Mostrando entradas con la etiqueta Del maestro armero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Del maestro armero. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de junio de 2017

Sobre la ética...

Al principio titulé esta entrada "Sobre la ética política". Después pensé que la ética no debiera tener apellidos y lo cambié, aunque ya les adelanto que la cosa va sobre política. Y sobre ética, claro.

En los últimos años hemos asistido a una especie de competición para ver quién mea más lejos o la tiene más larga en esto del comportamiento ético de los políticos. Incapaces los partidos de resultar creíbles y de fijar de manera autónoma el listón ético de sus miembros -que debiera ser unos de los criterios del votante para darles su confianza-, han buscado las referencias en el Derecho Penal, en lo que decidan los jueces, renunciando cobardemente a asumir sus responsabilidades y trasladándolas a un tercero que, subrayémoslo, no lleva a cabo juicios éticos, sino jurídicos. Así, unos hablan de que se deben asumir responsabilidades políticas cuando existe imputación, otros cuando existe imputación pero sólo en determinados delitos, otros cuando se abre la fase de juicio oral, otros cuando existe condena y otros cuando esa condena es firme... En fin, que hay para todos los gustos.

El problema es que el Derecho Penal, tanto desde el punto vista material como procesal, no es una referencia adecuada para ser utilizado como codigo ético. La propia naturaleza de esa rama del Derecho exige que muchos comportamientos claramente reprochables no sean castigados penalmente. Los principios de ultima ratio y de intervención mínima que rigen el Derecho Penal obligan a que ello sea así. Además, el propio proceso, muy garantista y presidido por el derecho fundamental a la presunción de inocencia, puede dejar sin castigo comportamientos manifiestamente delictivos, garantismo al que no está obligada una organización respecto de su régimen interno. Si a ello añadimos que las peculiaridades del proceso penal, con una fase de instrucción y otra de enjuiciamiento propiamente dicho, hace que la persona afectada se vea sometida a diferentes situaciones procesales que, unas veces desde la ignorancia y otras desde la más mezquina manipulación política, son sacadas de contexto y ofrecidas al pueblo llano para saciar su sectarismo, resulta evidente que el Derecho Penal no puede ni debe convertirse en la guía ética de ninguna organización social, sea del tipo que sea.

Y pese a ello, los partidos políticos han decidido usar el Derecho Penal como marco ético. ¿Por qué? Probablemente porque resulta incómodo retratarse y es más fácil manipular y justificar las posiciones cuando es un tercero, el juez, quien decide, cuando es otro el que juzga a los tuyos. En definitiva, por pura cobardía política e intelectual.

Una prueba palmaria de todo lo dicho es que los responsables políticos se ven obligados continuamente a retorcer como si fueran de plastilina, la mayoría de las veces con manifiesta desvergüenza, sus códigos éticos para no tener que tomar medidas contra los suyos. Hasta se vieron obligados a modificar el término imputado por el de investigado de tanto como lo habían sobado. Y no ha servido para nada, como resulta notorio.

Pero en mi opinión, hasta la fecha, el summum de la inmoralidad en la manipulación del propio código ético llevado a cabo  por un partido político -y que ha motivado esta entrada-, es lo que le he escuchado a Manuela Carmena esta semana. Y lo es, no sólo porque se  trate de un partido político que ha hecho de la ética -aunque sea mal entendida-, su bandera, exigiendo a los demás un comportamiento que raya en ocasiones lo absurdo, sino porque quien dice lo que ha dicho no puede alegar ignorancia. Recordemos que la señora Carmena es licenciada en Derecho, ha ejercido de jueza, ha sido vocal del Consejo General del Poder Judicial además de fundadora de la asociación Jueces para la Democracia y es juez emérita del Tribunal Supremo. Descartada pues, objetivamente, la ignorancia, sólo es posible atribuir sus palabras a la poca vergúenza.

¿Y qué es lo que ha dicho? Pues escúchenlo ustedes mismos.




