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sábado, 14 de julio de 2012

De aplausos y otros jaleos...

Ver cómo la gente jaleaba a los mineros en su marcha hacia Madrid, o cómo los famosos se hacen fotos con ellos, resulta inquietante. Y no por lo que de solidaridad con quienes están luchando por sus puestos de trabajo tiene el asunto, sino por lo que de inconsciencia, y probablemente ignorancia, están revestidos tales gestos.

Si preguntáramos a todos esos que jalean las subvenciones al carbón qué harían si pudieran disponer ahora mismo de mil millones de euros en una partida presupuestaria, ¿qué creen ustedes que responderían? ¿dilapidarlo en mantener los privilegios de los trabajadores y empresarios de una industria irremediablemente deficitaria, o dedicarlo a educación o sanidad? Miedo me da la respuesta.

Aunque ya hemos hablado de estas cosas en varias ocasiones por la taberna, aquí tienen un trabajo bastante currado sobre el asunto. Aunque no cambien ustedes de opinión, al menos que la tengan fundamentada.


miércoles, 7 de marzo de 2012

Arrojando luz sobre la electricidad

La Asociación Española de la Industria Eléctrica (Unesa), ha creado una página web en la que nos muestra con todo detalle el desglose de la factura eléctrica. Si, por ejemplo, se pulsa sobre la opción "Si sólo recuerdas el importe de la factura, pulsa aquí", se indican 100 euros y se pulsa "Calcular", nos informa de que 52,3 euros están relacionados directamente con el servicio (generación, transporte, distribución y costes varios), mientras que 47,3 euros corresponden a subvenciones, amortización del déficit tarifario e impuestos. Pulsando además sobre cada uno de los sectores del gráfico, nos explica en qué consiste cada concepto.

En resumen, casi la mitad de lo que pagamos no se corresponde con la generación, transporte y distribución de la electricidad que consumimos en nuestros hogares. Venga, no se me vengan abajo y levanten ese ánimo. ¡Ay, qué recuerdos...!





jueves, 29 de septiembre de 2011

De donde no hay... (XXVII)

El Gobierno, una vez más, ha decidido que los ciudadanos no paguen la energía según lo que cuesta, y el PP, otra vez más, toca las palmas con las orejas.

¡Qué triste...!

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El que avisa...

No repetiré lo que ya escribí hace casi tres años y reiteré después en varias ocasiones. Escrito quedó para quien quiera leerlo. Sólo diré que ya lo dije, permítanme la chulería. Y que casi todos los que ahora se rasgan las vestiduras, incluida FACUA, lo sabían. ¿A qué viene tanta demagogia del PP? ¿A cuento de qué se despachan a gusto en las tertulias progres contra las empresas eléctricas por tener beneficios y repartirlos a sus accionistas? ¿Quién fija los precios que cobran esas empresas? ¿Y quién distorsiona la formación de sus costes con subvenciones?

La energía eléctrica, aunque los precios hayan sido amordazados para que no se chivaran, es cara. Y hay que hacer un uso de racional de ella. Seguro que todos podemos ahorrar más del 10% de la que consumimos en nuestros hogares. Pues hala, a ello, y así no nos afectará esta subida... ni las que vendrán.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ojú, el de la luz...

De que tarde o temprano subirá el recibo de la luz casi nadie debiera tener dudas. Cuanto antes aterricemos y bajemos de las nubes, tanto mejor. Que el gobierno ande buscando la aprobación del PP para repartir los insultos que les lloverán cuando suban la luz resulta patético. Al margen de la responsabilidad que pudiera tener el gobierno y su errática política energética sobre los costes de generación, es obvio que resulta insostenible que los ciudadanos sigamos pagando ad eternum el suministro eléctrico muy por debajo de sus costes de producción. Ya lo expliqué hace tiempo. Y ellos también.


jueves, 17 de junio de 2010

De donde no hay...(XIX)

Uno hace una pregunta retórica con carita de niño bueno y el otro contesta con verdades a medias, que son las mentiras peores. Nada nuevo bajo la brisa soleada de las primas a las renovables, el negro carbón subvencionado y la ineptitud a dos aceras. El modelo es, en efecto, una herencia del gobierno de Aznar, pero una herencia que Zapatero no supo o no quiso enterrar durante los años de bonanza económica de su gobierno. Ni asumió entonces que los ciudadanos debían pagar el coste real de la energía, ni impulsó una política energética que abaratase el coste y nos hiciera menos dependientes del exterior.

Y cuando uno ha decidido tras seis años de gobierno, no sólo no modificar el modelo heredado pudiendo haberlo hecho, sino agravar aún más sus nefastas consecuencias, no puede echarle la culpa al otro. ¿O sí?


jueves, 10 de diciembre de 2009

¡Vaya plan...!

