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viernes, 4 de agosto de 2017

Los zotes del azote o cómo ser tonto y esforzarse en parecerlo

Resulta que el Grupo Parlamentario de Unidos Podemos ha enviado una carta al Ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, el señor Nadal, en la que solicita, entre otras cosas, que la composición de la "Comisión de Expertos sobre escenarios de transición energética" sea paritaria. Ellos mismos la han colgado en Twitter.

Al parecer, todos los grupos parlamentarios, CCOO, UGT y CEOE han propuesto a hombres para representarles en la citada Comisión. Incluido Unidos Podemos, autores de la carta en la que reclama una paridad a la que ellos mismos no contribuyen. Ellos designaron a un hombre, supongo que porque consideraron que era la persona mejor preparada de su organización para ese cometido. Imagino que los demás hicieron lo mismo. 

No me negarán que la cosa tendría su gracia si no fuera porque ilustra bien a las claras las miserias del asunto éste de la paridad. Los mayores defensores de la paridad en todas las instituciones, públicas y privadas, eligen a un hombre. No sabemos si lo hicieron porque era el mejor o porque querían enchufarlo. Como argumentan implícitamente en la carta que eligieron a un hombre porque no sabían que los demás habían elegido también a hombres, cabría concluir que, de haberlo sabido, habrían elegido a una mujer. Y de ahí se deduciría necesariamente que si al hombre lo eligieron porque era el mejor, la paridad provocaría un empeoramiento de la eficacia de la Comisión, en definitiva, de las instituciones u organizaciones. Claro, que si lo eligieron para enchufarlo, a lo mejor la paridad provocaría una mejora de esa eficacia, pero dejaría al descubierto otras miserias de la política a las que hasta estos castos y puros representantes del pueblo también habrían sucumbido

En cualquiera de los supuestos, la carta deja al grupo parlamentario Unidos Podemos absolutamente retratados. Una vez más.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Para muestra del estado de la Nación, tres botones...

Fíjense en los titulares resultantes de una simple búsqueda en Google de esta mañana, cuando ya incluso ayer por la tarde, quienes habían perdido su tiempo en leer la sentencia, tenían bastante clara la cosa. No se puede pretender que se prohíba a los clientes de una empresa en huelga que contrate con otra empresa los servicios que iba a ejecutar con la primera en nombre del derecho de huelga. Y si no se prohíbe tal cosa, entonces es que el Tribunal Supremo es un desalmado y está conculcando los derechos de los trabajadores.





Y así todo. Cada vez que leo un titular y me chirría -sobre todo si trata de alguna cuestión de Derecho o de Economía-, si acudo a la fuente casi siempre resulta que es falso. Y esto es sólo una muestra. Cuando se informa sobre pobreza, brechas salariales, desigualdades, libertad provisional de algún famoso que no está condenado en firme, penas exageradas sin saber una coma de Derecho penal y todas esas cuestiones en las que basta un titular para encabronar al personal que, por supuesto, ni tiene los conocimientos ni el tiempo necesario para verificar todo lo que lee -eso, se supone que lo hace la prensa, ese pilar imprescindible de la democracia como les gusta decirse-, cuando se informa, decía, o se documenta uno y es riguroso o se hace mutis por el foro. En este bendito país, ni lo uno ni lo otro. Y así os va.

Pero no sólo es la prensa, no. Ayer por la tarde contesté algunos tuits -hasta que me aburrí de oscurecer a algunos iluminados-, de gente que también se había subido al carro de la cizaña y el ridículo. Y no se crean que eran unos cualquiera, no. O sí. Un economista y un periodista de los que sale en la tele y todo un señor diputado y economista, que se supone que todos deberían comer de su credibilidad, pero al parecer deben comer de otra cosa. Había más pero, como he dicho, me aburrí. Aquí tienen una muestra gráfica por si hoy empiezan a borrar sus tuits.






