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viernes, 20 de julio de 2018

Y lo han vuelto a hacer...

Ya lo hemos comentado por aquí en otras ocasiones. Y no van a parar hasta que ocurra una desgracia. Alguna vez, las empresas de éxito se cansarán y nos dejarán más tirados que una colilla.

A los burócratas de la UE no les gusta la competencia. O mejor dicho, sólo admiten su concepto de competencia. Si una compañía tiene éxito y sus clientes deciden que tenga una cuota de mercado del 80%, a eso lo llama la UE abuso de posición dominante. 

Adviértase que Google no impide que los fabricantes de móviles instalen otros sistemas operativos -no se olvide que Android es de código abierto y que existen otros sistemas operativos-, ni que los consumidores finales elijan móviles con otros sistemas.

¿Es culpable Google porque ofrezca a esos fabricantes un producto gratuito condicionándolo a una serie de requisitos y que los fabricantes lo elijan libremente, pudiendo ellos mismos desarrollar otros sistemas? Pues según la UE, sí. Y así nos va.

jueves, 20 de julio de 2017

Psicoanalizando el neoliberalismo... ¡Toma ya!

Leía el otro día un artículo en el que, si no entendí mal, se hablaba del psicoanálisis como instrumento para explicar y combatir aquellas decisiones de la colectividad que ponen en peligro la propia democracia y el Estado de Derecho. Al parecer, todo se fraguó a raíz de las últimas elecciones presidenciales francesas ante la posibilidad de que Marine Le Pen pudiera gobernar. Desde luego, el asunto invita a la reflexión. El psicoanálisis para alertar de los actos que los ciudadanos realizan contra sí mismos. El problema, como siempre que se reflexiona sobre estas cuestiones, estriba en quién decide lo que es conveniente o no que el ciudadano decida. O piense. O diga.

Pero no era sobre el psicoanálisis sobre lo que quería hablarles -que uno, de lo que no sabe, prefiere escuchar más que hablar-, sino del salto al vacío que da el autor del artículo cuando reprocha a ese movimiento de psicoanalistas que no incluya en su punto de mira al neoliberalismo, ese sistema que aspira a la reducción al mínimo  imprescindible del tamaño del Estado, a la ausencia absoluta de intervención del Estado en la economía, a la supremacía de lo individual frente a lo colectivo. En ese sentido afirma, por ejemplo:

"Mucho se ha escrito sobre el neoliberalismo y sus consecuencias. Las formas de explotación se han refinado hasta el extremo de hacer muy difícil la vida de los sectores menos favorecidos: precarización de los salarios y de las pensiones, ausencia crónica de trabajo, recorte de los derechos sociales, una política suicida de austeridad, pérdida de derechos laborales, endeudamiento del Estado por generaciones, sometimiento de las naciones a los designios de un poder económico no elegido democráticamente, etcétera."

Con más o menos matices, todo lo que afirma es cierto excepto la premisa mayor: que todas esas consecuencias traigan causa del neoliberalismo. Aunque sólo sea porque no existe ni un solo país donde impere tal sistema. Y desde luego, en Europa menos que en ningún otro lugar del mundo.

Es una absoluta barbaridad afirmar que el endeudamiento del Estado por generaciones es una consecuencia del neoliberalismo, pues es una contradicción en sus propios términos. ¿Cómo iba a permitir un sistema neoliberal, deseoso de que el Estado quede reducido a Defensa y Justicia, y poco más, que éste se endeude hasta las cejas para mantener además pensiones, prestaciones por desempleo, sanidad, educación, subvenciones...?

Respecto de la precarización de los salarios, resulta obvio que es una consecuencia de la tremenda crisis económica que hemos padecido. Sobre la política suicida de austeridad -al menos el autor no se ha referido al famoso austericidio, cosa que le agradezco-, sólo hay que ver la evolución del gasto público en los países europeos y el enorme endeudamiento de algunos, como España, durante la crisis para mantener e incluso aumentar el nivel de gasto.

En relación con el sometimiento de las naciones a los designios de un poder económico no elegido democráticamente, la cosa tiene su aquél. No se sabe bien si el autor recrimina que el poder económico no se haya elegido democráticamente o que las naciones estén sometidas al poder económico. Sobre lo primero, no sé qué decir porque, ¿en qué consiste un poder económico elegido democráticamente? Sobre lo segundo, suele ocurrir que uno es tanto menos libre cuanto más endeudado esté con un tercero y la solución es fácil: no endeudarse hasta el punto de llegar al sometimiento. Los gobiernos tienen otras alternativas -gastar menos, subir impuestos...-, y cuando eligen endeudarse para no perder el voto del ciudadano, ¿quién es responsable de que el Estado deudor deba cumplir los compromisos que le impone su acreedor? Pues parece claro que, en principio, quien toma esa decisión política de entre todas las disponibles y, en última instancia, del ciudadano, que amenaza con no votar a quien le recorte su bienestar o le suba los impuestos. Desde luego, no del supuesto neoliberalismo.