Fíjense lo que escribe, e imagino que piensa, un miembro de la Oficina Económica de Presidencia, órgano que asesora a nuestro presidente:"...cambiar en profundidad el modelo productivo no es solo cuestión de dinero, de recursos. Transformar de verdad el modelo implica cambios muy profundos. Sustituir una política económica de acompañamiento del mercado (liberal, en definitiva) por otra que dirija el proceso de desarrollo económico en una determinada dirección." Escribe muchas más cosas y todas ellas muy reveladoras, pero dejémoslo ahí. ¿Les suena a ustedes cómo terminan los países con un sistema de economía planificada?

Y para muestra un botón. ¿Recuerdan que hace unos días hablaba de las enormes subvenciones al carbón? Pues la Comisión Nacional de la Competencia publicó ayer un interesantísimo informe al respecto donde afirma cosas como éstas:

"Sin embargo, el Proyecto de Real Decreto supone una contradicción con el principio rector de la LSE (Ley del Sector Eléctrico), en la medida en que distorsiona gravemente la toma de decisiones de los agentes económicos en libre competencia y los mecanismos de organización de los mercados eléctricos en España"

"[el Proyecto de Real Decreto]...distorsiona el proceso de formación de precios en el pool eléctrico que ya no se determina por criterios de mercado y de eficiencia."

"...es previsible que el Real Decreto proyectado afecte de manera adversa sobre la competencia efectiva en los mercados energéticos españoles, al reforzar a los agentes mayores e incumbentes frente a los agentes más pequeños y nuevos entrantes."

"El Real Decreto proyectado supone una distorsión significativa de los procesos de funcionamiento de los mercados energéticos en España y de los mecanismos de formación de precios."

"...es previsible que se produzca un encarecimiento del precio de la electricidad en los mercados mayoristas como resultado de la alteración del orden de mérito económico y del incremento de los costes de operación."

"El sobrecoste total en caso de que se generase el máximo de energía previsto en el PRD superaría los 1.200 millones de euros."

"[el Proyecto de Real Decreto]...genera determinadas ineficiencias y distorsiones a la competencia efectiva que, en opinión de esta Comisión, resultan injustificadas y extraordinariamente lesivas del bienestar general."

En fin, que parece que a la CNC no le gustan demasiado los efectos de la economía planificada. Por cierto, se acerca una nueva subida de la electricidad ¿Se acuerdan del déficit tarifario? Pues cada día más hermoso, chiquillo.


domingo, 29 de noviembre de 2009

Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha

Fiel al principio de que el ciudadano no sabe lo que le conviene y hay que tutelarlo, y hasta imponérselo por su propio bien, nuestro gobierno acaba de decidir por Real Decreto -vamos, por cojones-, la temperatura máxima en invierno y mínima en verano a la que nos debemos comprar unos calzoncillos en El Corte Inglés, tomarnos una cervecita en la taberna de la esquina o ver una película en el cine. Impone su criterio a los empresarios que se juegan los cuartos -eso sí, por su propio bien, que ellos no saben lo que le conviene a sus negocios pero la administración pública, un ejemplo de gestión eficiente donde los haya, se lo va a explicar-, y además lo hace, dice, para ahorrar y conseguir un uso más racional de la energía.

Al mismo tiempo, se gasta en un año más de 1.600 millones de euros -¡doscientos setenta mil millones de pesetas!-, en subvencionar el carbón nacional, más caro y de peor calidad que el importado, para producir energía eléctrica en centrales térmicas, las más contaminantes. Impone una tarifa eléctrica deficitaria que mantiene los precios artificialmente bajos fomentando, como consecuencia, el derroche de energía. Cierra las centrales nucleares, más limpias y eficientes que las térmicas. Subvenciona las energías renovables para que paguemos menos de lo cuestan...

En fin, que nuestro gobierno no sólo limita el ejercicio de la libertad del empresario, sino que, una vez más, lo hace desde la más absoluta incoherencia. Ya saben, que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Y conste que yo jamás voy a El Corte Inglés en invierno. No aguanto esas temperaturas más de cinco minutos sin ponerme rojo como un tomate, me lloren los ojos y la cabeza me estalle.


viernes, 27 de junio de 2008

¡Qué pocas luces!

El ministro de Industria, Miguel Sebastián, afirmó tras el Consejo de Ministros que aprobó la subida de tarifas eléctricas, que el déficit tarifario, al que denominó déficit Rato-Montoro, es "una hipoteca invisible, porque los consumidores se están endeudando a un plazo de 15 años". También dijo que "es un sistema insolidario con los consumidores futuros" y que "incentiva el consumo energético en exceso, porque provoca mayores consumos y alimenta de forma artificial los beneficios de las compañías eléctricas, aumenta las emisiones de CO2, contribuye al cambio climático y perjudica a la balanza exterior española porque aumenta las importaciones energéticas". ¡Qué bien lo ha dicho, coño! Estaba deseando poder darle la razón a alguien del gobierno.