En efecto, lo que dice la providencia literalmente es:"Cítese de comaprecencia en este juzgado a Dña Ana Varela Mateos, Dña Celia Mayer Duque y D. Carlos Sanchez Mato ante este juzgado el próximo día 18 DE SEPTIEMBRE A LAS 10.30 HORAS al objeto de prestar declaración en concepto de querellados, reclámese sus hojas histórico penales." (sic)

Ustedes no tienen por qué saber si eso significa que comparecen como testigos o como imputados, pero el currículum profesional de la señora Carmena no permite aplicarle a ella el mismo beneficio de la duda que a ustedes. Ella sabe perfectamente que, más allá de cuestiones nominales, cuando una querella se admite a trámite por el juez de instrucción (ver nota al pie), el querellado se convierte automáticamente en investigado -antes imputado-, el juez tiene la obligación de notificárselo inmediatamente y nace el derecho de defensa del querellado, obligación de uno y derecho del otro que nuestro proceso penal impone como parte del derecho fundamental de defensa recogido en el art. 24 de nuestra Constitución. Emplear como argumento que el juez de instrucción no ha empleado el término investigado o imputado sino el de querellado, para defender lo indefendible, debería tener algún tipo de consecuencia en su prestigio y currículum profesional. Y también en su prestigio político. Pero no pasará ni lo uno ni lo otro.

En definitiva, convertirse en investigado, lejos de representar ningún tipo de castigo procesal o material, supone una garantía constitucional. Han sido nuestros políticos quienes, a base de manosear interesadamente el concepto, han terminado por trasladar erróneamente a los ciudadanos que una determinada situación procesal -investigado, imputado, querellado, denunciado, todos esos términos tienen idénticas implicaciones a estos efectos-, debe ser identificada con un comportamiento éticamente reprochable. Eso sí, siempre que esa situación procesal la sufra el adversario político. Por todo ello, se equivocan, probablemente a sabiendas, quienes acuden al Derecho Penal para extraer de él las coordenadas de lo que debiera ser un comportamiento ético.

Sobre estas cosas ya hablábamos por aquí hace mucho tiempo.


Nota: Por si quedaba alguna duda: "Es innegable que la condición de imputado nace de la admisión de una denuncia o una querella (no, por cierto, de la simple interposición de una u otra)..." (Sentencia Tribunal Constitucional 135/1989, página 11)

sábado, 15 de abril de 2017

Del microrrelato y el neoliberalismo totalizador

"La nueva situación ideológica contemporánea, derivada del neo-liberalismo dominante/globalizante/totalizador, que no es otra cosa que la transformación cualitativa del capitalismo triunfante a escala mundial, y que ha empapado de la denominada posmodernidad todos los discursos de la actual crítica cultural, política, económica e intelectual (Harvey, 2008), ha derivado en una triple desconfianza: el, hasta ahora, consolidado estatuto de la realidad; las relaciones e implicaciones entre el lenguaje y la referida realidad, que estaban consolidadas en esa inalterabilidad y, por último, la crisis de los metadiscursos. Esta situación, en el marco literario que es el que nos interesa, ha desarrollado, en líneas generales, un discurso narrativo desideologizado, evasivo y lúdico-hedonista, todo bajo el común denominador filosófico-teórico de la destrucción de la imagen del sujeto [...] Desde estos planteamientos socio-ideológicos se sitúa la expansión y práctica escritural del microrrelato en tanto que texto reflejo de la inconsistencia, relatividad, contingencia, hibridismo e intrascendencia (Ródenas 2008: 8) de esta nueva episteme posmoderna..." (Francisco Álamo Felices, "Poéticas del microrrelato" y en "Espéculo. Revista de estudios literarios")

Pues eso, que estos días de sosiego he leído algunos libros que tenía pendientes desde hace algún tiempo. Entre ellos, uno denominado "Poéticas del microrrelato", de uno de cuyos capítulos he extractado el texto anterior y que, además, he encontrado completo en la red, por si alguien quiere contextualizar el párrafo reproducido. La verdad es que me quedé un poco alucinado. Resulta que el género -o subgénero o simple evolución del cuento, según distintos estudiosos-, del microrrelato es consecuencia del neoliberalismo galopante que ha triunfado a escala mundial.

