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domingo, 21 de febrero de 2016

¡Cómo no se nos habrá ocurrido antes...!

"Si llega, por ejemplo el Estado -fijaos qué fácil sería-, llega el Estado y dice, a no sé cuántos parados, los que sean, pues ahora os voy a dar dinero, tecleando, porque si no te va a decir que no tiene, sería tecleando, teclea dinero..." (Eduardo Garzón, doctorando en Economía y asesor del área de Economia y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid, ha dado con la tecla)





lunes, 15 de febrero de 2016

De la ciencia económica y otras ideologías...

Va a resultar interesante leerle las siguientes entregas a Eduardo Garzón sobre el supuesto mito de la inflación y la creación de dinero.

De momento, en esta primera, afirma que, ante la pregunta de qué pesa más, si un kilo de hierro o un kilo de paja, la gente responde siempre erróneamente por puro fanatismo disfrazado de ciencia. No por ignorancia, no, sino por !fanatismo disfrazado de ciencia! Y que ese mismo fanatismo lleva a afirmar que la creación de dinero genera inflación.

Al parecer, él habitó ese mismo fanatismo durante toda su carrera universitaria defendiendo que la creación de dinero generaba inflación. Hasta que vio la luz al cursar un máster en la Complutense de Madrid.

Según cuenta, allí empezaron a surgirle dudas sobre la relación entre la creación de dinero y la inflación. Por ejemplo, no entendía por qué, si los bancos privados crean dinero cuando dan un préstamo, nadie dice ni escribe que eso crea inflación.

¿Y tras terminar la carrera seguia sin entender eso? Cuando se habla de crear dinero hay que distinguir entre la creación de dinero real por parte de los Estados a través de los Bancos Centrales, que es a lo que vulgarmente se le llama imprimir dinero, y la creación de dinero bancario por parte de los bancos privados. El segundo método de creación de dinero, que es al que se refiere el señor Garzón, no tiene por qué crear inflación por la sencilla razón de que el dinero que se crea con un préstamo bancario se destruye cuando se liquida ese préstamo, creándose y liquidándose millones de préstamos todos los días. A lo mejor no le viene mal al señor Garzón echarle un vistazo a estos dibujitos animados.      

Supongo que le viene bien defender que la creación de dinero sin base real es inocua para la economía y, con ello, justificar que el Estado pueda endeudarse todo lo que necesite pues, con imprimir billetes de vez en cuando, problema solucionado. Cuando la ideología afecta al rigor científico dice muy poco de la honestidad intelectual de quien así actúa. 
Espero con expectación sus argumentos sobre por qué un crecimiento de la oferta monetaria por encima del crecimiento del PIB no crea inflación. Aunque, visto lo visto, no sé yo si este hombre tiene muy clara la diferencia entre base monetaria y oferta monetaria.


lunes, 19 de agosto de 2013

De donde no hay... (LIV)

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ha dicho que "necesitamos examinar si legalmente podemos obligar a los bancos a trasladar ese dinero barato, al menos en parte, a la economía. Por supuesto, en términos favorables". Y ha apostillado que "no podemos permitir que las entidades tomen el dinero a un interés prácticamente cero del BCE sólo para apilarlo o invertirlo en su propio beneficio". Anda que el nivelito que hay también en la burrocracia europea...

A ver, señor Schulz, el negocio principal de los bancos es prestar dinero, y siendo ello así, ¿no cree que antes de decir una tontería de tal calibre deberían ustedes preguntarse por qué no prestan dinero los bancos? Porque a lo mejor no es porque no quieran...

Podría ser porque casi todos estan inmersos en un proceso de desapalancamiento -vamos, de liquidación de deudas-, obligados por el enorme riesgo que reflejan sus balances de cuando concedieron créditos a troche y moche espoleados por el dinero barato del BCE. O también por las nuevas normas de exigencia de capital. O porque no tienen a quién prestárselo con las suficientes garantías de devolución. O porque los Estados no hacen más que pedirles prestado, haciendo más atractivo a los bancos comprar deuda pública -que por cierto, es aceptada por el BCE como garantía para prestarles más pasta...-, que prestarle dinero al mecánico de la esquina; vamos, lo que se conoce como efecto expulsión o, dicho más fino, crowding out.

