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domingo, 25 de abril de 2021

Democracia de ofendiditos

Uno siempre había pensado -y lo sigue pensando-, que la democracia consistía, entre otras cosas, en confrontar ideas, argumentos, datos, hechos. Pero no. Desde hace algún tiempo -décadas diría yo-, resulta que consiste en criminalizar al que piensa distinto, en aislar al adversario político, en hacerse el ofendidito, en manipular lo que dice o hace, en plantear su ilegalización preventiva. Pues qué quieren que les diga, que a mí no me sale llamar democracia a esta deriva totalitaria.

La obra de teatro que protagonizó Pablo Iglesias en el debate del otro día, levantándose indignado de la mesa porque la candidata de Vox no condenaba la violencia, fue una genialidad que sólo funciona en sociedades con una democracia enferma como la nuestra que se nutre de sectarismo y de hooligans. 
 
Toda la izquierda presuntamente demócrata ha aplaudido en bloque que se trate como apestado a un partido político, que nadie quiera sentarse con él para convencerle de sus errores o mostrar sus vergüenzas, que todos lo califiquen de fascista. ¡Quién lo iba a decir! El progresismo, la izquierda, mostrando sus más bajos instintos totalitarios mientras reprocha en otros, indignado, sus propios comportamientos.

Pero no crean que la falta de cariño por la libertad de expresión es de ahora, no. Aunque en los últimos años se haya mostrado con toda su crudeza, viene ya de lejos y afecta a todo el espectro político. Si no puedes vencerlo con argumentos, amordázalo. Ésa es la consigna. Una consigna que sólo puede funcionar si el público les aplaude. ¡Y vaya si les aplaude!

Quienes eran habituales de esta taberna que tengo medio abandonada saben de mi radicalidad en la defensa a ultranza de la libertad de expresión. Ya cuestioné en su día la famosa Ley de Partidos que, afortunadamente, ha permanecido ignorada en los últimos años, pero que están empezando a sacar de paseo otra vez.

En fin, que os dejo con una reflexión de un alumno del genial Juan de Mairena, ese heterónimo profesor de gimnasia y retórica tras el que se escondía Antonio Machado para buscar su verdad a pecho descubierto.

"En una república cristiana, democrática y liberal, conviene otorgar al Demonio carta de naturaleza y de ciudadanía, obligarle a vivir dentro de la ley, prescribirle deberes a cambio de concederle sus derechos, sobre todo el específicamente demoniaco: el derecho a la emisión de pensamiento. Que como tal Demonio nos hable, que ponga cátedra, señores. No os asustéis. El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas".
 
 

lunes, 9 de noviembre de 2020

Campaña de desinformación contra los expertos en desinformar que pretenden atajar la desinformación

La que se ha montado con la dichosa Orden Ministerial (OM) que, según dicen, instaura una especie de Ministerio de la Verdad.

Pero no hay más que echarle un vistazo al BOE que la publicó para concluir que esa norma no permite censurar ni prohibir opiniones, ni limitar Derechos Fundamentales como la libertad de expresión, ni multar o cerrar medios de comunicación. De hecho, permitir, lo que se dice permitir, no permite limitar ni sancionar absolutamente nada.

Lo que hace es crear un procedimiento y algún que otro comité de seguimiento que lo único que pueden hacer es leer las informaciones que se publican en medios, redes sociales, blog, etc., decidir si son falsas y, a partir de ahí, intentar desmentirlas con una campaña de comunicación. Algo que podrían hacer perfectamente sin esa OM. 
Porque opinar, algo directamente relacionado con la libertad de expresión, no es desinformar. Desinformar es dar información intencionadamente manipulada al servicio de fines concretos o información insuficiente o incompleta.

De nuevo, normas vacías que no sirven para nada. Bueno sí, para conseguir una llamativa casi unanimidad de juristas, medios de comunicación, asociaciones de prensa y oposición afirmando, sin un solo argumento jurídico, que el gobierno puede hacer todas esas cosas que he dicho que no puede hacer.