También habla el autor en el artículo de lo que Étienne de la Boétie llamó la servidumbre voluntaria, el sometimiento voluntario al discurso del amo -referido a un contexto histórico y político radicalmente distinto-, asimilándolo a un actual sometimiento voluntario del ciudadano a la lógica de un neoliberalismo que, como resulta evidente, ni está ni se le espera y que, de existir en un contexto democrático, muy poco tendría que ver con aquella servidumbe voluntaria de la que hablaba La Boétie. Un sometimiento que, en su caso, de ser realmente voluntario, ¿por qué no debiera ser aceptable y aceptado? Salvo que lo que el autor pretenda plantear es que esa voluntariedad sea sólo aparente, que el individuo no posee libre albedrío. Que cuando decide gastarse 30 o 40 euros al mes en un móvil y en la televisión por cable en lugar de, por ejemplo, ahorrarlos para imprevistos futuros, está siendo una pobre víctima del consumismo sin posibilidad de tomar decisiones alternativas. Pero admitir tal cosa no es más que una manera de infantilizar al individuo y, por extensión, a la sociedad. Es tanto como romper el imprescindible nexo que debe existir entre la libertad individual y la asunción de la responsabilidad derivada de su uso.


sábado, 15 de julio de 2017

Impresentable, pero no imbécil

Resulta que Trump se ha mosqueado y quiere poner aranceles a la importación de aceituna negra española. Dice que las ayudas europeas a sus agricultores permiten exportar este producto a EEUU a precios por debajo de mercado.

Los exportadores españoles de aceitunas de mesa dicen que eso cómo va a ser. Que eso es mentira y que lo que ocurre es que las empresas españolas son muy eficientes y competitivas. Que están preparando la defensa con el Gobierno español, la Comisión Europea y sus abogados para probar que las acusaciones son falsas. Debe ser que es tan mentira, que necesitan al Gobierno y a la UE para defenderse.

Dicen también que las acusaciones de Estados Unidos son muy difíciles de demostrar porque no existen ayudas directas a un sector en concreto y que la medida responde a un criterio proteccionista en línea con las políticas de Trump. No como la UE, que no es nada proteccionista. Ni como el presidente de ASAJA, que se define como un liberal que cree en el mercado. Ni como nuestros agricultores que, ofendidos, retiraron rápidamente la mano cuando les pretendieron dar más de 1.151 millones de euros sólo en Andalucía en la campaña de 2016.

En fin, que no está bien eso de hacerse el ofendido cuando el vecino pretende defenderse con parecidas armas a las que uno usa para atacarle. Que Trump es un impresentable, pero no es imbécil y, de momento, parece que a sumar dos y dos llega.

martes, 27 de junio de 2017

Multando el éxito, subvencionando el fracaso

Esto se veía venir. Otra vez. Y no van a parar hasta que los echen. Ya lo hemos comentado en varias ocasiones por la taberna, pero no me resisto a hacerlo una vez más.

Que la UE, en nombre de una competencia y un libre mercado en los que no cree -como resulta obvio-, multe a Google por atacar, supuestamente, la competencia y el libre mercado y, además, sin utilizar dinero público, es para frotarse los ojos hasta sacarles brillo.

Dice la Comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, que "lo que Google ha hecho es ilegal bajo las normas europeas. Niega a otras compañías la oportunidad de competir en igualdad de condiciones y de innovar. Y lo más importante, niega a los consumidores europeos una verdadera elección de servicios y los beneficios completos de la innovación".

Las afirmaciones de la señora Vestager piden mármol. ¿Se puede saber cómo impide Google que otras empresas innoven y la venzan en su propio terreno? ¿O cómo niega Google a los consumidores la libre elección de servicios? Y mientras, nadie se pregunta por qué en la UE no tenemos empresas como Google, Facebook o Amazon y, por ejemplo, seguimos subvencionando el carbón.

A lo peor, un día de estos, cuando encendamos el ordenador y entremos en Google para consultar nuestro correo o actualizar nuestro blog, nos encontramos con un mensaje que nos avise de que Google deja de prestar en Europa todos sus servicos gratuitos: Gmail, Google +, AdWords, AdSense, Analytics, Blogger, Google Drive, Earth, Maps...

jueves, 15 de junio de 2017

Una clase magistral... de manipulación

Sigo a Eduardo Garzón en Twitter y hoy me he encontrado un tuit suyo que afirma que "mienten quienes dicen que privatizar servicios públicos es más barato que mantenerlos 100% públicos", acompañado de un vídeo en el que pretende argumentar su afirmación y que titula "¿Por qué la gestión directa de los servicios públicos es más barata que la gestión indirecta?". Tras analizar lo que dice en él, me resulta sorprendente que un doctorando en economía cometa errores tan básicos. La única explicación plausible que se me ocurre es que su ideología mediatice sus conocimientos económicos, pues no parece razonable pensar que no ha aprendido casi nada en la carrera.






En el vídeo explica que los servicios públicos municipales pueden prestarse directamente por los Ayuntamientos o indirectamente, a través de empresas privadas o mixtas, y pone sobre la mesa cuatro argumentos por los que, según él, el modelo de prestación directa siempre es más barato que el de gestión indirecta.

El primero de esos argumentos es el beneficio que cualquier empresa privada debe obtener para poder subsistir. Según el señor Garzón, esa necesidad de beneficios, que no tiene el ente público, encarece la gestión indirecta. Y se queda tan pancho. No contempla siquiera la posibilidad de que la concurrencia que se produce -o se debiera producir-, en los procesos de adjudicación de los contratos públicos y los propios incentivos de la gestión privada resulten en una mayor eficiencia que sea capaz de absorber con creces los beneficios, hasta el punto de operar con precios de venta incluso inferiores a los costes de operación del ente público. No digo que necesariamente la empresa privada sea más eficiente, sino que admito esa posibilidad, corroborada por la realidad, circunstancia que el señor Garzón niega implícitamente en su argumento.