En cualquier caso, estamos donde estamos, entre otras razones, porque muchos bancos, muchos ciudadanos y muchos gobiernos han sido imprudentes. Los primeros, prestando sin una adecuada política de riesgos y gestionando mal sus balances, unas veces por codicia, y otras por enjuagues políticos. Y los demás, pretendiendo vivir por encima de sus posibilidades.

No es que tenga mucha importancia que al mercado financiero, el más intervenido del mundo con diferencia, pretendan imponerle ahora por ley qué tiene que vender, cuánto tiene que vender y a quiénes. Lo verdaderamente preocupante es que Europa esté gobernada por estos iluminados que ni siquiera se han preocupado por intentar comprender lo ocurrido en los últimos años.

Si el señor Schulz quiere que fluya el crédito en la economía, le apunto un par de ideas: más libertad y menos Estado. ¡A que no hay cojones...!


jueves, 16 de mayo de 2013

Mientras al menos nos quede mortadela...

Hay quienes se niegan a aceptar que la recesión sea el proceso natural tras el desmadre del endeudamiento, como lo es el cólico tras unos días de yantar exagerado. Ya sé que a muchos economistas, más preocupados por que no se les entienda para así parecer más sabios, les jode eso de que algunos de sus colegas ilustremos escenarios macroeconómicos con los comportamientos de una economía doméstica, salvando lógicamente las distancias. Pues que les joda. O mejor, que se jodan.

Cuando una economía ha estado creciendo a base de pedir prestado de manera exagerada, haciendo crecer la economía financiera sin base real, llegará un momento en que esos créditos no estarán respaldados por bienes o servicios que puedan convertirse en dinero para devolver lo prestado. Y entonces las fichas de dominó caen, dejan de pagarse los créditos no respaldados por riqueza real, y la economía financiera tiene que desinflarse para ajustarse a la economía real. Y resulta obvio que durante ese proceso hay que decrecer. Lo contrario significaría que seguiríamos enfermos, que no nos estamos curando.

Cuando una familia se gasta todo lo que gana con su trabajo -no ahorra-, se compra un BMW y una casita adosada en un buen barrio, lleva a sus hijos a colegios privados, contrata un par de chachas y come jamón todos los días porque los bancos le dan todo el dinero que necesita con el único aval de los bienes que compra con esos créditos, esa familia aparenta ser rica, pero no lo es. Su riqueza neta -lo que tiene menos lo que debe-, es muy inferior al valor real de los bienes que poseee, pues debe gran parte de lo que tiene. Mientras pueda pagar los créditos, la bola no se detiene, e incluso podrá seguir endeudándose. Pero si algún día sus ingresos se resienten, como no ha ahorrado y vive al límite, o tendrá que dejar de pagar algún crédito, lo que supondrá entrar en una espiral peligrosa -deja de pagar parte de un crédito, los bancos empiezan a desconfiar de él, dejan de refinanciarle algunos créditos que le vencen, eso supone inclumplir otros créditos, más desconfianza...-, o tendrá que empezar a llevar a sus hijos a un colegio público, cambiar el BMW por un utilitario, mudarse a un pisito y empezar a comer mortadela. En definitiva, tendrá que empobrecerse para ajustar su economía financiera a su economía real. Lo cual tampoco es tan dramático teniendo en cuenta que nunca fue rico y que lo bailao ya no se lo quita nadie.

Algunos plantean que a esa familia se le sigan dando créditos -políticas de estímulo, dinero gratis...-, para evitar la recesión, sin asumir que la recesión es parte de la cura. Otros pensamos que una parte del crecimiento artificial que se ha producido en algunos países, de la riqueza aparentemente creada, debe desaparecer porque sólo existe en los apuntes contables.