Llamativa, porque resulta paradójica la campaña de desinformación llevada a cabo por todos esos actores que he mencionado contra un procedimiento que pretende combatir las campañas de desinformación sin posibilidad alguna de sancionar ni prohibir nada. Una campaña de desinformación contra un gobierno -experto en desinformar-, que quiere atajar la desinformación

Y por cierto, manda huevos que me haya tocado el papel de defender al gobierno precisamente a mí.


lunes, 20 de agosto de 2018

Fíjense, fíjense...

¿Recuerdan ustedes lo que decíamos por aquí hace ya casi tres años sobre los peligros de la Ley de Seguridad Ciudadana, vulgarmente conocida como ley mordaza?

Pues fíjense cómo será la cosa que ahora, hasta quienes en su día se opusieron a ella por tener claros tintes liberticidas y facilitar el abuso del poder ejecutivo sin control judicial, la utilizan ahora para sancionar a quienes retiran los lacitos amarillos o las banderas independentistas de monumentos y vías públicas, demostración práctica de que tenían razón: la ley mordaza es liberticida y crea incentivos para el abuso del poder ejecutivo.

Y fíjense también en que quienes la promulgaron -el PP en pleno y UPN, con el resto del Congreso en contra salvo una abstención del PSOE-, están ahora que trinan porque las cañas se les volvieron lanzas, justo ahora que han perdido el poder.

Fíjense, fíjense, qué fijación tienen con las libertades ciudadanas. Los unos y los otros. Y lo que pasa por jugar con las cosas de comer.


sábado, 1 de julio de 2017

De orgullos y otros cachondeos

Se puede opinar que algunos espectáculos que se ven en el día del orgullo gay son estéticamente desagradables o de mal gusto y no ser un intolerante. O que el Estado, lato sensu, no tiene por qué pagar estas celebraciones, como tampoco las relacionadas con la Semana Santa, los partidos de fútbol o cualesquiera otros espectáculos privados. Porque opinar no es prohibir. Y lo intolerante es prohibir que otros hagan lo que les venga en gana cuando no afecta a la libertad ajena. Y también insultar a quienes no opinan como uno.

Tampoco es homófobo en sí mismo opinar que la cabalgata del orgullo gay le hace un flaco favor al colectivo homosexual o que en ella se ven escenas realmente ridículas y patéticas. Salvo que se pueda ser homosexual y homófobo, todo a la misma vez. En todo caso, a mí que registren.







miércoles, 28 de junio de 2017

Del cuerpo de las mujeres y otros mercantilismos ideológicos

¿Qué hay de aquello de que "Es mi cuerpo, yo decido" o "Nosotras parimos, nosotras decidimos"?

Vaya por delante que, en el asunto del aborto, no comparto ese lema. Pero no porque crea que cada cual no es dueño de su cuerpo, sino precisamente porque tengo la convicción de cada uno debiera poder hacer con su cuerpo lo que le venga en gana, siempre que no afecte a la libertad individual de los demás, incluida la potencial libertad individual del feto. Sí, vale, admito que, a partir de esa postura, el debate se traslada a determinar si el feto es parte del cuerpo de la mujer o no lo es. Pero esta entrada no va del aborto, sino de la maternidad subrogada, así que dejémoslo ahí, aunque si a alguien le interesa mi postura respecto de aquél, aquí la tienen. Si he sacado el asunto, es sólo para dejar claro que comparto con las feministas el principio de que cada cual es dueño de hacer con su cuerpo lo que quiera, aunque en mi caso, y a diferencia de la mayoría de ellas, procuro aplicar ese principio con cierta coherencia.

Dicho esto, resulta difícil entender a quienes, asumiendo ese principio hasta sus últimas consecuencias -a saber, que hasta el feto forma parte del cuerpo de la mujer-, se oponen a la regulación de la maternidad subrogada. Su argumento fundamental está relacionado con el mercantilismo, con hacer objeto del comercio aquello que, a su juicio, no debiera serlo, empleando expresiones como "mercado de vientres" o "las mujeres no somos vasijas". Dicen que, si permitimos el comercio de la capacidad reproductiva de las mujeres, se abrirá un mercado que obligará a los pobres a vender lo que nunca venderían de no verse abocados a hacerlo, que creará privilegios para unos pocos. Más o menos lo mismo que argumentan respecto de la prostitución.