En otro orden de cosas, desde hace algún tiempo y por motivos profesionales, estoy pendiente de la tramitación parlamentaria de una proposición de Ley, sobre la que ya hablé por aquí, cuyo plazo de enmiendas finalizaba el pasado 17 de Febrero de 2017 desde el 30 de Diciembre de 2016 en el que se inició. Más de mes y medio para proponer enmiendas a un texto de unas doce líneas. Pues a lo mejor no se lo creen, pero el plazo de enmiendas se ha ampliado ya cinco veces. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Y para terminar, la última muestra de desvergüenza e ineptitud de nuestra presidenta andaluza. Como en esta ocasión no están siendo capaces de manejar la opinión de los ciudadanos respecto de un impuesto -absolutamente injusto, dicho sea de paso-, que en su día aceptaron gestionar, ahora le piden al Gobierno que lo retome y que les compense por ello. Vamos, que recauden otros y le entreguen lo recaudado. Debiera hacerse mirar el PSOE y su posible futura líder sus incoherencias permanentes. No se puede querer un Estado federal sin corresponsabilidad fiscal. Por definición. Aunque después de escucharles a algunos de ellos lo del federalismo asimétrico, todo un oxímoron, uno ya está curado de espanto. 


lunes, 2 de enero de 2017

De titulares, realidades, manipulaciones... y felicidad

Leía hace unos días un artículo en un periódico digital de los considerados serios que me dejó preocupado. "¿Es la deuda de España el 100% del PIB? No. Es el 140%", es el aperitivo con el que abre boca en negrita y a quemarropa. Era tan increíble lo que se decía en él, que al principio pensé que era una inocentada dada la fecha. Pero no, el propio autor se preocupaba de negar al final del artículo que lo fuera.

El artículo es una muestra clara de la ligereza con la que cualquiera, sin la debida cualificación -o, al menos, sin demostrarla-, se atreve a exponer en un medio público, no una opinión, que siempre sería un ejercicio del derecho fundamental a la libertad de expresión, sino una información manipulada, creando opinión y desinformación en los ciudadanos que asumen -sin duda erróneamente- que, quien tiene acceso a escribir en un medio de comunicación o a hablar en una tertulia de radio o televisión, no puede ser un profano en la materia sobre la que escribe o habla y que quien le deja escribir o hablar en él -los propietarios del medio-, no serían tan irresponsables como para permitirlo.

Tan grave me pareció la manipulación y tan evidente la metedura de pata, que decidí hacerle un comentario a su autor para advertirle de su error. En él (comentario #8) le advertía, apoyándome precisamente en uno de los enlaces que el propio artículo aportaba, que estaba cometiendo un error de bulto al asimilar pasivos totales con deuda pública del Estado. El Banco de España (BdE) publica regularmente este informe -también aportado en el artículo-, en el que muestra, por un lado, el total de los pasivos en circulación de las Administraciones Públicas (AAPP) y por otro la deuda pública de esas mismas AAPP calculado según el Protocolo de Déficit Excesivo (PDE), cuya metodología también es explicada por el propio BdE. Resulta llamativo que el propio artículo aporte, para apoyar su tesis, documentos que la refutan.

¿Y qué es eso de los pasivos, la deuda y el protocolo? Se lo explicaré a ustedes con un ejemplo. Las AAPP consiguen dinero para pagar todos los servicios públicos por dos vías fundamentalmente: impuestos y, cuando gastan más de lo que ingresan, pidiendo prestado. Lo habitual es que pidan prestado emitiendo títulos de deuda pública -letras, bonos, pagarés...-, que compran los ciudadanos, las empresas, los fondos de inversión... Por otro lado, del efectivo que posee el Estado conseguido por cualquiera de esas dos vías, concede préstamos a las Comunidades Autónomas (CCAA) y a otros organismos públicos. Además de todo eso, los distintos organismos públicos del Estado suelen hacer operaciones entre ellos, por ejemplo, un organismo determinado que requiere un servicio de otro, tiene que pagárselo, y como no se hace en efectivo, se genera un crédito a favor de quien presta el servicio y una deuda -pasivo-, para quien debe pagarlo.