El segundo de ellos es el IVA. Se afirma en el vídeo que las Administraciones Públicas no pagan este impuesto, por lo que el servicio prestado sale más barato, mientras que si el servicio público se presta a través de una empresa privada, como ésta paga IVA, resulta más caro. En primer lugar, salvo los supuestos de exención del art. 20 de la Ley del IVA, en términos generales, los entes locales que presten servicios públicos directamente sí pagan el IVA por los bienes y servicios que adquieran para llevar a cabo esa prestación, exactamente igual que una empresa privada. En segundo lugar, aunque fuera cierto que el ente local no pagase IVA -que no lo es-, para la empresa privada el IVA soportado, el que paga, no supone un coste porque es deducible. Por tanto, es una verdadera aberración afirmar que el IVA es una las causas por las que la gestión directa de los servicios públicos es más barata que la indirecta o mixta.

El tercero es el Impuesto de Sociedades (IS). Aquí el argumento resulta realmente kafkiano. En primer lugar, vuelve a negar implícitamente incluso la mera posibilidad de que una mayor eficiencia de la empresa privada sea capaz de absorber, no sólo los beneficios, sino también el IS y ser más barata que el ente público. En segundo lugar, cuando les interesa, dicen que las empresas pagan el 6% de IS y cuando no, que pagan mucho más y que eso encarece el precio. Y en tercer lugar, emplear como argumento que la empresa privada es más cara porque paga impuestos y el ente local no, es hacerse trampas en el solitario, porque esos impuestos revierten de nuevo en el Estado, el mismo Estado que, según Garzón, pagaría más caro esos servicios por culpa del impuesto. En fin...

Y el cuarto es el coste del control por parte del ente público cuando contrata el servicio con una empresa privada. ¿Quiere decir el señor Garzón que cuando el servicio se presta por el propio ente no requiere controles, supervisión o coordinación?

Le ha faltado al señor Garzón el argumento más importante y con el que, además, este tabernero estaría de acuerdo: la corrupción y el capitalismo de amiguetes. Y resulta que ni siquiera lo ha insinuado.

No seré yo quien afirme que siempre y en todo caso, la gestión directa sea más eficiente que la gestión pública, aunque piense que en la mayoría de los casos sea así. Ahora bien, que el señor Garzón afirme que "mienten quienes dicen que privatizar servicios públicos es más barato que mantenerlos 100% públicos", utilizando además unos argumentos que resultan simplemente ridículos, dice muy poco de su rigor como economista.


sábado, 15 de abril de 2017

Del microrrelato y el neoliberalismo totalizador

"La nueva situación ideológica contemporánea, derivada del neo-liberalismo dominante/globalizante/totalizador, que no es otra cosa que la transformación cualitativa del capitalismo triunfante a escala mundial, y que ha empapado de la denominada posmodernidad todos los discursos de la actual crítica cultural, política, económica e intelectual (Harvey, 2008), ha derivado en una triple desconfianza: el, hasta ahora, consolidado estatuto de la realidad; las relaciones e implicaciones entre el lenguaje y la referida realidad, que estaban consolidadas en esa inalterabilidad y, por último, la crisis de los metadiscursos. Esta situación, en el marco literario que es el que nos interesa, ha desarrollado, en líneas generales, un discurso narrativo desideologizado, evasivo y lúdico-hedonista, todo bajo el común denominador filosófico-teórico de la destrucción de la imagen del sujeto [...] Desde estos planteamientos socio-ideológicos se sitúa la expansión y práctica escritural del microrrelato en tanto que texto reflejo de la inconsistencia, relatividad, contingencia, hibridismo e intrascendencia (Ródenas 2008: 8) de esta nueva episteme posmoderna..." (Francisco Álamo Felices, "Poéticas del microrrelato" y en "Espéculo. Revista de estudios literarios")

Pues eso, que estos días de sosiego he leído algunos libros que tenía pendientes desde hace algún tiempo. Entre ellos, uno denominado "Poéticas del microrrelato", de uno de cuyos capítulos he extractado el texto anterior y que, además, he encontrado completo en la red, por si alguien quiere contextualizar el párrafo reproducido. La verdad es que me quedé un poco alucinado. Resulta que el género -o subgénero o simple evolución del cuento, según distintos estudiosos-, del microrrelato es consecuencia del neoliberalismo galopante que ha triunfado a escala mundial.

Si tenemos en cuenta que el microrrelato comenzó a adquirir cierto relieve a partir de finales del XIX y principios del XX, siendo cultivado por autores consagrados de aquella época, fundamentalmente hispanohablantes, no parece que su génesis tenga demasiado que ver con el supuesto neoliberalismo dominante/globalizante/totalizador. Es más, sobre lo que se ha dado en llamar peyorativamente neoliberalismo o capitalismo exacerbado o como quieran ustedes denominarlo con tal de que suene fatal, ya hemos escrito largo y tendido en la taberna. Para negar su existencia, por supuesto. Y si no, ya me contarán ustedes cuándo y dónde ha existido libre mercado o libre competencia exacerbada.

sábado, 5 de marzo de 2016

Hágase la luz...

A veces, muchas veces, demasiadas veces, la ignorancia de nuestros políticos cuando no el ansia de aparentar que protegen a los más débiles, les hacen tomar decisiones que se revuelven contra los pretendidos beneficiados como un boomerang.