El problema fundamental de ese tipo de argumentos es que también serían aplicables a otros muchos intercambios comerciales que son aceptados con absoluta normalidad. Por ejemplo, el del factor trabajo. La mayoría trabajamos porque no somos ricos, pero no se nos ocurre argumentar que deba prohibirse el trabajo de los pobres que se ven obligados a trabajar sólo porque son pobres.

Claro, que alguien podría decir que el mercado de trabajo está sometido a una regulación que intenta impedir que se produzcan situaciones que atenten contra la dignidad de las personas. Podríamos entonces plantear que se regule la maternidad subrogada para garantizar que no se den escenarios en los que podría resultar dudoso que la persona esté actuando en el uso real de su libertad individual. Pero no, esto tampoco les vale a quienes pretenden decidir qué puede o no hacer cada cual con su cuerpo, gente que, curiosamente, presume de ser muy de izquierdas -pero mucho, mucho-, y que, inexplicablemente, detestan las libertades individuales.  



sábado, 7 de enero de 2017

Otro déjà vu...

Bueno, lo que le está pasando a Antonio Salas, magistrado del Tribunal Supremo, es lo de siempre. Alguien tiene una opinión, la manifiesta públicamente con argumentos que pueden o no ser compartidos, y le cae la del pulpo por ser un elemento políticamente incorrecto cuando no directamene un retrógrado. Nada nuevo bajo el sol. Salvo la valentía de muy pocos y la cobardía de muchos.

En fin, otro déjà vu...

lunes, 19 de diciembre de 2016

A mí que me registren...

Pregunta: ¿Se puede ser prostituta y feminista?

Respuesta: Claro que se puede, ¿por qué no?

Pregunta: Bueno hay quien considera que la prostitución es sólo esclavitud: también desde el feminismo.

Respuesta: Esa visión en blanco y negro forma parte de los esquemas patriarcales. Con el feminismo pasa como con la izquierda: hay muchos feminismos y no se debe confundir el género con los órganos genitales. El patriarcado es muy redentor, quiere salvar a los demás: y, oiga, no me salve usted de nada, sólo permítame emanciparme. Hay asociaciones de prostitutas, como Hetaira, que plantean cuestiones muy interesantes. El redencionismo es despótico, pero no se puede hacer la revolución sin ellas. Yo no me atrevo a decirle a una mujer prostituta qué tiene qué hacer sin preguntarle qué quiere hacer. Lo que hay que conseguir es que ninguna mujer se prostituya sin su voluntad o se vea abocada a la prostitución por necesidad. Hay mujeres que prefieren prostituirse a limpiar pisos y hay que respetarlo.


Pues eso, más o menos lo que yo vengo diciendo. ¿La novedad? Que lo afirma una mujer que, además, dice ser muy de izquierdas. Y sus votantes también. A mí que me registren.

jueves, 18 de agosto de 2016

De buenismos y otras torpezas

Dice el gobierno francés que el burkini no es compatible con los valores de Francia y de la República. Si mal no recuerdo, uno de esos valores es la Libertad.

Es éste un debate recurrente -ya reflexionábamos por aquí hace años sobre el velo o el burka-, y ciertamente polémico. No voy a repetir los argumentos que ya expuse en su momento en aquellas entradas o en los interesantes comentarios que suscitaron, pero sí me gustaría añadir alguna reflexión respecto del burkini, no muy distinta ni distante de las que vertí por aquel entonces.

Al parecer -y digo al parecer porque no me queda demasiado claro-, lo que se pretende con su prohibición es proteger la libertad individual de las mujeres. Veamos. Si la mujer afectada por la prohibición usa el burkini por convicción personal, por recato, por respeto a sus creencias, en definitiva, porque le da la gana, tal prohibición conculcará de manera inadmisible su libertad individual. Si usa el burkini por imposición de un tercero, lo que se conseguirá es que esa mujer no pueda ir a la playa y, además, no evitará que ese tercero siga vulnerando su libertad individual.