De todas formas, siempre nos quedará la mortadela...

jueves, 20 de octubre de 2011

¡Ay, señor, señor, qué cansado es esto...!

No hay quien pueda con el dichoso discursito de que la causa última de la crisis financiera internacional ha sido la falta de regulación de los mercados financieros, el neoliberalismo imperante, el libre mercado...

Quienes inundaron el mercado de hipotecas basura en EEUU, Fannie Mae y Freddie Mac, eran instituciones financieras estatales con instrucciones precisas de los distintos gobiernos, republicanos y demócratas, de que concedieran créditos hipotecarios a espuertas sin el menor rigor. Unos créditos que jamás se hubieran concedido con criterios de libre mercado o, como gusta ahora decir confundiendo churras con merinas, en un mercado desregulado, y que debidamente empaquetadas con el lacito de la garantía que aparentemente ofrece el Estado, intoxicaron a bancos de inversión -¿recuerdan a Lehman Brother?-, y se extendieron por el mundo. ¿Les suenan a ustedes las Cajas de Ahorro españolas gestionadas con criterios políticos y nuestras subprime typical spanish? ¿Es eso libre mercado?

Quienes decidieron, y siguen decidiendo, el tipo de interés y la cantidad de dinero en circulación -los bajos tipos y el exceso de liquidez que alimentaron la burbuja inmobiliaria desde finales de los años 90-, fueron, y son, los bancos centrales, creados y dirigidos por los gobiernos. ¿Recuerdan cómo espoleaba Krugman allá por 2002 a Alan Greenspan -...Alan Greenspan needs to create a housing bubble to replace the Nasdaq bubble-, para crear una burbuja inmobiliaria? ¿Es eso falta de regulación y neoliberlismo?

Quienes llevan algunos siglos permitiendo conscientemente que los bancos creen dinero de la nada, fomentando un crecimiento insano basado en el crédito desmesurado y no en el ahorro real, son los Estados, necesitados de que esos mismos bancos les compren la deuda pública que refinancian una y otra vez en una especie de estafa piramidal para pagar un Estado del Bienestar insostenible. ¿Es eso libre mercado y desregulación?

Pero, refractarios a la evidencia y a los datos objetivos, la progresía de salón sigue diciendo cosas como éstas.




No sé si se trata de una convicción real o aparente, de un discurso tan interiorizado que forma ya parte de su fe o de una impostura para legitimar ese discurso populista y facilón, pero lo que sí sé es que no vamos a salir de ésta con más de lo mismo. Y a los hechos me remito. Más Estado para reconstruir lo que tanto Estado ha destruido no puede ser la solución. No va a ser la solución. No está siendo la solución. El Estado sólo debe intervenir para garantizar el libre mercado, la igualdad de oportunidades en su más amplio sentido y las libertades individuales. Cuando el Estado intenta poner puertas al campo sustituyendo al mercado, sólo crea injusticia, ineficiencia, derroche y, lo que es peor, se le terminan escapando por entre los dedos restos embrutecidos de libre mercado viciado y vicioso -¿qué si no son los mercados negros, la corrupción, el tráfico de influencias, la economía sumergida o la especulación salvaje?-, como una espita que evita que la olla termine de reventar.

Y todo esto que digo se podrá discutir, se podrá cuestionar, se podrá debatir, pero que sea desde la honestidad intelectual. Lo que ahora estamos sufriendo no es el resultado del libre mercado ni del neoliberalismo, sea lo que sea que quiera decir esto último. Al menos no neguemos la evidencia ni la historia, no nos hagamos trampas en el solitario. Como ya dijo el maestro Antonio Machado, el ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve.


domingo, 3 de julio de 2011

Llámenme Alfredo mismamente







¿Que por qué los bancos dieron esas hipotecas? Pues porque el Estado, gestionado por los gobiernos, les permite crear dinero bancario prestando un dinero que no tienen. Porque los Bancos Centrales, dirigidos por los gobiernos, inundaron de liquidez el mercado a tipos de interés artificiales e intervenidos. Porque existía una demanda espoleada por un entorno económico, del que han presumido hasta la obscenidad los gobiernos, que no era más que un espejismo.