Aquel fantástico, a la par que poco leído por lo que se ve -y por lo que no se ve-, ensayo de Frédéric Bastiat denominado precisamente "Lo que se ve y lo que no se ve", cuya lectura ha sido ya recomendada en varias ocasiones por esta taberna, debiera ser libro de cabecera para cualquier político que aspire a organizar la economía a golpe de leyes arbitrarias y aparentemente solidarias. Y también para cualquier ciudadano que aspire reconocer la mercancía averiada antes de adquirirla con ingenuo entusiasmo.

Viene esto a cuento de lo que la alcaldesa de Barcelona pretende hacer con los precios de alquiler de vivienda y, de paso, con la libertad de sus parroquianos: controlarlos. Lo que se ve, que no suban los precios, y lo que no se ve, agravamiento de los desequilibrios que se pretenden solucionar. Y como hay quienes lo explican mejor que yo, ahí llevan un análisis de lo que no se ve. Para que vean.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Ya verán, ya...

Ya verán cómo los que ahora reclaman que el Estado salve a Abengoa de una nefasta gestión, son los mismos que despotricarán después contra el libre mercado tras no permitirle actuar purgando las empresas mal gestionadas. Los mismos que acusarán al libre mercado de socializar las pérdidas tras clamar al cielo que se socialicen a través de la intervención del Estado.

Sí, es una estrategia perversa acusar a alguien de no actuar habiéndole impedido previamente hacerlo. Pero los ciudadanos la compran. ¿Ven como el libre mercado es el diablo?, les dicen una y otra vez. Mientras, el libre mercado hace oídos sordos porque ni está ni se le espera. Demasiados intereses para permitirse el lujo de la libertad.

Este asunto se arreglaría si les dejaran solos. La simple expectativa de que el Estado intervendrá -ya lo está haciendo con sus rotundos mensajes-, incentiva a las partes a no llegar a un acuerdo, a la espera de que otros, los ciudadanos, asuman parte del riesgo y de la posibles pérdidas.

Ya verán, ya... 


miércoles, 19 de agosto de 2015

Esto es la leche...

Los ganaderos del sector lácteo han pedido a la ministra Tejerina que fije el precio de la leche a un nivel que les permita cubrir costes pues, según dicen, la están vendiendo por debajo de sus costes.

La ministra les ha contestado que España tiene una economía de libre mercado y que los precios no se pueden acordar ni pactar porque no lo permite la legislación española ni la comunitaria, pero que no se preocupen, que va a solicitar a la UE el incremento temporal de los precios de intervención de leche desnatada en polvo y mantequilla, y que si no le hacen caso, el gobierno español intervendrá en el mercado con una compra masiva para reducir la oferta y elevar el precio. Y les recuerda que ya se han acordado subvenciones directas a los ganaderos por 247 millones de euros. Pero que vamos, que tenemos una economía de libre mercado en la que los precios no se pueden pactar. Y todo eso lo ha dicho en el mismo sitio, a la misma hora -grande Chiquetete...-, sin siquiera sonrojarse, oigan.

Está clarísimo, señora ministra, que en España y en Europa tenemos una economía de libre mercado. Una economía en la que existen sectores protegidos con precios de intervención, subvenciones directas a la producción y cuotas. Una economía que prohíbe fijar precios, pero permite que el Estado decida a partir de qué precio intervendrá en el mercado para reducir la oferta y que, ahora sí, mediante el juego del libre mercado se incremente el precio. En defintiva, dejamos que el precio fluctúe conforme a las reglas del libre mercado para dar verosimilitud a la pantomima -neoliberalismo y capitalismo salvaje lo llama la izquierda ignorante-, mientras manipulamos las cantidades que se ofertan en el mercado o se subvenciona a los productores para que el precio vaya con absoluta libertad en la dirección que necesitamos. Una economía de libre mercado, sí, señora ministra.

No me digan que esto no es la leche...


lunes, 20 de julio de 2015

Las historias del abuelo cebolleta




"La deuda es una idea preconcebida que además se diseña, se lleva a los países, con la colaboración de las instituciones de la Unión Europea, para ponerles a los países la cadena perpetua de la deuda."

No se puede coger un micrófono en televisión y afirmar sin inmutarse que el endeudamiento de los países forma parte de un maquiavélico plan diseñado al alimón entre especuladores e instituciones europeas, ajeno además a los gobernantes de cada país, para hurtarle la soberanía al pueblo. O sea, que unos malvados especuladores se levantan un día con ganas de joder, se reunen con Merkel y Draghi, y diseñan un diabólico plan para obligar a los Estados a endeudarse y tenerlos después cogidos por las pelotas. Y todo eso contra la voluntad de los ciudadanos y los gobernantes de esos Estados. Porque claro, los gobiernos se resistían con uñas y dientes a gastar más de lo que ingresaban, y los ciudadanos castigaban en las urnas a quienes pretendían hacerlo. 


"Han trasladado la deuda de los bancos a la deuda pública del Estado para que la paguen ahora todos los ciudadanos griegos."