En definitiva, la prohibición del burkini empeorará la situación de todas las mujeres, tanto de las que lo usan voluntariamente, que haberlas haylas, como de las que no. Las primeras verán limitada su libertad individual. Las segundas, no sólo continuarán oprimidas por sus maridos o su entorno, sino que además tendrán que dejar de ir a la playa.

¿De verdad puede defenderse una prohibición que perjudica a todas las personas a las que pretende beneficiar? Como dice el refrán, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.


sábado, 11 de junio de 2016

Estoy pensando...

Estoy pensando que a lo mejor voto a Unidos Podemos. Que como nadie escarmienta por cabeza ajena, quizás una inmersión de este bendito país en esas ideas comunitaristas termine definitivamente con la especulación sobre lo evidente. Que cuanto antes toquemos fondo, antes nos desengañaremos de la perversidad del colectivismo y de su ropaje demagógico.

Estoy pensando que si la razón práctica y la historia no son ya argumentos suficientes, entonces ha llegado la hora de facilitar el suicidio colectivo como estrategia, como argumento. 

Y ahora que lo pienso...


sábado, 5 de marzo de 2016

Hágase la luz...

A veces, muchas veces, demasiadas veces, la ignorancia de nuestros políticos cuando no el ansia de aparentar que protegen a los más débiles, les hacen tomar decisiones que se revuelven contra los pretendidos beneficiados como un boomerang.

Aquel fantástico, a la par que poco leído por lo que se ve -y por lo que no se ve-, ensayo de Frédéric Bastiat denominado precisamente "Lo que se ve y lo que no se ve", cuya lectura ha sido ya recomendada en varias ocasiones por esta taberna, debiera ser libro de cabecera para cualquier político que aspire a organizar la economía a golpe de leyes arbitrarias y aparentemente solidarias. Y también para cualquier ciudadano que aspire reconocer la mercancía averiada antes de adquirirla con ingenuo entusiasmo.

Viene esto a cuento de lo que la alcaldesa de Barcelona pretende hacer con los precios de alquiler de vivienda y, de paso, con la libertad de sus parroquianos: controlarlos. Lo que se ve, que no suban los precios, y lo que no se ve, agravamiento de los desequilibrios que se pretenden solucionar. Y como hay quienes lo explican mejor que yo, ahí llevan un análisis de lo que no se ve. Para que vean.


viernes, 21 de agosto de 2015

Y para muestra, un botón...

Al Estado, o mejor, a nuestros gobernantes, no les gusta que les demuestren que pueden no ser imprescindibles. Pretenden el monopolio de la solidaridad para justificar así que ellos, y sólo ellos, son capaces de proteger a quienes requieren de protección. Porque si llegara a saberse que los ciudadanos organizados, la sociedad civil en definitiva, es capaz de sustituirlos a poco que se lo propongan, esto sería el caos. Para ellos, claro.

Y para muestra, un botón.


lunes, 13 de julio de 2015

Pongamos que hablo de Grecia...

Cuando cualquier país, o sea, el conjunto de sus ciudadanos, decide dotarse de un determinado tamaño de Estado del Bienestar, también está decidiendo directamente cuánto se va a gastar en él y, por tanto, cuánto va a tener que pagar por él.

A veces, muchas veces, la mayoría de las veces, los gobernantes, elegidos por esos mismos ciudadanos, tienen la tentación de ofrecer a su pueblo un Estado de un tamaño que no pueden pagar o que no quieren pagar pidiendo más dinero a sus ciudadanos. Y es que igual que el tamaño de ese Estado importa porque suma votos, subir impuestos para pagarlo los resta. Así que el gobernante de turno, que quiere ser reelegido constantemente, pide prestado a los ciudadanos, de su país y de otros, emitiendo deuda pública.

Al principio, como la deuda es pequeña, el país está creciendo y paga en tiempo y forma, los ahorradores, esos que deciden no consumir ahora para poder consumir más adelante a cambio de una cierta compensación económica, le prestan a quienes han decidido consumir ahora lo que no tienen, pagando por ello una pequeña cantidad de dinero.

Año tras año, lustro tras lustro, década tras década, el país gasta sistemáticamente más de lo que ingresa. Los ciudadanos están encantados. Tienen un Estado con sanidad y educación gratuitas, con pensiones de jubilación, con prestaciones por desempleo... En fin, un Estado de Bienestar como Dios manda. Y que, además, no están pagando completo, que ya se encargan sus paisanos más ahorradores y los de otros países, de prestarles la diferencia.

