lunes, 31 de marzo de 2014

De austericidios y etimologías

Como todo el mundo sabe, la consolidación fiscal -esa otra forma de denominar al no gastes lo que no tienes-, se puede conseguir por tres vías. O crujiendo a impuestos al personal para seguir gastando lo mismo o más. O gastando menos manteniendo o reduciendo los impuestos con los que se cruje al personal. O con una combinación de ambas medidas.

Nuestro gobierno hace tiempo que tiene clara la vía a utilizar. Y no lo digo yo, lo dicen su propios datos. Hace ya casi un año que lo conté con cierto detalle. Y hoy vengo a actualizar aquella información con los datos de 2013 para confirmar lo obvio: se consolida el austericidio.

Sí, austericidio. Han leído bien. Porque a diferencia de cómo se entiende ese término en los círculos más progres de nuestro país -aplicación de la austeridad a las cuentas públicas que está llevando al desmantelamiento del Estado del Bienestar, o algo así-, un análisis etimológico de lo más básico aplicado a dicho término, nos lleva a concluir que significa exactamente lo contrario: la muerte o desaparición de la austeridad. Así, el sufijo "-cidio" significa acción de matar, que aplicado al prefijo que lo precede, implica precisamente la muerte de lo que dicho prefijo significa. Así, suicidio significa matarse a uno mismo, filicidio matar un padre o una madre a su propio hijo y, obviamente, austericidio significa matar a la austeridad.

Debo reconocer que cada vez que le oigo esa palabra a Rubalcaba, a Cayo Lara y, en fin, a los progres de pacotilla que en este país son, no puedo evitar una sonrisa. Porque lo que realmente están diciendo es que es el derroche el que se está cargando el Estado del Bienestar, y no, como ellos pretenden decir, que es la austeridad la que lo está haciendo. Desde luego, yo estoy de acuerdo con lo primero.

Aclarado pues el significado de esa palabreja, inexistente en castellano y creada ingeniosa aunque torpemente por nuestra progresía, demostremos a continuación cómo, en efecto, hace ya muchos años que en nuestro país se consumó un austericidio que este gobierno está consolidando.

En primer lugar, mostremos la evolución del número de ocupados y la recaudación por impuestos (pulsen en los cuadros para agrandarlos):


Elaboración propia (Fuente: INE)



Elaboración propia (Fuente: IGAE)


Como se puede comprobar, entre los años 2011 al 2013, la recaudación impositiva no ha hecho más que subir mientras el número de ocupados no ha hecho más que bajar. O lo que es lo mismo, hemos pagado más impuestos entre menos ciudadanos, lo que significa que la presión fiscal, entendida como ya expliqué en su día, se ha incrementado sensiblemente.

Por otro lado, en el cuadro siguiente se puede comprobar cómo la deuda pública a finales de 2013 ascendía ya a más 960.000 millones de euros. En los dos años de gobierno del PP, se ha incrementado en más de un 30%. O dicho de otra manera, el austericidio de esos dos años ha supuesto que nos hayamos gastado 224.172 millones de euros, unos 38 billones de pesetas más de lo que ingresábamos.



Elaboración propia (Fuente: DatosMacro)


Y finalmente, se muestra el cuadro de la evolución del gasto de todas las Administraciones Públicas, en el que se han descontado las ayudas al sector financiero, tal y como se indica en la nota, para reflejar mejor el gasto recurrente de funcionamiento del Estado. Como se puede apreciar, el gasto total en 2013 es similar al de 2012, y muy superior al gasto existente en todos los años anteriores a 2008. El austericidio es evidente.



Elaboración propia (Fuente: IGAE)



viernes, 28 de marzo de 2014

Dudas existenciales (XXXVI)

Quienes consideran que el aborto es un derecho incuestionable de las mujeres sobre la base de que son absolutamente dueñas de sus cuerpos, ¿qué pensarán sobre la posibilidad de que cada cual haga lo que considere oportuno con sus propios órganos?


miércoles, 26 de marzo de 2014

Cuestión de órganos...