A ver, Cayo, la deuda de los bancos no es deuda pública, es deuda privada. Salvo que se trate de banca pública, ésa que tanto os gusta a los de IU. A lo mejor lo que quieres decir es que los bancos eran tenedores de deuda pública griega -que compraban endeudándose-, y cuando el Estado griego no pudo devolvérsela a su vencimiento a los bancos -y a otros prestatarios, como fondos de inversión o ciudadanos particulares-, la UE le prestó dinero a Grecia para que pudiera devolverla. Pero era tan deuda pública cuando la tenían los bancos como ahora, cuando la tienen las instituciones europeas, con la diferencia de que cuando la tenían los bancos, si no se les devolvía, el Estado griego debía declararse en quiebra, y ahora, las instituciones europeas, esos terroristas financieros, renegocian una y otra vez la deuda para continuar la ficción de que el Estado griego es solvente y le ofrece intereses inferiores al mercado. Y por cierto, la tenían pagar los ciudadanos griegos tanto antes como ahora.


"A este país [España] lo han endeudado los especuladores financieros en el periodo de la burbuja inmobiliaria, que endeudaron por encima de las posibilidades de este país a la gente y ahora hacen que lo paguemos los ciudadanos."

¿Y qué tienen que ver las deudas privadas de los ciudadanos contraídas durante la burbuja inmobiliaria, con la deuda pública que, desde 2007, casi se ha triplicado por decisión de los gobiernos elegidos por los ciudadanos? Se ve que el señor Cayo Lara tiene un pequeño cacao mental con esto de las deudas privadas y las deudas públicas. Incluso el otro día me sorprendió con un tuit en el que afirmaba que una de las asignaturas pendientes de Europa es impedir que los países se endeuden.

Menudo cacao mental tiene este hombre. O quizás no. Y lo peor es que a todos estos demagogos ignorantes les acercan un micrófono y sueltan estas leyendass urbanas que le suenan bien al pueblo, que al pueblo le encanta comprar, porque no hay nada que le guste más al pueblo que el perdón de sus pecados, que le digan que la culpa siempre es de otro, que había un plan preconcebido para subyugarlo pero que, gracias a Dios, hay iluminados que le muestra el verdadero camino.

jueves, 16 de abril de 2015

Un cilicio de seis mil millones...

Resulta que Europa, esa que subvenciona la agricultura, la ganadería o la pesca manipulando el mercado y sus precios, o establece trabas al libre comercio internacional, quiere sancionar en nombre del libre mercado a Google con casi el 10% de sus ingresos. Y todo por ser una empresa exitosa.

Hay quienes no saben distinguir las posiciones de dominio del mercado resultante de prácticas colusorias -cuando varias empresas se ponen de acuerdo para manipular el mercado en su beneficio-, o conseguidas a golpe de leyes impuestas por los  gobiernos de turno, de aquellas otras en las que el propio consumidor, libremente, concede esa posición de dominio a una empresa por la calidad o el precio de sus productos o servicios.

No es la primera vez que se persigue a empresas exitosas en nombre de la libre competencia. Ni será la última. Lo realmente patético es que lo hagan quienes no creen en la libre competencia. Ya saben, aquello de predicar con ardor la fe que uno no practica imponiendo penitencias ajenas con una sonrisa de satisfacción. Un cilicio de seis mil millones. 

domingo, 15 de marzo de 2015

¿Democratizar la economía?

Escuchaba ayer de refilón en una televisión a Ada Colau afirmar, como muchos otros lo hacen desde hace tiempo, que el Estado debe apoyar al pequeño comercio que hoy está asfixiado por unas politicas de liberalizacion que le dan todas las ventajas a las grandes superficies y que están obligando a esos comerciantes a cerrar unos comercios que en realidad necesitan los vecinos.

No me llamó tanto la atención el mensaje -insisto en que es reiterativo de los socialistas de ambos bandos-, como la frase final del argumento, eso de que se trata de comercios que en realidad necesitan los vecinos. Hagamos algunas reflexiones.

Si los necesitaran los vecinos harían uso de ellos. Y si hicieran uso de ellos, serían negocios viables. Y si fueran negocios viables, ¿por qué el Estado habría de protegerlos?

Si el Estado debiera protegerlos sería porque, no siendo negocios viables, su existencia se considerara beneficiosa para los ciudadanos. Pero es el Estado el que decide que son beneficiosos y necesarios para los mismos ciudadanos que, al parecer, ya han decidido que no lo son.

Si el ciudadano decide comprar prioritariamente en las grandes superficies, pero el Estado considera que ésa es una mala decisión, entonces parece que lo democrático es usar el poder que le otorga ese mismo ciudadano para torcer la voluntad de éste. Cuando los ciudadanos usan su voto para elegir a sus representantes son sabios, es democracia. Cuando los ciudadanos toman decisiones económicas libremente, son unos necios, no es democracia.

¿Es a esto a lo que llaman democratizar la economía?


miércoles, 28 de enero de 2015

Sólo eso, ya debiera ser suficiente...

Como decíamos ayer, a los empresarios, a los malos empresarios, no les gusta el libre mercado. Y por eso a mí me encanta...

Así empezaba una entrada de la taberna de hace ya casi dos años. Una entrada que, como casi todas las que escribo, pretendía provocar la reflexión, e incluso la indignación de aquellos que, sin aportar jamás un solo argumento, disparatan contra el libre mercado. Y como otras muchas entradas, se quedó hueca de comentarios. Debo reconocer que me sorprendió, porque con ese título y con la que le estaba cayendo por entonces, afirmar -y argumentar-, que el libre mercado, el culpable de todos nuestros males, es de izquierdas mientras lo vituperaba de hecho la izquierda oficial y lo machacaba de derecho la derecha, dizque liberal, prometía un buen debate que se quedó en eso, en promesa de político.