Pero llega un momento en el que los ahorradores empiezan a pensar objetivamente -deja de crecer su economía, cada vez debe más, su gestión es algo caótica...-, que ese país puede tener dificultades para devolver el dinero que le siguen prestando, y entonces, como es lógico, empiezan a pedirle cada vez más dinero por prestarles dinero porque, si los ahorradores pueden prestar su dinero a otros países o empresas con mayor solvencia y menos riesgo, pedirán más recompensa si quien se lo pide es menos solvente. Lógico. Así que no parece que esa actitud de quienes prestan su dinero sea el resultado de una conspiración judeomasónica contra ese país.

Como la cosa sigue empeorando porque, lejos de hacer reformas en el país para equilibrar los ingresos y los gastos, siguen endeudándose, los ahorradores ya sólo están dispuestos a asumir el altísimo riesgo de impago a cambio de una compensación aparentemente desproporcionada, lo que llevaría al país a entrar en un peligroso círculo vicioso y finalmente a la bancarrota.

Llegados a este punto, y como ese país pertenece a un selecto club con el que comparte moneda, los miembros de ese club deciden echarle una mano. Primero decide permitir que ese país haga un quita a sus acreedores privados -esos ahorradores que le prestaron dinero durante lustros-, para aliviar la deuda, y después, como sabe que nadie le prestará dinero a un coste razonable tras esa quita, con el dinero de los contribuyentes de todos los países de ese club, y sin pedirles permiso, compra la deuda que quedaba en manos privadas y sigue prestándole dinero a unos tipos de interés más ventajosos que los normales del mercado. A cambio, le pide que haga reformas para volver a ser un país solvente y que todo vuelva a la normalidad más pronto que tarde.

Sin embargo, esas reformas suponen sacrificios importantes para la población y surge un partido político que, utilizando ese natural descontento de los ciudadanos, llega al poder prometiendo que esos sacrificios no son necesarios, que no piensa pagar buena parte de lo que deben y que sus acreedores son poco menos que unos usureros y unos desconsiderados que no respetan la soberanía de su país. Y entonces decide preguntar a su pueblo si quieren pagar lo que deben y hacer esos sacrificios.

Obviamente, los miembros del club, que han prestado el dinero de sus ciudadanos sin siquiera preguntarles si querían hacerlo, se cabrean un pelín. Resulta que el socio díscolo les insulta y pretende además darles una lección de democracia preguntando a su pueblo si quieren devolver lo que deben, cuando ellos ni se han planteado preguntarles a los suyos si querían prestarles su dinero.

Y ahora, algunas reflexiones, a modo de moraleja, sobre esta historia..

En una democracia, el tamaño y el alcance de cada Estado es una decisión de los ciudadanos de ese Estado, que a su vez deciden la orientación ideológica de cada uno de los gobiernos que deben implementarlo. No parece pues, que la responsabilidad última sobre ese modelo de Estado y sobre la forma de pagarlo sea de nadie distinto a sus propios ciudadanos.

Tampoco parece que la responsabilidad de pedir prestado para pagar ese Estado que no se puede o no se quiere pagar con la riqueza del propio país, sea de quienes prestan ese dinero. Más bien parece que será de quienes piden prestado. En todo caso, si quienes prestan fueran unos temerarios, ya asumirán su responsabilidad perdiendo el dinero prestado, que no es poco castigo.

Cuando los gobiernos deciden, con el beneplácito de los ciudadanos que los eligen, endeudarse libremente para pagar una parte del coste del Estado del que, también libremente, han decidido dotarse, asumen el riesgo de verse obligados a ceder parte de su soberanía, de su libertad para gestionar el país. Y es lógico. Quien tiene deudas no es totalmente libre de gastarse su dinero en lo que quiera, pues una parte del mismo debe dedicarlo a devolverlas. Y si además empieza a incumplir los pagos o gestiona el país de tal forma que aumenta el riesgo de incumplirlos, y sigue queriendo que le presten, los pretamistas les pondrán condiciones que, en algunos casos, pueden implicar una cierta pérdida de soberanía. Pero es preciso recordar que pedir prestado no es obligatorio y que prestar tampoco lo es. Por tanto, no parece serio darse golpes de pecho ni ponerse a lloriquear por perder una soberanía que previamente se puso en venta. Como ya se ha dicho por aquí en multitud de ocasiones, el ejercicio de la libertad es duro porque obliga a asumir las consecuencias del mismo. Lo otro es libertinaje.