Dicen los nacionalistas catalanes que el Tribunal Constitucional es un órgano político. Acabáramos... Se habrán secado el seso para concluir tamaña obviedad.

Nuestra Constitución, y todas las que en el mundo han sido, es una ley política, la ley política por excelencia. Una ley que define los principios por los que debe regirse el Estado y la organización política e institucional sobre la que debe girar su funcionamiento. El Tribunal Constitucional, creado por la propia Constitución, es un órgano político, que reproduce la composición política de nuestro Parlamento y que se dedica a interpretar una ley política. Ni siquiera forma parte del Poder Judicial. Seguramente, el día que explicaron esto en clase de Derecho Constitucional estarían muy ocupados intentando cuadrar las balanzas fiscales. 

Dicho esto, pareciera que lo de menos sean los fundamentos jurídicos de la sentencia, y que el solo hecho de que esta sentencia haya sido dictada por un órgano político la deslegitimara jurídicamente. En fin, seguimos con los argumentos ad hominem, los únicos que enarbolan quienes no tienen otros, exhibiendo así, de paso y sin el más mínimo rubor, una ignorancia real o impostada, que no se sabe cuál es peor. Sobre todo porque si la sentencia hubiera sido favorable a los intereses de los nacionalistas, que el Tribunal Constitucional sea un órgano político les hubiera parecido irrelevante. Como así ha ocurrido en otras ocasiones.

Y vaya por delante que, como llevo diciendo desde hace años, estoy a favor de permitir la consulta en Cataluña.


martes, 25 de marzo de 2014

Invita la casa. Hoy: el Suárez ocultado

Nunca le voté, así que no soy sospechoso. O sí, quién sabe. En cualquier caso, acabo de leer una entrevista que le hicieron a Adolfo Suárez en 1.980 y que nunca fue publicada porque su propio entorno la censuró. Ahora, a pocos días de su muerte y casi siete lustros después, ha visto la luz. Y dice cosas que resultan tremendas por sinceras, por humanas, por actuales.

Dice, en fin, cosas como éstas: 

"Nadie intenta hacer una crítica objetiva de las actuaciones políticas, con independencia del partido que realiza la acción."

"En España está ocurriendo un fenómeno muy grave: las cosas entran por el oído, se expulsan por la boca y no pasan nunca por el cerebro... Casi nunca pasan por la reflexión previa. Pero es un hecho que está ahí; que sucede. Y luchar contra ello es muy difícil... Yo he intentado combatirlo muchas veces... ¡Y así me va!...Así me va... Soy un hombre absolutamente desprestigiado. Sé que he llegado a unos niveles de desprestigio bastante notables..."

"No me apoyaban por ilusiones y anhelos de libertades, sino por miedo a esa confrontación; porque yo los apartaba de los cuernos de ese toro... Cuando en el año 77 se consolida la democracia y las leyes reconocen libertades nuevas, pero también traen aparejadas responsabilidades individuales y colectivas, empieza lo que llaman el desencanto..."

"Tuvimos que aprender que los problemas reales de un país exigen que todos arrimemos el hombro; exigen un altísimo sentido de corresponsabilidad. Y sin embargo, los políticos no transmitimos esa imagen de esfuerzo común.. La clase política le estamos dando un espectáculo terrible al pueblo español."

"La democracia exige a todos una responsabilidad permanente. Si nosotros fuéramos capaces de transmitir al pueblo ese sentido de responsabilidad, si lo tuviéramos perfectamente informado, el pueblo español asumiría todo lo que supone la soberanía ciudadana. Pero le hemos hecho creer que la democracia iba a resolver todos los grandes males que pueden existir en España...Y no era cierto. La democracia es sólo un sistema de convivencia. El menos malo de los que existen."