En fin, que con el mismo leitmotiv de aquella entrada, escribo ésta. La actual Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), antigua Comisión Nacional de la Competencia (CNC), ha sancionado con 98,2 millones a una serie de empresas por trampear el mercado.

La capacidad de la CNMC para vigilar las prácticas colusivas es escasa, yo diría que casi testimonial, pero al menos sirve para recordarnos de vez en cuando, a modo de pepito grillo, que ni a los empresarios ni al poder político les gusta el libre mercado. 

Sólo eso ya debiera ser suficiente para que a los ciudadanos nos debiera encantar.


martes, 13 de enero de 2015

De cautelas cautelarísimas y otros por si acasos...

Una de las definiciones que me parecen más acertadas sobre lo que es la economía colaborativa -ya saben, Blablacar, Airbnb, Uber...-, es la que ofrece la propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que la define como un intercambio entre particulares de bienes y servicios que permanecían ociosos o infrautilizados a cambio de una compensación pactada entre las partes.

Hace algunas semanas, un juez decretó medidas cautelarísimas contra Uber tras una demanda de los taxistas contra ella. Y lo hizo además sin dar siquiera audiencia al demandado, cuestión que nuestro ordenamiento procesal permite, pero de manera excepcional cuando concurran razones de urgencia o cuando dicha audiencia previa pueda comprometer el buen fin de la medida cautelar. No parece el caso.

Esto último no tendría mayor importancia si no fuera porque revela una clara animadversión del poder establecido -político, económico, judicial...-, a los cambios, a las nuevas formas de economía, a la imaginación, a la libertad.

Para enfrentar los supuestos problemas -yo hablaría de oportunidades...-, que genera la economía colaborativa, la solución no pasa por imponer a ésta las restricciones regulatorias de los sectores en los que pretende operar, sino por desregular esos sectores, liberalizarlos. Libertad y poder para los consumidores, no sólo para los políticos o los lobbies, sean éstos taxistas, editores de periódicos o agencias de viajes.

Muchas de las regulaciones actuales, que pretendían solucionar algunos fallos de mercado, como los problemas de información asimétrica -cuando el consumidor no dispone de toda la información sobre la transacción económica que se va a hacer, pero el oferente sí-, o de poder de mercado, no tienen desde hace tiempo ningún sentido. La mejora e inmediatez de la información que pueden proporcionar las nuevas tecnologías a los consumidores, eliminarían o minimizarían muchos de esos fallos de mercado y devolverían el equilibrio de poder a las transacciones económicas entre consumidores y oferentes. Si los dejaran, claro.

La libertad espolea la imaginación. Resulta triste e infantil la actitud de nuestros gobernantes de querer poner puertas al campo y retrasar lo inevitable, desaprovechando entre tanto las bondades de los nuevos modelos de relaciones económicas -mejora de la competitividad, aprovechamiento de recursos ociosos, reducciones de precios, beneficios medioambientales...-, y desincentivando la creatividad de los ya de por sí escasos emprendedores que existen en nuestro país.

Los ciudadanos harían bien en preguntarse -por enésima vez-, por qué el libre mercado tiene tan mala prensa, o a quién beneficia y perjudica su existencia. Incluso por qué, tanto las izquierdas como las derechas, lo demonizan. Sobre todo cuando tocan el poder.


lunes, 5 de enero de 2015

Por si todavía queda algún ingenuo...

"La propuesta de creación de una banca pública por parte de nuestro gobierno parece sugerir que, o se piensa que la valoración del riesgo que hace la banca privada es errónea, o el Estado está dispuesto a asumir riesgos que el mercado ha decidido no asumir"

"Hasta ahora, la competencia entre bancos privados ha demostrado sobradamente que no suelen equivocarse por exceso en la evaluación del riesgo, es decir, asignando a un negocio más riesgo de su riesgo objetivo, sino más bien al contrario. Sólo hay que echar un vistazo a los créditos concedidos a los promotores, sobre todo por parte de las Cajas de Ahorros. Por lo tanto, el incremento del crédito que promete la nueva banca pública sería consecuencia de una política de riesgo mucho más laxa que la de la banca privada, lo que implicaría necesariamente una morosidad muy superior a la del mercado"

Estas cosas escribía este humilde tabernero -sin más mérito que el sentido común-, hace ya casi cinco años, cuando al señor Zapatero se le ocurrió la idea de iniciar una línea de crédito directo a las empresas, ICO-Directo, asumiendo el Estado el riesgo de impago -banca pública pura y dura-, y saltándose la estrategia clásica del ICO, en la que el riesgo de impago lo asumía el banco privado que comercializaba sus fondos.

Pues bien, como era lógico suponer, de los 551 millones de créditos concedidos a través de ICO-Directo, casi 200 millones son de dudoso cobro, un 35% de morosidad. Casi el triple de la morosidad del sistema financiero y seis veces la morosidad del propio ICO. Doscientos millones que habrá que retraer de nuestros impuestos y que si hubiesen sido prestados por la banca privada, hubieran pagado sus accionistas.

Aun así, algunos seguirán defendiendo la banca pública. Dirán que un banco público bien gestionado no tiene por qué incurrir en pérdidas. Pero olvidan que la razón de ser de un banco público consiste en correr riesgos que el mercado no está dispuesto a asumir, proveer de crédito a quien no posee suficiente solvencia para devolverlo, y todo ello, a tipos de interés asumibles por el deudor. ¿Puede estar bien gestionado un banco que actúe bajo esas premisas? ¿Un banco público bien gestionado? ¡Menudo oxímoron!  