Y aunque podría estar hablando de cualquier país, incluido España, pongamos que hablo de Grecia...


miércoles, 1 de julio de 2015

Si un político puede abusar, abusará.

Hay quienes están en contra de la nueva ley de seguridad ciudadana porque entienden que evitar un desahucio -que consiste en impedir la ejecución de una resolución judicial y pisotear los derechos de otro conciudadano, el propietario del inmueble-, o cortar una calle impidiendo la libre circulación de personas, o plantarse a las puertas de la casa del político de turno, coaccionando con insultos y amenazas a él y a su familia, es libertad de expresión. Y quienes entienden eso, apellidan la nueva ley de ley mordaza.

Uno, que es bastante radical en el entendimiento de las libertades en general, y de la libertad de expresión en particular, considera que tales comportamientos están muy alejados del ejercicio del derecho a la libertad individual. Y que deben ser prohibidos y, por ende, castigados.

Dicho esto, comparto el apellido mordaza para esta ley. Pero por razones distintas, como ya adelanté en su día. El Derecho administrativo, escenario jurisdiccional en el que se mueve esta ley, es el menos garantista. Y la potestad sancionadora de la Administración Pública, que actúa siempre como juez y parte, de las más humillantes para el ciudadano. Este poder, teóricamente sometido a la tutela judicial del contencioso-administrativo, pero sólo teóricamente, es una fuente natural de abusos del poder político que, en este ámbito, está encantado de concentrar, no sólo de hecho, sino también de Derecho, los tres poderes del Estado.

Y la experiencia nos dice que si un político puede abusar, abusará.


lunes, 1 de junio de 2015

De iconoclasias y otros pragmatismos...

¿De verdad hay que colocar por encima de la libertad de expresión unas cuantas notas musicales y un trozo de trapo? Sí, ya sé que la ley dice lo que dice, pero no era esa la pregunta. Parece lógico que a quienes sacralizan esos símbolos les hayan ofendido los pitos. También comparto la opinión de que ofender a los símbolos que son importantes para los demás es una falta de respeto, una muestra de incivismo y una demostración de la mala educación crónica de buena parte de la ciudadanía.

Ahora bien, calificar esos actos de delictivos o pedir sanciones para sus autores pone de manifiesto el extraño concepto que de la libertad individual en general, y de la libertad de expresión en particular, se tiene en este país. Con una piel tan fina -y selectiva-, respecto de las libertades ajenas, es fácil explicarse algunas de las cosas que pasan.

O a lo mejor es que uno, que es iconoclasta desde que descubrió que el tío Aquiles también se tiraba pedos, no termina de entender ciertas ofensas.

 

jueves, 16 de abril de 2015

Del afán liberticida y otras transversalidades...

De la prostitución ya hemos hablado por aquí en varias ocasiones. Porque hablar de prostitución no es sólo hablar de sexo y vicio, sino también, y sobre todo, de libertad individual.

Sobre su posible regulación, una ha dicho que va contra la dignidad de las personas, y otra que no cuenten con ella para mercadear con los derechos de las mujeres ni con sus cuerpos, que las mujeres son ciudadanas de pleno derecho.

Para que nadie tenga la tentación de desvirtuar el debate, quede claro desde el principio que hablamos, ellas y yo, de prostitución voluntaria. Y también que, aunque algunos en su ignorancia hablen de legalizarla, la prostitución no es un delito en nuestro país. Fijada pues la premisa del debate, vayamos al asunto.