Pues bien, si calculásemos los pasivos totales del Estado, habría que sumar todas y cada una de las deudas que cada organismo o institución pública tiene, con independencia de a quién se lo deba. Imaginemos que el Estado es una familia y, por ejemplo, las CCAA son los miembros de esa familia. Sigamos imaginando que uno de ellos -pongamos que el padre y así parezco un machista redomado-, pide un préstamo o acepta letras de cambio por 50.000 € a una entidad financiera para mantener el tren de vida de la familia. Imaginemos también que con el dinero obtenido, además de ir pagando la luz, el agua, la comida, etc., hace un préstamo a uno de sus hijos de 10.000 € a devolver en un año. Además, otro de los hijos es carpintero y el padre le encarga que renueve todos los muebles de la vivienda familiar por 7.000 € que le pagarán dentro de seis meses. Finalmente, imaginemos que al padre le tocan 5.000 € en la lotería y decide recomprar a la entidad financiera parte de las letras de cambio que aceptó y guardarlas por si, antes de su vencimiento, tiene que volver a ponerlas en circulación para recuperar efectivo. En ese ejemplo, los pasivos totales de la familia serían la suma de todas las deudas que cada uno de los miembros tiene, con independencia de que se lo deban a miembros de la familia o a terceros, es decir, 67.000 €, resultado de sumar los 50.000 € que debe el padre a los tenedores de las letras, los 7.000 € que le debe el padre a su hijo carpintero y los 10.000 € que le debe su otro hijo al padre. Pero ¿cuál sería la deuda real de la familia, lo que la familia debe? Obviamente, la familia, como conjunto, sólo debe los 50.000 € menos los 5.000 € de las letras que recompró porque se las debe a sí mismo, es decir, 45.000 €. En resumen, los pasivos totales en circulación ascienden a 67.000 €, pero la deuda a 45.000 €.

Se entiende la diferencia, ¿verdad? Pues lo que hace el PDE básicamente -hay algunos matices adicionales pero que no son significativos a efectos del asunto que estamos analizando-, es ajustar el total de los pasivos totales de las AAPP a la deuda real de esas mismas AAPP. Y todo está documentado y es público.  Y lo que hace el señor Bermejo es afirmar que lo que debe España son los pasivos en circulación y no la deuda neta.

Volviendo de nuevo al cruce de comentarios, el autor del artículo me contesta (comentario #83) que las cuentas no las ha hecho él, sino el BdE y que él sólo ha transcrito los datos, lo cual es falso. ¿Por qué? Porque en su transcripción, conscientemente o no, ha manipulado lo que dice el BdE cuando afirma en su artículo que "La deuda total de España (pasivos en circulación) la publica el Banco de España...". En su informe, el BdE distingue claramente los conceptos "pasivos en circulación" y "deuda", mientras que el autor en su artículo los identifica, tal y como le indico en mi respuesta a su comentario (comentario #107). Pero el señor Bermejo insiste (comentario #116) y por supuesto yo también (comentario #121).

Y ahí se quedó la cosa respecto del contenido del artículo. Pero hete aquí que en un intercambio de opiniones que mantiene con otro lector afirma lo siguiente (comentario #140) respecto de lo innecesario del rescate bancario: "Los depositantes tenían garantizados sobradamente sus pasivos con los fondos propios de las entidades. Las rescataron para que los bonistas, accionistas y fondos no perdieran, o minimizaran sus pérdidas de inversión. Fue un espolio en toda regla." Y a continuación esto otro (comentario #149): "Hace tiempo hice un estudio sobre el balance de Bankia 2011 y había de sobra. Lo expliqué en un programa de economía directa. No recuerdo el día. A ver si lo encuentro y se lo enlazo." Y claro, llovía sobre mojado e intervine de nuevo (comentarios #153 y #155 respectivamente).

Como suele ocurrir cuando uno se queda sin argumentos, el intento de debate terminó de un modo algo abrupto por su parte (comentario #160) y yo zanjé la cuestión reafirmándome en mis argumentos y pidiéndole disculpas si en algún momento se había sentido ofendido por mis formas (comentario #169).

Y si todo quedó zanjado, ¿a qué viene esta entrada? Pues viene a que el citado artículo sigue divulgándose en la red como cierto, como sólido, como riguroso. Incluso el propio autor, que parece dispuesto a que la realidad no le estropee un titular populista y dañino, sigue retuiteándolo. Y viene también a que es necesario desenmascarar a quienes hacen afirmaciones gratuitas que, siendo manifiestamente falsas, manipuladas y poco rigurosas, pueden provocar mucho daño si en algún momento son asumidas como ciertas en determinados círculos, desde instituciones europeas hasta fondos de inversión que financian nuestro Estado del Bienestar.