¿Que por qué las dieron si sabían que no las podían pagar? Pues porque les daba igual que no las pudieran pagar. Porque los bancos -y sobre todo las cajas, gestionadas por políticos-, cometieron errores. Y los cometieron porque no tenían incentivos para no cometerlos.

¿Que quién tiene más responsabilidad, el que la pide o el que la concede? Pues ambos, señor Rubalcaba. El que la concede, lo hace sobre la base de un ordenamiento jurídico -aprobado por nuestras Cortes-, que le permite apropiarse del inmueble y perseguir los bienes presentes y futuros del deudor hasta la liquidación total de la deuda, de tal forma que si el escenario jurídico hubiera sido distinto en el momento de la concesión de la hipoteca, las condiciones de ésta también hubieran sido distintas. Y el que la pide, lo hace en el uso de su libertad. Ambos asumen riesgos y ambos deben responsabilizarse de ellos.

¿Podemos cambiar las reglas del juego? Por supuesto. Pero deben también explicar ustedes que cambiarlas no es neutro, que produce efectos y que, a lo peor, terminan creando más problemas de los que se pretenden solucionar.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Haciendo historia y creando histerias

Ya me habrán leído más de una vez aquello del dinero bancario surgido de la nada, con las bendiciones y el impulso de los Estados, como una de las causas principales de nuestros problemas actuales.

Pues bien, Steve Baker y Doughlas Carswell, un par de diputados conservadores del Parlamento británico, han presentado a la Cámara una propuesta de reforma financiera verdaderamente revolucionaria y que pretende ir a la raíz del problema: limitar la reserva fraccionaria de la banca. Se trata de cepillarse el perverso sistema sobre el que se ha basado el crédito, y por ende el crecimiento económico, en los últimos dos siglos.

Para comprender el enorme alcance de una propuesta de este tipo es necesario entender el proceso de creación del dinero y su papel en la economía. Hace ya algunos meses les dejé por aquí unos fantásticos videos que lo explican muy bien. Tal vez sea el momento de que los vuelvan a ver, o de que los vean por primera vez o, simplemente, de que pasen de mí hasta la próxima entrada de la taberna. Pero no se me vayan muy lejos.


miércoles, 30 de junio de 2010

De dineros, deudas y otras magias potagias

A lo mejor hoy consigo que entiendan un poco mejor lo que he intentado explicarles en alguna ocasión, a saber, que las reglas de juego de nuestro sistema financiero, buenas o malas, las fijan los gobiernos, y que ellos son los responsables últimos de los excesos que se cometan en ese mercado absolutamente intervenido.

Aquí les traigo cinco videos bastante didácticos que me he encontrado casualmente por la red, de los que les muestro el primero a continuación. Les aviso de que hasta más o menos la mitad del tercero, lo que se cuenta es absolutamente objetivo, pero que a partir de ahí, digamos que pecan de un cierto sesgo doctrinal, lo cual, en economía, es de lo más normal. Véanlos. Si quieren, claro.






domingo, 13 de junio de 2010

La inmoralidad del mercado... ¿de quién?

Se oye permanentemente por ahí que es inmoral que los mercados -sea lo que sea que quieran decir con eso-, chantajeen a los gobiernos. Que los obliguen a tomar medidas que no quieren. Que tengan más poder que los legítimos representantes del pueblo. En fin, que quiénes son los mercados para decidir lo que deben hacer los gobiernos.