La señora Botella dice estar en contra de la prostitución arrogándose el derecho de imponer a los demás su concepto de dignidad, como si fuera el único admisible, y calificando implícitamente de indignas a aquellas mujeres que la ejercen. La señora Montón, portavoz de Igualdad del PSOE, dice estarlo porque las mujeres son ciudadanas de pleno derecho, aunque ella piense, curiosamente, que en tal plenitud de derechos no debe quedar incluido uno de los más elementales, el de la libertad individual. Dignidades impuestas -y tal vez impostadas-, y plenitudes incompletas, todo un ejemplo de incoherencia intelectual.

La  cuestión no tendría la menor importancia si se quedara en el simple ejercicio legítimo de la libertad individual de estas dos señoras de expresar su opinión sobre cualquier tema y en una crítica igualmente legítima de este tabernero a su inconsistencia argumental. Pero da la casualidad de que se trata de dos ciudadanas con poder institucional, con capacidad para regular, e incluso legislar en el caso de la señora Montón, sobre el asunto que estamos debatiendo. Y en tal caso, sus opiniones pueden llegar a tener trascendencia sobre las vidas ajenas, lo que debería obligarlas a ser especialmente coherentes en sus trajines intelectuales.

En fin, parece claro que el afán liberticida es transversal, que no entiende de colores.


jueves, 19 de marzo de 2015

De censuras y otros infantilismos

"No estoy de acuerdo con la denominación de censura. La aceptación por parte de una institución del contenido de una exposición es algo previo. Si esto es censura, estamos censurando exposiciones todos los días, porque todos los días valoramos qué obras son apropiadas o no."

Eso ha manifestado el director del MACBA al ser preguntado si la retirada de una obra de una exposición ha sido censura, para decir a continuación que "un museo público no está para transmitir ciertos mensajes y mi sentido común me dice que las interpretaciones que se harían serían perjudiciales para la institución"

Pues decidir de manera preventiva qué mensajes debe o no transmitir un museo público se parece demasiado a la censura. Es más, yo diría que decidir qué mensajes puede o no recibir el ciudadano es el objetivo por excelencia de la censura.

Pero vamos, que también pudiera ser que este hombre y yo no hablemos el mismo idioma. Ni tengamos el mismo concepto de la libertad.

Seguro que a estas alturas ya ha visto más gente la escultura de la que la hubiera visto expuesta en la exposición. Con Franco estas cosas no pasaban. Y es que con internet, la censura ya no es lo que era...


martes, 3 de febrero de 2015

¿Dónde está el problema?

Si la aplicación de la reforma univesitaria es voluntaria para las universidades y sólo les aporta flexibilidad, ¿dónde está el problema?

Los rectores dicen que no están de acuerdo. Pues hagan uso de la libertad que les concede la reforma y no la apliquen.

Los estudiantes ya han convocado huelga contra el gobierno por permitir que sean las propias Universidades las que decidan.

La progresía ilustrada, tan amante siempre de la libertad, dice que ataca la igualdad de oportunidades. Uno siempre ha creído que esa igualdad dependía de los recursos que el Estado pusiera a disposición de los más desfavorecidos, pero ahora parece que depende de si los estudios de grado son de tres o de cuatro años.

En fin, que no entiendo dónde está el problema de reforzar la autonomía de las Universidades. Salvo que pensemos que las decisiones que van a tomar no tendrán nada que ver con la calidad de la formación que imparten. Que todo pudiera ser. Pero entonces, mejor sería cerrarlas.


viernes, 16 de enero de 2015

Mientras haya imbéciles, mejor tenerlos entretenidos...

Que expulsen de un programa como Gran Hermano a dos gitanos venidos a menos por manifestar su homofobia o su racismo mientras un negro en pelota picada pone cachondo con su badajo a un maricón, no deja de ser un curioso esperpento. No quiero ni pensar la que les hubiera caído si los pilla el cocinero del otro día.

Y lo mejor de todo es que la cadena de televisión pretende hacernos creer que los ha expulsado por lo que han dicho, cuando los llevaron al programa precisamente para que lo dijeran. A lo mejor son tan ingenuos que piensan que los que ven esos programas son imbéciles y no se han dado cuenta de la jugada... ¡Vamos hombre!