Que conste que no conozco de nada a este señor y que nada personal tengo contra él. Ni siquiera pretendo hacer juicios de valor sobre sus intenciones, tanto en el artículo objeto de esta entrada como en otro que escribió con otros tres colegas en el que se autodenominaban "grupo de profesores y economistas independientes". Simplemente me limito a exponer el debate que tuvo lugar a raíz de aquel artículo para que cada cual, si le apetece, extraiga sus propias conclusiones sobre la credibilidad que le deben merecer los análisis del señor Bermejo cuando de cuestiones económicas se trate. Y no olviden que hay muchos señores Bermejo en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Y después de este ladrillo, les deseo que el próximo año sean ustedes capaces de ser un poquito más críticos con todo lo que leen. Si lo consiguen, seguramente serán menos felices, pero algo más libres. Ustedes eligen.

¡Feliz 2017!


jueves, 31 de marzo de 2016

De donde no hay... (LXIX)



lunes, 12 de octubre de 2015

Todo en orden y cada uno en su sitio

Hoy, cuando leía declaraciones de la alcaldesa de Barcelona o el alcalde de Cádiz -este último, profesor de historia para mayor escarnio de nuestro sistema educativo-, sobre el día de la hispanidad, genocidios, masacres y otras diarreas, me vino a la memoria esta entrada de hace un par de años.

Se ve que todo sigue en orden y cada cual en su sitio. 


miércoles, 5 de agosto de 2015

Pía, pía, que algo queda...

Cada vez me gusta más esto de Twitter. La verdad es que es divertido comprobar cómo gente que aspira a gobernarnos con un discurso de presunta honestidad y rigor, sean rojos o azules a tiempo completo o a ratos, no son más que los demagogos manipuladores de siempre disfrazados de solidarios y sentidos ciudadanos que vienen a salvarnos de nosotros mismos.

El último, el dicharachero y dizque intelectualmente solvente Pablo Iglesias, critica que el gobierno se haya subido el sueldo, "mientras que sanidad sólo recuperará un 3,6% tras el recorte del 35% de 2014". Y como algunas veces borran lo que escriben cuando se dan cuenta de que hacen el ridículo, he decidido dejar una huella indeleble de estas perlas en la taberna con una nueva etiqueta, que aquí no las pueden borrar.




Desconozco de dónde saca Pablo Iglesias sus datos, aunque me lo imagino consultándose cada mañana la entrepierna. ¿Confunde Pablo el gasto del Ministerio de Sanidad con el gasto en sanidad? Lo cierto es que el gasto sanitario no sufrió un recorte del 35% en 2014 sino del 0,21%. Ni siquiera llega a esa cifra el recorte acumulado de la legislatura de Rajoy, pues desde los presupuestos de 2012 hasta los del 2015, el recorte asciende a un 4,4%.

Esos datos pueden comprobarlos, si quieren, en la propia página del Ministerio de Sanidad, algo que, al parecer, no ha hecho Pablo Iglesias. Y algo que tampoco hace habitualmente con los datos que suele soltar cada vez que le ponen un micrófono o un teclado por delante.

Vótenlos, vótenlos. Y ya verán lo que nos vamos a divertir...

jueves, 30 de julio de 2015

Algunos no quieren enterarse... y otros no se enteran

Ayer escribía en un tuit Eduardo Garzón, economista, asesor de IU, miembro del Consejo Científico de ATTAC y hermano de Alberto Garzón entre otros cargos, lo siguiente:

"Algunos no quieren enterarse, pero un € de déficit público es un € nuevo en la cuenta bancaria de una familia o de una empresa. Contabilidad"

Y además, a requerimiento de algún tuitero que le pedía una explicación adicional, contestó con un enlace a un artículo suyo que ofrece una explicación a dicha afirmación. Compleja, añade entre paréntesis. Imagino que lo de compleja debe ser para quitarle a uno las ganas de leerla. De todas formas, por si alguien tiene la misma tentación que yo, aquí la tienen.

Ese documento reproduce análisis teóricos sobre identidades contables de la contabilidad nacional, copiadas de varios economistas, y de una obviedad tal, que sería comprensible por cualquier estudiante de primero de económicas. Viene a decir, poco más o menos, que en una economía cerrada, sin contacto con el exterior, cuando el sector público se endeuda, el sector privado -empresas o ciudadanos-, tiene superávit y viceversa.