Si tenemos en cuenta que el microrrelato comenzó a adquirir cierto relieve a partir de finales del XIX y principios del XX, siendo cultivado por autores consagrados de aquella época, fundamentalmente hispanohablantes, no parece que su génesis tenga demasiado que ver con el supuesto neoliberalismo dominante/globalizante/totalizador. Es más, sobre lo que se ha dado en llamar peyorativamente neoliberalismo o capitalismo exacerbado o como quieran ustedes denominarlo con tal de que suene fatal, ya hemos escrito largo y tendido en la taberna. Para negar su existencia, por supuesto. Y si no, ya me contarán ustedes cuándo y dónde ha existido libre mercado o libre competencia exacerbada.

martes, 1 de noviembre de 2016

La culpa es del otro... otra vez

Anda el personal encantado con algunas de las cosas que le dijo Pedro Sanchez a Jordi Évole el domingo. Ya tienen a un par de culpables de que Rajoy vuelva a ser presidente: el IBEX 35 y la prensa.

Seguramente fueron ellos los que impidieron que PSOE y Podemos se entendieran. O los que consiguieron que una formación política tan peculiar como Podemos esté gobernando en muchos sitios o sea la tercera fuerza en el Parlamento. O los que pusieron a los ciudadanos la papeleta en el sobre antes de introducirla en la urna.

Decir eso es un insulto en toda regla al ciudadano en tanto que votante. Creérselo es, además, un claro indicio de imbecilidad.


jueves, 2 de octubre de 2014

Tienes la Gracia en el culo, Manolo...

Entró en política en las Cortes Consituyentes, allá por 1977, y todavía sigue subido en el coche oficial. Diputado en el Congreso, senador, consejero en varios gobiernos andaluces, diputado autonómico, vicepresidente y presidente del Parlamento andaluz.

Opina este profesional de la política llamado Manuel Gracia, que el germen de la corrupción política está también en la corruptela diaria de la sociedad, que hay una percepción muy negativa hacia los políticos, pero una permisividad enorme hacia la enorme corruptela diaria que está alrededor de todos y que los políticos no son distintos a como es la sociedad, sino que son exactamente iguales. No sé con cuál de las tres perlas quedarme.

Al final, va a resultar que la culpa de la corrupcion de los políticos es de la enorme corruptela diaria del ciudadano de a pie, pero ni se plantea el silogismo contrario.

Por otro lado, para explicarnos que su choriceo y desvergüenza no es culpa de ellos sino de una sociedad vulgar y corrupta de la que ellos no son más que un reflejo, son capaces de rebajarse hasta el punto de considerarse parte del vulgo. Así, como son personas normales y corrientes, les está permitido hacer las cosas que hacemos las personas normales y corrientes y que, según el señor Gracia -maldita la gracia...-, consiste en crear a nuestro alrededor una enorme corruptela diaria de la que ellos, pobrecitos e inocentes, no son más que un efecto colateral.

Pues qué quieren que les diga. A mí, lo que dice este impresentable, me parece un insulto a nuestra inteligencia. Como ya ha quedado dicho por aquí en alguna ocasión, pareciera como si, para ejercer la política, fuera un mérito el hecho de ser un ciudadano medio, ni muy tonto ni muy listo, ni muy honrado ni muy chorizo. E incluso a veces, hasta se pelean para ver quién mea más cerca, quién es más vulgar.

¡Es tan patético verlos intentar parecer tan normales siendo tan mediocres y sintiéndose tan superiores...!


sábado, 7 de septiembre de 2013

Por ejemplo...

De Madrid. La culpa es siempre de Madrid. Los recortes son de otros, dicen, pero callan que las prioridades son de uno. Ya lo decíamos por aquí hace unos meses.

Ayer nos lo recordó a todos el presidente extremeño. Para bien.

Y también lo hizo el rector de la Hispalense. Para mal.


jueves, 3 de junio de 2010

A veces...