Desde luego, el sentido de la causalidad en estos casos está clara: estos programas se hacen porque la gente los ve, no viceversa. Entiendo que estos programas existan. Entiendo incluso la propia existencia de esa cadena de televisión. No hay más que ver el nivelito de una parte de la ciudadanía. Fíjense, si no, en la audiencia de GH y Sálvame, con más de ocho horas diarias en pantalla.

¡Ah! Y por lo que me cuentan, los han expulsado de la casa, pero van a seguir en el programa porque han pedido perdón, porque tienen muchos amigos gays que son guays y porque los quieren mucho. ¡Ah! Y porque uno de ellos dice que está casado con una paya. Como diría Freddie, el espectáculo debe continuar.

Uno, que cree en la libertad individual por encima de casi todas las cosas, jamás impondría la desaparición de este tipo de programas, aunque se alegrase de ello. Siempre que fuera por falta de audiencia, claro.

Porque mientras haya imbéciles, mejor tenerlos entretenidos y embobados en el sofá del salón.


miércoles, 7 de enero de 2015

Sólo es un programa de cocina...

A un niño de 12 años que participa en un concurso de cocina en televisión, lo han castigado quitándole un punto y haciéndole limpiar por un comentario machista.

No sé si el chaval habrá cambiado su opinión con el castigo o simplemente se habrá limitado a tomar nota de que es conveniente no decir en público lo que uno piensa si no es políticamente correcto.

Quizás el mejor método para convencer a un crío de que hay que respetar al prójimo no sea castigarlo y humillarlo públicamente por sus opiniones, sino explicarle por qué son erróneas, injustas y ofensivas. 

Pero claro, sólo se trata de un programa de cocina... 


jueves, 11 de diciembre de 2014

De la libertad sin control... y yo sin enterarme

A uno le preocupa leerle a todo un premio Príncipe de Asturias que "estamos en el colmo de la libertad sin control, sin contrapoder", o que "la libertad sin restricción de los merados ha acabado con el resto de libertades", o que "en los totalitarismos existía la hipertrofia de lo colectivo que sometía al individuo", o que "en la actualidad, la doctrina neoliberal recorta autonomía a la política", o que "el neoliberalismo ha logrado que la soberanía de los intereses esté por encima de la soberanía del pueblo".

Y le preocupa porque le hace sentir a uno marciano. Pero como él es un ilustre pensador y un servidor sólo es un humilde tabernero, lo más probable es que sea él quien tenga razón.

Seguramente sea "la libertad sin control" la que permita a las empresas iniciar sus actividades de un día para otro sin ningún tipo de trabas administrativas, o decidir las condiciones en las que contrata o despide a sus trabajadores, o el nivel de impuestos que pagan.

También es más que probable que "la libertad sin restricción de los mercados haya acabado con el resto de las libertades", porque son los mercados los que imponen a los ciudadanos cuántos impuestos deben pagar, a qué sectores o empresas se subvenciona, cuál es el salario mínimo que deben cobrar, si pueden ir o no un domingo a comprar fruta o un televisor...

Y posiblemente lleve también razón al afirmar que "en la actualidad, la doctrina neoliberal recorta autonomía a la política", como resulta evidente al comprobar que los políticos se gastan cada año casi la mitad de lo que produce el país, o que suben impuestos a su antojo, o que subvencionan precios en los mercados, o que imponen o eliminan aranceles al gusto, o que manejan al poder ejecutivo, judicial y legislativo a su antojo, BOE mediante.        

Ahora bien, lo que me ha descolocado de verdad es eso de que "en los totalitarismos existía la hipertrofia de lo colectivo que sometía al individuo". De lo poco que yo viví el franquismo no recuerdo precisamente que el sometimiento del individuo se debiera a una hipertrofia de lo colectivo. Y de lo leído, tampoco. ¿O acaso se refiere a los totalitarismos de izquierda?

En definitiva, que no sé qué me habría fumado yo cuando escribí todas esas sandeces sobre los pérfidos mercados. Fuera lo que fuera, acabo de ver la luz. Y me ha quedado clarísimo que la culpa de todo ha sido, y es, del neoliberalismo y de la libertad sin restricción de los mercados, que llevan décadas campando a sus anchas. Y yo sin enterarme.