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sábado, 29 de agosto de 2026

Éxito de público

Llegó con su bufanda granate, la carpeta bajo el brazo y esa hambre antigua de aplauso que sólo envejece por fuera. El salón estaba lleno hasta la última silla. Ni una tos, ni un móvil, ni un murmullo de esos que suelen destriparle a uno el adjetivo más hermoso. El silencio, espeso y atento, tenía algo de milagro.

Leyó despacio. Paladeando las erres, dejando que cada metáfora apoyara los codos en la penumbra. Cuando alzó la vista en mitad del segundo poema, descubrió incluso a varias mujeres llorando sin recato. Nunca, ni en sus años de premio provincial y reseña de domingo, lo habían escuchado así.

Se vino arriba y regaló un bis. Luego otro.

Al terminar, un hombre de negro le estrechó la mano con gratitud profesional.

—Ha estado precioso, don Emilio —dijo mientras los mozos cerraban el ataúd—. A mi hermano le habría gustado mucho oírlo despierto.


lunes, 1 de mayo de 2017

Epitafio

8 de diciembre de 1980. Pasaba las tardes de domingo mirando abstraído aquella fecha en la tumba de su amada. A pesar del tiempo transcurrido, aún añoraba a diario su inteligencia, ingenio y sentido del humor de los que surgían aquellos relatos de apenas unas líneas y finales inquietantes que estallaban en la imaginación del lector hasta dejarlo grogui. No podía evitar una melancólica sonrisa de admiración cada vez que miraba la lápida. Era la única de todo el cementerio que sólo tenía una fecha. Así era María, coqueta y original hasta en su propio final.

lunes, 17 de abril de 2017

Descomposición

El traje era auténtico arte y él un impostor. Pero no lo supo hasta el preciso instante en que el silencio se inquietó con el quejido oxidado de la puerta de chiqueros y le chorrearon las entrañas…


miércoles, 23 de abril de 2014

Evocación

Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, la chiquillería correteaba entre risillas nerviosas buscando los soportales que rodeaban el patio del monasterio. En el suelo, abandonados por la prisa, tejos coloreados, algunos trompos astillados, una muñeca de trapo empapada, el sonsonete casi litúrgico de los goterones sobre las losas... Un trueno devolvió al padre Julián al presente de un respingo, tan violento, que le obligó a apoyarse con urgencia en el bastón para permanecer erguido justo en el centro del patio del monasterio, ahora abandonado y en ruinas. El agua por los tobillos, la sotana pesada, los recuerdos húmedos, la vieja muñeca de trapo en el bolsillo...  


miércoles, 19 de octubre de 2011

Boludo

No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento de Sofía, su vecina de rellano, y fijarse en el sobre que apenas asomaba por debajo. Miró con disimulo a uno y otro lado, esperó inmóvil algunos segundos, estiró a ras de suelo la punta de su pie izquierdo flexionando levemente la otra pierna, irguió la espalda y la cabeza, ahuecó los brazos..., y pisó la carta arrastrándola hasta el centro del descansillo con un lento y elegante giro de cintura. Satisfecho, abrió la puerta del apartamento y la colocó junto al resto de la correspondencia que Sofía, su profesora de tango, le había pedido que recogiera durante su ausencia.   


miércoles, 15 de junio de 2011

De memorias y otros laberintos

Tal vez si hubiera preguntado dónde… Pero nunca lo hacía. Siempre le había parecido una ordinariez ir por ahí interrogando a la gente. Quien quiera saber, mentiras a él, le decía siempre su abuelo con un guiño malicioso señalando a las alcahuetas que cuchicheaban en cualquier esquina. Terminó de vestirse, forzó una exagerada sonrisa en carne viva para encajar más fácilmente la excesiva dentadura herencia de su padre, y buscó con la mirada la vieja gorrilla con que solía protegerse del relente traicionero de la mañana. Averiguaría él solo dónde había puesto hoy su nieta la puerta de la calle, masculló mientras cogía ilusionado el bastón.


martes, 17 de agosto de 2010

Mitin

¡Imbéciles!¡Estúpidos!¡Gilipollas!¡Pánfilos! Se pasaba el día gritando desde el balcón de la última planta. Y seguramente, como un reloj parado, acertaba al menos un par de veces al día. Si no más. Sí, seguro que muchas más. Algunos miraban al cielo con una sonrisa. Debía hacerles gracia. Otros lo ignoraban. Y los menos, se indignaban denunciándolo a la autoridad incompetente. Dicen que aquél era uno de los loros más inteligentes del edificio.