A veces uno se siente mal. Porque le gustaría poder llamar escoria a los especuladores con la reconfortante convicción que visten los que así los llaman. Porque desearía poder echarle la culpa a otros, a quienes sean mientras sean otros. Porque pagan justos por aparentes pecadores mientras los verdaderos pecadores fingen compungidos ser los justos.

A veces quisiera uno ser más simple. Porque no hay felicidad boba, sólo felicidad. Sin adjetivos.


lunes, 23 de febrero de 2009

La culpa es de los titulares

¿Qué fue de ese "no puedo opinar porque no conozco la noticia en profundidad" tan socorrido, y honesto cuando es cierto, que disparan algunos políticos ante preguntas incómodas?

Ahora resulta que todos opinaron sobre la conferencia del gobernador de España sin habérsela leído y la culpa es de los titulares. Claro que eso les pasa por no pasarse de vez en cuando por esta taberna.

Pero lo más grave de todo no es que se opine sin conocimiento -que se lo digan a Cayo Lara y sus inexistentes citas marxistas, que el señor Marx, Carlos, no dijo pero que seguro que lo pensaba al decir del señor Cayo; o a Camps y su cita persecutoria que atribuye, también erróneamente, a Brecht-, sino que el imprescindible debate sobre la configuración de nuestro mercado laboral siga sin producirse.

Que nuestros políticos se hayan mimetizado con la vaciedad de la que están rellenos sus discursos y, lo que es peor, sus cabezas, con la complicidad imprescindible de unos ciudadanos permisivos y acríticos, es sin duda el camino más rápido hacia el desastre. A estas alturas uno ya no sabe quiénes son más mediocres, si los gobernantes o los gobernados.


martes, 4 de septiembre de 2007

La culpa siempre la tiene el otro. El otro se llama Estado

Cada vez que se colectiviza la irresponsabilidad individual, surgen voces que gritan socorro a "papá Estado". Se nos llena la boca de arrogancia exigiendo derechos y libertades, pero cuando la cagamos jugueteando inconscientemente con ellos miramos a nuestros políticos, con ojos suplicantes primero y soberbia indignada después, para que nos rescaten del abismo.

No hace mucho con el caso Afinsa, en un intento de los damnificados de que entre todos pagásemos sus platos rotos. Ya veremos cómo termina. Dejando al margen los posibles dramas personales, pretender convencernos de que aquéllos que estaban obteniendo hasta tres y cuatro veces la rentabilidad normal de cualquier inversión sin riesgo son unos ingenuos, no cuela. Y apelar a una supuesta responsabilidad del Estado como causa del resultado de nuestra avaricia, tampoco. En el timo de la estampita, el que ignora la máxima de que nadie da duros a cuatro pesetas anteponiendo la codicia y el engaño a la sensatez y la honestidad, no suele estar bien visto. La doble vergüenza del timado, por necio y aprovechado, ha hecho que la sabiduría popular haya puesto a cada uno en su sitio. No se entiende sin embargo, que las modernas versiones de estos timos no gocen también del acierto con el que el pueblo condena determinados actos. Quizás sea verdad que el café para todos termina anestesiando las conciencias y premiando la holganza.

Ahora, con la subida de tipos, se vuelve a mirar al Estado como la solución a nuestros problemas. El PP de Andalucía quiere que, con cargo a los dineros de todos, se ayude a aquellos que se han endeudado por encima de sus posibilidades. El PSOE tardará poco en entonar un "y yo más". De nuevo se plantea que los comportamientos irresponsables de algunos los paguemos entre todos. Y lo que es peor, quienes nos gobiernan o aspiran a hacerlo prestan oídos a estas voces.

El Estado del Bienestar, algunos de cuyos objetivos comparto, se está prostituyendo. De intentar garantizar la igualdad de oportunidades, una enseñanza gratuita y de calidad, o la protección de aquellos colectivos más desfavorecidos por causas que escapan a su control, se está pasando a imponer la igualdad de resultados, enrasar por debajo el nivel de la enseñanza para que todo el que quiera pueda lucir un título en su cabecera, o pagarles la cuenta a aquellos que viven voluntariamente por encima de sus posibilidades.