Dicho de otra forma. Supongamos un Estado que no se relaciona con otros Estados. Si agrupamos a todos los agentes económicos de ese Estado en sector público y sector privado, resulta obvio que, contablemente, el saldo de ingresos y gastos de cada uno de esos grupos deber ser inverso al del otro. Si el sector público gasta un euro más de lo que ingresa, ese euro sólo puede haber salido de que el sector privado ha gastado un euro menos de lo que ingresa, de que el sector privado ha ahorrado un euro y se lo presta al sector público. Si abrimos la economía de ese Estado al exterior, tendremos un tercer sector, y la identidad contable también debe cumplirse, de tal forma que la suma de los saldos de cada uno de ellos debe ser cero. Si un sector gasta más de lo que ingresa, sólo puede hacerlo porque el ahorro de los otros dos sectores es idéntico a ese déficit.

Por mucho cachondeo que se haya montado en Twitter con la afirmación de Eduardo Garzón, la verdad es que desde el punto de vista contable, su afirmación no es ninguna barbaridad, aunque con ciertos condicionantes, como que ese déficit provenga del ahorro de los ciudadanos y no sea drenado por el sector exterior, o provenga del sector exterior y no sea drenado por los ciudadanos. Así, Garzón concluye que si el sector público tiene déficit, el sector privado, y dentro del mismo, precisamente las empresas, incrementarán sus beneficios. El problema de su planteamiento es la cabriola que hace al final para llegar a esa conclusión, pues el déficit público supone contablemente que bien el sector privado, bien el sector exterior, bien ambos, deben tener un superávit equivalente a aquel déficit, pero no necesariamente que el sector privado, y dentro de él las empresas, sean los que obtengan ese superávit. Eso también lo dice la identidad contable en la que se fundamenta su análisis, aunque él prefiere concluir que el déficit público se encauza siempre hacia el incremento de los beneficios empresariales y nunca hacia el incremento de la renta de los ciudadanos, por ejemplo vía subsidios, subvenciones, rentas varias de inserción, etc.

Así, a partir de igualdades contables incuestionables pretende dar apariencia consistente a unas conclusiones construidas sobre argumentos bastante débiles, subjetivos e ideologizados. Ya el propio título del trabajo, "La importancia del déficit público para la actividad económica", es en sí mismo una declaración de intenciones.

En todo caso, la afirmación que hace Eduardo en su tuit es, como él mismo matiza al final del mismo, contablemente correcta, pero sólo eso y bajo determinadas condiciones. La contabilidad sólo actúa de notario de las transacciones de la economía real. La dinámica de lo que sucede entre los distintos sectores de una economía moderna -sector público, privado y exterior-, se ve reflejada en la Contabilidad Nacional, pero ésta sólo nos cuenta lo que ocurre, no cómo ocurre y por qué.

Hay quienes opinan, como los hermanos Garzón, que los impuestos que recauda el Estado, además de para garantizar la igualdad de oportunidades, deben servir para intervenir en la economía, no sólo regulándola, sino también fijando precios o coartando libertades, o que el Estado debe endeudar a los ciudadanos presentes y futuros para incrementar los beneficios empresariales actuales que es, curiosamente, la tesis central que defiende el documento -"...cabe resaltar el importante papel que desempeña el déficit público en la generación de beneficios empresariales...", dice el autor del panfleto-, para abogar por el déficit público.

Otros, entre los que me encuentro, opinamos que el Estado debe limitarse a garantizar la igualdad de oportunidades en sentido amplio y a regular, que no intervenir, la economía para garantizar la libre competencia en los mercados. Que el Estado, o sea, todos nosotros, se endeude para impulsar artificialmente la economía no es más que una patada a seguir, un crecimiento hueco pagado a crédito por las generaciones futuras, que además adocena y amansa a empresarios y trabajadores mediante el espejismo de que el Estado siempre impulsará el crecimiento económico creando ahora una riqueza ficticia traída de un futuro incierto, riqueza que además ni siquiera se invierte en hacer menos incierto ese futuro.

¿Es más rico un ciudadano con un chalet valorado en 500.000 euros y una hipoteca de 400.000 euros que otro con un dúplex de 200.000 euros y sin hipoteca? ¿Es más rica la España del año 2014, con un PIB y una deuda pública de un billón de euros, que la del año 2007, con un PIB de un billón de euros y una deuda pública de 383.000 millones de euros? Ahí tienen una evidencia empírica de la importancia real del déficit público para la actividad económica que defiende uno de los hermanos Garzón.


viernes, 30 de enero de 2015

Lo que me he reído, aunque sea para llorar...