Espero que tomen nota la señora Susana y sus ratones coloraos. Y también los andaluces.

sábado, 3 de enero de 2015

Pues yo no lo termino de pillar, oiga...

"Es muy significativo de la buena evolución económica española en 2014 que las matriculaciones de turismos hayan crecido un 18,4%"

Así reza esta mañana un editorial periodístico que continúa diciendo, algunos renglones más abajo, que "hay comunidades en las que nueve de cada diez nuevos coches matriculados por los particulares se han debido al Pive".

Más de 700 millones de euros gastados para sostener la industria del automóvil. Más de 700 millones pagados por quienes no compraron ni piensan comprar un coche. Más de 700 millones que no se dedicaron a inversiones productivas, investigación, sanidad, educación... Más de 700 millones gastados en alterar el precio de las cosas. Más de 700 millones para sostener artificialmente puestos de trabajo en un sector destruyéndolos en otro.

Seguramente será verdad que el incremento de la demanda de automóviles "es muy significativo de la buena evolución económica española". Pero yo no lo termino de pillar...


domingo, 14 de diciembre de 2014

Al menos en lo que queda de fin de semana... Tictac, tictac, tictac

"Democratizar la economía es garantizar que la participación de las empresas y los individuos en el desarrollo económico no dependa de los contactos que se tengan, o de los recursos familiares, sino de la capacidad, creatividad y esfuerzo individuales. Es decir, hablamos de garantizar la igualdad de oportunidades y movilidad social."

"Nuestra apuesta pasa por fomentar la competencia y crear mercados abiertos, poniendo coto a los oligopolios que, en connivencia con los poderes públicos, dominan sectores clave de nuestra estructura productiva."

"Frente a un Gobierno complaciente con los grandes, los socialistas creemos que la defensa de la competencia es un mecanismo para romper intereses corporativos y expandir las oportunidades de crear riqueza. Desafortunadamente, el deterioro institucional y la injerencia en las instituciones que regulan y supervisan la economía de nuestro país, ha llegado a niveles sin precedentes."

"Y no podemos olvidarnos del otro agente fundamental en todo sistema económico: los consumidores. Mejorar sus derechos es forzar a que las empresas se esfuercen más por innovar y mejorar la calidad de sus productos y servicios."

No, no lo he escrito yo aunque parezca un refrito de algunas de mis entradas. Lo ha escrito hoy en la prensa el Secretario de Economía del PSOE, Manuel de la Rocha, en un artículo de análisis titulado "Hacia una economía más democrática".

Por fin me he enterado de lo que quieren decir cuando hablan de democratizar la economía. Vamos, lo que toda la vida de Dios se ha llamado libre mercado e intervención del Estado para garantizar, que no manipular, la libre competencia y la igualdad de oportunidades.

Lo que sigo sin entender es por qué, si el libre mercado ya existe -según el pensamiento único progre, es lo que nos ha traído todos nuestros males actuales-, es necesario ahora tomar todas esas medidas para garantizar la libre competencia y el libre mercado. Pero seguro que algún día me topo con otro artículo en el que me lo explican, en el que, a modo de repentina revelación, descubren que no, que era precisamente la inexistencia de libre mercado y el fomento del capitalismo de amiguetes los causantes de enormes injusticias sociales y de corruptelas e inficiencias en la economía y las instituciones.

Pero en fin, quedémonos de momento con la buena noticia: el nuevo PSOE de Pedro Sánchez también cree que el libre mercado es de izquierdas. Al menos en lo que queda de fin de semana. Tictac, tictac, tictac, tictac...


jueves, 11 de diciembre de 2014

De la libertad sin control... y yo sin enterarme

A uno le preocupa leerle a todo un premio Príncipe de Asturias que "estamos en el colmo de la libertad sin control, sin contrapoder", o que "la libertad sin restricción de los merados ha acabado con el resto de libertades", o que "en los totalitarismos existía la hipertrofia de lo colectivo que sometía al individuo", o que "en la actualidad, la doctrina neoliberal recorta autonomía a la política", o que "el neoliberalismo ha logrado que la soberanía de los intereses esté por encima de la soberanía del pueblo".

Y le preocupa porque le hace sentir a uno marciano. Pero como él es un ilustre pensador y un servidor sólo es un humilde tabernero, lo más probable es que sea él quien tenga razón.

Seguramente sea "la libertad sin control" la que permita a las empresas iniciar sus actividades de un día para otro sin ningún tipo de trabas administrativas, o decidir las condiciones en las que contrata o despide a sus trabajadores, o el nivel de impuestos que pagan.

También es más que probable que "la libertad sin restricción de los mercados haya acabado con el resto de las libertades", porque son los mercados los que imponen a los ciudadanos cuántos impuestos deben pagar, a qué sectores o empresas se subvenciona, cuál es el salario mínimo que deben cobrar, si pueden ir o no un domingo a comprar fruta o un televisor...

Y posiblemente lleve también razón al afirmar que "en la actualidad, la doctrina neoliberal recorta autonomía a la política", como resulta evidente al comprobar que los políticos se gastan cada año casi la mitad de lo que produce el país, o que suben impuestos a su antojo, o que subvencionan precios en los mercados, o que imponen o eliminan aranceles al gusto, o que manejan al poder ejecutivo, judicial y legislativo a su antojo, BOE mediante.        