miércoles, 11 de agosto de 2010

Amor a primera Visa

Me pellizcó el culo con ademanes de pobre antiguo y una risilla babosa, casi obscena, de nuevo rico insatisfecho. Acabábamos de casarnos tras una breve y turbulenta relación de ésas que llaman de amor-odio. Él amaba mi metro ochenta de juventud prieta y yo las diez cifras del saldo de su cuenta poco corriente. Él odiaba que no lo amase en la pobreza y en la enfermedad y yo odiaba sus carnes octogenarias y su exquisita vulgaridad. Aquella noche me dijo que había reservado mesa en el restaurante de moda de la ciudad. ¡Cena con espectáculo y en primera fila, chocho!, me dijo mientras se colocaba bien la dentadura que quedó colgada del signo de admiración. Solía pasarle cuando se dirigía a mí gritando esa horrenda palabra que, para mi bochorno, era demasiado a menudo. Justo cuando iba a sugerirle que cambiáramos de mesa, una lluvia de sudor y un protector dental aterrizaron en mi crema de bogavantes. Demasiado cerca del ring, ¿no, chocho?, dijo antes de recoger su dentadura del mantel entre carcajadas color carne.


domingo, 8 de agosto de 2010

Números primos

Era famoso por la originalidad de sus mítines, por sus sarcásticos discursos y sus alegóricas puestas en escena. Aquel día quería agradecer al partido el primer puesto en las listas electorales y desde el atril prorrumpió en aplausos justo cuando sobre la estrechez de aquella vieja lata de tomate frito Solís macizada de cemento y clavada en la cima de una escalera se reunían, disciplinadas y al son abollado de una sucia trompeta, las cuatro pezuñas de la cabra.


viernes, 25 de junio de 2010

Variaciones sobre un oculista con prisa (II): En un abrir y cerrar de ojos

¡Pedro, el oculista ha salido corriendo otra vez!, gritó histérica mi mujer desde la consulta. Abrí la puerta a tiempo de alcanzar a ver cómo se arrojaba por la ventana del segundo piso espoleado por el terror y envuelto en su bata blanca. Siempre que a Lola le tocaba revisión, ocurría lo mismo. En cuanto le dilataban la pupila, el pánico los paralizaba unos segundos y escapaban aterrorizados. Allá, en el fondo de ojo de aquel oscuro túnel ahora enorme, se apreciaba con tremendo realismo la tenebrosa escena del lienzo de su antepasado Valdés Leal, In ictu oculi. Extraño lugar para tan misterioso antojo.


(Dedicado a mi querido aguaó, un historiador de arte. Y del arte.)

miércoles, 23 de junio de 2010

Variaciones sobre un oculista con prisa (I): El brillo de sus ojos

Pedro, el oculista, ha salido corriendo asomado a sus gafas de cerca y desarmando con la prisa el periódico que ojeaba cuando Lola ha entrado. Últimamente se pone nervioso al verla, con esos ojazos negros, limpios, brillantes. Aún recuerda la primera vez que acudió a su consulta, tan presumida y pagada de sí misma como hermosa, para comprar unas lentillas de colores. Ora unas verdes, ora unas azules, no, mejor estas violetas, como la Taylor, decía. Hasta que sufrió aquel accidente fatal con los prismáticos. Ahora, impaciente, lo acosa a diario para interesarse por el pedido de sus dos nuevos ojos de cristal de Swarovski.


viernes, 4 de junio de 2010

El examen

No dije que lo sabía. ¿Para qué? Ni me iba a creer ni yo lo pretendía. Estaba guapísima allí plantada, de pie, frente a mí, mientras la calidez de sus manos atravesaba mi camisa, indagaba a tientas en mi cuerpo. El pecho, la espalda, los muslos, las pantorrillas… Su pelo melocotón, su desnudez tantas veces sospechada, el jugoso aroma de su piel calando el vestido… ¡Cuánto había anhelado este momento! Un amor imposible, decían mis amigos. Cuando terminó de cachearme, la obviedad de mi entrepierna la ruborizó. Debió extrañarle que un alumno de sobresalientes sacara una chuleta con ese descaro. Apenas sentí el bofetón.


miércoles, 2 de junio de 2010

¡Plaf!

La cena se enfriaba en la mesa mientras su paciencia agonizaba. No era la primera vez, pero nunca había tardado tanto. Se sirvió otro bourbon, el tercero, y cerró los ojos para aguzar el oído. Nada. Decían de él que era un poco maniático. ¡Bah!, pura envidia, pensó. Cuando intuyó su vuelta, asomó un ojo sin pestañear, le asestó un golpe seco con la mano de par en par y sonrió satisfecho a pesar del estropicio. Aplastada sobre el mantel, junto al cuenco derramado de caviar iraní, apenas si podía distinguirse la oscuridad impertinente de la mosca. Por fin, como todas las noches, podría cenar a solas.


martes, 11 de mayo de 2010

Paciente secreto

Hazme tuya. Aquella frase bajo la fotografía de una hermosa mulata en piel viva publicada en la sección de contactos era la señal. Se recreó unos instantes en aquellas curvas y se bebió de un trago el güisqui antes de encasquetarse el sombrero, alzarse el cuello de la gabardina y salir de la cafetería barriendo con la vista su desconfianza. No era la primera vez que veían a Manolo atragantarse con el zumo de manzana en el comedor del psiquiátrico.


