con la riqueza del propio país, sea de quienes prestan ese dinero. Más bien parece que será de quienes piden prestado. En todo caso, si quienes prestan fueran unos temerarios, ya asumirán su responsabilidad perdiendo el dinero prestado, que no es poco castigo.
Cuando los gobiernos deciden, con el beneplácito de los ciudadanos que los eligen, endeudarse libremente para pagar una parte del coste del Estado del que, también libremente, han decidido dotarse, asumen el riesgo de verse obligados a ceder parte de su soberanía, de su libertad para gestionar el país. Y es lógico. Quien tiene deudas no es totalmente libre de gastarse su dinero en lo que quiera, pues una parte del mismo debe dedicarlo a devolverlas. Y si además empieza a incumplir los pagos o gestiona el país de tal forma que aumenta el riesgo de incumplirlos, y sigue queriendo que le presten, los pretamistas les pondrán condiciones que, en algunos casos, pueden implicar una cierta pérdida de soberanía. Pero es preciso recordar que pedir prestado no es obligatorio y que prestar tampoco lo es. Por tanto, no parece serio darse golpes de pecho ni ponerse a lloriquear por perder una soberanía que previamente se puso en venta. Como ya se ha dicho por aquí en multitud de ocasiones, el ejercicio de la libertad es duro porque obliga a asumir las consecuencias del mismo. Lo otro es libertinaje.
Y aunque podría estar hablando de cualquier país, incluido España, pongamos que hablo de Grecia...