Ahora bien, lo que me ha descolocado de verdad es eso de que "en los totalitarismos existía la hipertrofia de lo colectivo que sometía al individuo". De lo poco que yo viví el franquismo no recuerdo precisamente que el sometimiento del individuo se debiera a una hipertrofia de lo colectivo. Y de lo leído, tampoco. ¿O acaso se refiere a los totalitarismos de izquierda?

En definitiva, que no sé qué me habría fumado yo cuando escribí todas esas sandeces sobre los pérfidos mercados. Fuera lo que fuera, acabo de ver la luz. Y me ha quedado clarísimo que la culpa de todo ha sido, y es, del neoliberalismo y de la libertad sin restricción de los mercados, que llevan décadas campando a sus anchas. Y yo sin enterarme.


martes, 11 de noviembre de 2014

¡Con dos cojones...!

Lamentable debate, casi una charla de amiguetes, entre Podemos y PSOE.

Por subrayar algo, las contradicciones y mentiras del eurodiputado López Aguilar, que se ha tragado el rosario y lo vomita cuenta a cuenta con los ojos en blanco. Como hacen casi todos, por otra parte.

Pueden ver el debate, por decir algo, íntegro en este enlace. Pero permítanme que les cocine una tapita, ensartando en un pincho, una detrás de otra, tres afirmaciones hechas por el señor Aguilar separadas por apenas unos minutos de conversación.







Primero dice que está en contra de esa política disparatada que ha impuesto la mayoría conservadora, y que ha tenido como consecuencia que en países como España se haya pasado de una deuda del 30% del PIB antes de la crisis, al 100%. Y después se queja de que la Comisión europea ha estado dominada ampliamente por una política austericida. Más allá del erróneo uso del término, ¿cómo es posible que se queje de lo uno y de lo contrario? ¿cómo se puede criticar que los países hayan seguido endeudándose, pasando de un 30% de deuda pública al 100%, y quejarse a renglón seguido de una supuesta política de austeridad? Tienen tan interiorizado el catecismo y tan desordenada la oración, que ni siquiera se percatan de que una política de austeridad jamás habría multiplicado por tres la deuda pública. Lo sueltan con las mismas entendederas con las que uno lee la factura de la luz.

Y lo último es ya de traca. Afirma que no ha sido la política sino la ausencia de regulación de las entidades financieras la causante de la crisis. No una nefasta regulación financiera, no la laxitud de los políticos en la aplicación de esa regulación, no la gestión de los políticos al frente de las cajas, no, sino la ausencia de regulación del sector económico más intervenido del mundo. ¡Con dos cojones...!


domingo, 9 de noviembre de 2014

Miedo me dan sus ocurrencias...

Dice Pedro Sánchez que en los próximos días pondrá encima de la mesa propuestas audaces en el ámbito económico y que aboga, entre otras cosas, por la intervención del Estado en la economía. También dice que durante la crisis económica se ha producido una concentración de poder en pocas manos, poniendo de ejemplos al sector financiero, el energético, el de las telecomunicaciones y todos aquellos sectores que afectan al día a día de los españoles.

¿Dónde ha estado metido este hombre en las últimas décadas? La ausencia de competencia real y de libre mercado durante toda la reciente etapa democrática española ha sido tan evidente, que resulta preocupante que quien pretende liderar la recuperación económica del país atribuya todo eso que dice a la crisis que se inició hace poco más de un lustro. Porque para que la crisis haya sido la responsable de tales consecuencias, la situación previa a la crisis debiera haber sido justo la contraria. Pero, ¿cuándo no ha estado concentrado el poder en unas pocas manos en este país? ¿cuándo ha habido competencia real en el sector financiero, energético, de las telecomunicaciones y en muchos otros?

El Estado lleva interviniendo en la economía desde hace décadas. Y por eso, entre otras razones, estamos como estamos en España y en Europa. ¿Y ahora llega el señor Sánchez a decirnos que la solución es la intervención del Estado en la economía, la democratización de la economía y de la riqueza, sea lo que sea tal sandez, o la limitación de salarios a los altos directivos de empresas privadas?

Dijo el fundador del PSOE, Pablo Iglesias, que “quienes contraponen liberalismo y socialismo, o no conocen el primero o no saben los verdaderos objetivos del segundo”. Otro ilustre socialista, Indalecio Prieto, en una conferencia pronunciada en Bilbao el 21 de Marzo de 1921 titulada "La libertad, base esencial del socialismo", decía cosas como ésta:

"Yo he de decir -ello ha de ser el eje principal de mi disertación-, que soy socialista a fuer de liberal. Es decir, que yo no soy socialista más que por entender que el socialismo es la eficacia misma del liberalismo en su grado máximo y el sostén más eficaz que la libertad puede tener. Soy socialista, fundamentalmente, porque entiendo que sin la plenitud de la libertad económica es imposible que en la vida real se dé la plenitud de la libertad política [...] La libertad política, la libertad humana, no puede tener la amplitud de su inmensa función sin descansar en la libertad económica. [...] Hoy no hay libertad, no puede haberla en toda la extensión del ejercicio de esa inmensa función ciudadana; no puede haberla mientras haya hombres sometidos por inferioridad de sus condiciones económicas a hombres constituidos en una posición privilegiada por razón de su categoría social."

Haría bien este hombre en leer a los suyos...