Pero uno se pregunta a continuación, sabiendo que el déficit acumulado en las legislaturas del PP ascendió a unos 1.500 millones de euros -aproximadamente el 10% del déficit actual-, y que la opinión del ministro es la que acaba de manifestar, por qué se ha seguido aumentando ese déficit año tras año desde 2004, por qué las nuevas tarifas aprobadas por él en 2008 siguen contribuyendo al déficit, por qué no se fomenta la energía nuclear.

Debe ser jodido tomar una decisión a sabiendas de que es un error. Y más jodido aún criticarla públicamente horas después. ¿Será que el nuevo ministro tiene pocas luces? ¿Será que nos toma por imbéciles? ¿O será que somos imbéciles?


jueves, 15 de mayo de 2008

¡Niño, (a)paga la luz!

En un mercado de libre competencia, el precio actúa como elemento racionalizador de nuestro comportamiento como consumidores. Es obvio que tiene otras funciones y que sólo en un modelo de competencia perfecta, inexistente más allá de la teoría económica, las despliega en todo su esplendor.

Si nos fijamos en el mercado eléctrico, no existe en él la libre competencia. Se trata de un mercado regulado, donde el precio, lejos de formarse en función de la oferta y la demanda e informar a los agentes económicos (productores, consumidores,...) de los costes de producción o de la escasez o abundancia del bien, se establece unilateralmente por un señor que decide cuánto debemos pagar.

Parece razonable que un sector estratégico para el Estado y con un importante riesgo de actuación monopolística por sus enormes barreras de entrada, fundamentalmente la necesidad de grandes inversiones, se encuentre regulado. Pero esa regulación no debería ir más allá de garantizar que no se incurre en abusos hacia los consumidores, por tratarse de un mercado donde el poder de los oferentes sería omnímodo en caso de no estarlo. Sin embargo, a lo que se ha dedicado el gobierno, primero con Aznar y después con Zapatero, además de a jugar a las casitas con el accionariado, las OPAS y otras zarandajas, ha sido a fijar unas tarifas muy por debajo del coste de producción. Y todo ello con criterios exclusivamente políticos, cuando no electorales.

En esas condiciones, el papel racionador que debe jugar el precio en la demanda de bienes privados desaparece. El resultado es que el consumo de ese bien se sitúa por encima del que hubiera existido si el precio hubiera reflejado correctamente los costes. Y eso, en un país donde la producción energética en general, y la eléctrica en particular, se basa en productos importados, con lo que ello implica de deterioro de nuestra balanza de pagos y de dependencia exterior, es una tremenda irresponsabilidad.

Pero hay más. En los años 2.000, 2.001 y 2.002, los precios fijados por el gobierno acumularon un déficit tarifario a las compañías (diferencia entre lo que se paga por el suministro eléctrico y lo que cuesta producirlo) de 1.500 millones de euros. Lógicamente, las compañías no se cruzaron de brazos y al gobierno no le quedó más remedio que reconocer esa deuda. Sin entrar en el mecanismo financiero que permite a las empresas distribuidoras financiar ese déficit, digamos que a partir de 2.003 el gobierno permitió incrementar el precio, pero no para compensar en ese mismo año el déficit acumulado, sino para que el consumidor fuera pagándolo en cómodos plazos. De hecho, esos 1.500 millones terminaremos de pagarlos, trocito a trocito en nuestras facturas, ¡en 2.010!.

A fecha de hoy, el déficit tarifario acumulará a finales de este año unos 16.000 millones de euros (más de ¡dos billones y medio de las antiguas pesetas!). Y seguirá creciendo, junto con la demanda, mientras el precio no supere los costes. A eso hay que añadir la falta de equidad del sistema para con las generaciones futuras, pues serán estos usuarios los que pagarán los excesos de los consumidores actuales. Por ejemplo, parte del consumo que haya efectuado en los últimos años quien se muera hoy, será pagado por todos nosotros en los próximos años en nuestro recibo de la luz.

¿A qué viene todo este tostón? Pues viene a argumentar mi posición de que es absolutamente imprescindible que el precio de la electricidad suba de manera importante. Y una vez más estoy de acuerdo con el señor Solbes, aunque también una vez más pienso que se quedará corto o que no le dejarán actuar. La subida debería, cuando menos, no generar más déficit y, en la medida de lo posible, acortar los plazos en los que se pagaría el déficit acumulado.

Y para terminar, sólo añadir que pagaremos muy caro no haber apostado por la energía nuclear. Tiempo al tiempo.