Como si una familia que estuviese gastando muy por encima de sus ingresos durante una década, pidiendo créditos al banco para el chalet, los dos coches y el crucero de todos los veranos, sin ahorrar, sin formarse para mejorar en su trabajo, sin tener un plan de contingencia por si acaso, llamara inmoral al banco que ha decidido no prestarle más dinero y quitarle la casa si no cambia inmediatamente el jamón por mortadela y el deportivo por el autobús. ¡Pero cómo se le ocurre decirle qué es lo que tiene que hacer en su propia casa! ¡Será desalmado!

Si los mercados financieros tienen el poder de dirigir las decisiones de los gobiernos es porque esos gobiernos les han concedido ese poder. Ni más ni menos. Permitiendo una expansión monetaria sin precedentes. Pidiendo prestado y derrochando a manos llenas. Mirando para otro lado ante los turbios balances de las entidades financieras y la falta de transparencia de determinados productos que tenían el derecho y el deber de regular. Presumiendo ante los ciudadanos de un espectacular crecimiento del PIB año tras año basado en los mismos pilares que ahora desprecian. Incitando a los ciudadanos a consumir y a endeudarse como si la fiesta nunca fuera a terminarse. Impidiendo con dinero público que el propio mercado se depure. Ayudando a quienes gestionaron mal, desincentivando de paso a quienes lo hicieron bien. ¿Quién es entonces el inmoral?


sábado, 9 de enero de 2010

Disculpen que me repita

Casi todos los días tiene uno que escuchar en el desayuno, en la máquina del café, en el taxi, en la barra del bar, que el origen de la crisis ha sido financiero, lo cual es cierto, y que la culpa de todo la han tenido los bancos y la falta de regulación del sistema financiero, lo cual ya no es tan cierto.

Y claro, uno se pregunta si la gente sabe que la cantidad de billetes y monedas en circulación en el mundo la deciden, en última instancia, los gobiernos, y que no llega ni al 10% del valor del PIB mundial, es decir, que con todo el dinero existente en el planeta no se podría comprar más que el 10% de los bienes y servicios que se producen en un año en el mundo.

O que el porcentaje de los depósitos que los ciudadanos cedemos a los bancos y que éstos no pueden prestar -el llamado técnicamente coeficiente de encaje-, también lo definen los gobiernos y que, siempre que sea inferior al 100% -normalmente está en el entorno del 2%-, permite la creación de dinero bancario basado en meros apuntes contables de promesas de pago y confianza.

O que el tipo de interés y las condiciones a las que los Bancos Centrales prestan dinero a los bancos comerciales, y que influyen de manera decisiva en el tipo de interés de "mercado", lo fijan los gobiernos.

O que los requisitos legales y de solvencia para operar en el sistema financiero, así como la regulación y autorización de los distintos productos financieros los deciden los gobiernos.

Es obvio, por tanto, que las reglas de juego del sistema financiero, el mercado más intervenido del mundo con diferencia, la han fijado los gobiernos: la cantidad de dinero en circulación, los activos financieros comercializables, la información que debería ofrecérsele a los ciudadanos sobre cada uno de ellos, el tipo de interés de los Bancos Centrales, el coeficiente de encaje, la solvencia de las entidades financieras autorizadas por ellos... ¿Falta de regulación dicen? ¿No será que crearon un monstruo que no supieron o no quisieron controlar mientras les vino bien el crecimiento desaforado basado en el crédito fácil y el endeudamiento, que les permitía recaudar impuestos a dos manos y gastarlos a cuatro? No fue un problema de ausencia de instrumentos de control, sino de desidia interesada de nuestros gobernantes para usarlos. De avaricia e imprudencia de banqueros y ciudadanos. De irresponsabilidad y gestión de luces cortas cuando no de falta de luces. De todo eso y algunas cuestiones más, pero desde luego no de falta de instrumentos de regulación, ni de exceso de libre mercado, ni de capitalismo salvaje. Aunque lo diga el propio Bernanke, que ya tiene delito el chiquillo.