lunes, 10 de mayo de 2010

Ignorancias

La mujer de la foto sonreía con dulzura a aquel hombre, mucho mayor que ella, sentado enfrente, justo al otro lado del pequeño velador que los separaba. La distancia a la que se tomó no permitía apreciar los detalles, pero su esposa parecía feliz y enamorada. Triste, la guardó en el sobre amarillo junto al resto de las fotografías y dio las gracias al asombrado detective, invitándole con un gesto desganado a marcharse del lujoso despacho. Ya a solas, sacó del sobre una en la que se apreciaban sus hermosos ojos verdes a la sombra de uno de esos días plomizos en los que tanto le gustaba pasear, y la colocó dentro del marco vacío, sobre la mesa. Él era un ignorante. Rico, pero ignorante. Por eso, y por temor a quedar como un imbécil, nunca se lo preguntó, pero desde que ella le confesó su enfermedad, pensó que aquélla era la única manera de conservar algunas fotos junto a su amada. ¡Dichosa fotofobia!


miércoles, 14 de abril de 2010

Anatomía providencial

Mañana va a llover, pensó mientras se frotaba con gesto de dolor el aparatoso juanete de su pie izquierdo. Pero en Las Vegas nunca llueve. Y aquellos taconazos de vértigo a los que se encaramaba a diario por causa de su trabajo terminarían por destrozarle la columna y desarmarle las falanges. Como el corsé, que apenas la dejaba respirar y le había mudado ya de sitio algunos de sus órganos. Por eso, cuando aquella madrugada salió del Hotel Flamingo de zanjar el último asunto de la noche, la certera bala ni siquiera le rozó el corazón.


sábado, 10 de abril de 2010

(Re)Presión

Por favor, sea usted breve. Me lo repetían constantemente. Cuando en la compra se me iba el santo al cielo pegando la hebra con el carnicero. O cuando llamaba a información telefónica y terminaba recomendándole un libro a la operadora. Incluso cuando llamaba a las líneas eróticas. Claro, que entonces era joven e inconsciente. Conseguí fama como escritor y años más tarde me casé. Virgen, no se crea. Supe que tenía un problema serio cuando en la noche de bodas mi recien estrenada esposa me preguntó ¿ya? Y cuando mi editor dejó de llamarme ¿Cree que podrá curarme, doctor? Por supuesto, me respondió, en unos meses podrá pasar sin problemas del microrrelato a la roman fleuve.

martes, 26 de enero de 2010

Complejo

Histérico, esculcó una vez más dentro del maletín, pero tampoco lo encontró. La megafonía del aeropuerto anunciaba ya el embarque urgente de su vuelo a Londres y la agente encargada del nuevo escáner corporal no dejaba de observarle. Rojo de ansiedad, buscó una vez más entre la maraña de papeles ahora desordenados y respiró aliviado al encontrar el librito. Se sentó tranquilamente a leerlo hasta que una mueca de placer le abobó la sonrisa, lo guardó de nuevo en el maletín y se dirigió con aplomo hacia el escáner. Nunca hubiese consentido que se rieran de mí por tenerla tan pequeña, murmuró mientras se acomodaba en Business Class y volvía a buscar, excitado, su librito de poesía erótica griega.


sábado, 28 de noviembre de 2009

Regalando el destino

Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, la sorpresa inicial acaba sonriendo con malicia. Cuando hace tres meses salí del coma y comenté algunas de las visiones que había tenido, me tomaron por loca. Hasta que, una tras otra, comenzaron a hacerse realidad. Todas menos una. Veía a mi suegra, a la que odiaba con toda mi alma, en la UCI de un hospital con quemaduras por todo el cuerpo mientras un médico le hablaba en un extraño idioma. Ahora, mientras recojo del suelo de la cocina el billete de avión con destino a Estambul que gané en aquel concurso de televisión, todo encaja.


sábado, 12 de septiembre de 2009

Selección natural

La vieja se disponía a zamparse tranquilamente su almuerzo cuando un fuerte golpe la frenó en seco disputándoselo. Vale, nos lo jugamos a los chinos, le dijo algo atemorizada al agresivo rubio que la golpeó. Buscaron seis cadáveres de coquinas sobre la arena. Tres para cada uno. Gana quien llegue antes a tres, empiezo yo, apremió el rubio. Tres; cinco. Uno a cero. Tres; blanca. Dos a cero. Tres; seis. Dos a uno. Tres; cuatro. Tres a uno. ¡Gané!, gritó el rubio, eufórico y envalentonado. Y se abalanzó violentamente sobre la gusana del anzuelo sin siquiera decir adiós a la vieja.