Dice hoy la periodista entonces censurada al final del artículo, que reconoce que un presidente no podía ser públicamente tan sincero. Aceptar eso es tanto como admitir la inmadurez de los ciudadanos para asumir que los políticos son personas, tan brillantes o imperfectas como nosotros. Tanto como admitir la inmadurez para votarlos tras descubrir sus luces y sus sombras, las mismas que todos arrastramos a lo largo de nuestras vidas. Aunque quizás, lamentablemente, tenga razón esa periodista...

No, nunca le voté. La primera vez porque no tenía edad. Después, cuando la tuve, porque no pude leer esta entrevista no publicada.

Pero la entrevista dice otras muchas cosas. Léanla, léanla. Si quieren, claro.

Descanse en paz.


Unos cardan la lana y otros se llevan la fama...

Esta mañana escuché en la radio la campaña del IRPF de este año de la Iglesia Católica. No sé si también lo dijeron en campañas anteriores, pero lo cierto es que no lo había escuchado hasta hoy. Me refiero a la coletilla del anuncio, en la que afirman, tras animar a los contribuyentes a marcar la X a favor de la Iglesia, que "no tendrás que pagar más, ni te devolverán menos".

Por fin dicen toda la verdad, aunque sea de forma algo ladina e interesada, todo hay que decirlo. Hasta no hace mucho, el mensaje de la Iglesia a este respecto era que no es el Estado sino los contribuyentes que marcan la famosa X quienes financian a la Iglesia, a los que animaba y agradecía ese gesto. Ahora, ya reconocen que quien marca la X no paga más impuestos que quien no la marca. Y esto significa al menos dos cosas.

La primera, que piensan que si no se les dice a los feligreses que financiar a su Iglesia no les cuesta un euro, la mayoría no estarían dispuestos a soltar la mosca. Lo que dice muy poco del concepto que la propia Iglesia tiene de los suyos.

Y la segunda, que cuando los contribuyentes marcan la X, ese dinero lo pagamos a escote entre todos, entre los que la marcan y entre los que no la marcan. Porque sólo así sería posible que los primeros no paguen más que los segundos. Salvo que se trate de un milagro, claro.


domingo, 23 de marzo de 2014

¿Democracia asamblearia? Quita, quita...

Es leer el manifiesto de la denominada "Marcha de la dignidad", y quitársele a uno las ganas de defender la democracia asamblearia, que es al fin y al cabo lo que propugnan: que decida el pueblo a mano alzada en la plaza pública. El mismo pueblo enfermo de sectarismo que vota en Andalucía a la izquierda corrupta o en Valencia a la derecha cleptómana.

¡Que decida el pueblo en la calle, que levanten la mano y voten! A ver, ¿quién quiere que no se pague la deuda? ¿y quiénes que no se recorte el gasto y que se vayan los gobiernos que no hacen lo que creemos que queremos? Venga, levantad vuestras manos, ¿queréis que haya pan, trabajo y techo para todos? ¿Y para todas? Pues hala, hágase la luz y multiplínquense los panes y los peces.

Sin duda, una parte del manifiesto, el que se dedica a describir las consecuencias de las políticas seguidas por los distintos gobiernos de las últimas décadas, es bastante certera: millones de parados, corrupción, desahucios, rescates bancarios con dinero público, universitarios emigrando... Pero no hay que ser un lince para describir la situación. Basta con observar. Así que tampoco es para tanto.

Sin embargo, todas esas precupantes realidades no son más que el resultado de la enfermedad que ha venido padeciendo este país: el paternalismo estatal.

¿Que una empresa o sector no es competitivo y su cierre provocaría miles de despidos? Tiremos de caja y hagámoslo competitivo con las subvenciones que hagan falta. ¿Que el Estado necesita pasta? Dejemos que los Bancos Centrales y la banca comercial creen dinero artificial para prestárselo a manos llenas ¿Que todos quieren que sus hijos tengan un título universitario porque sus padres no pudieron tenerlo? Pongamos una Universidad -o dos, o tres-, en cada provincia y decenas de facultades en cada una de ellas, bajemos el nivel de exigencia académica de todo el sistema educativo y marginemos la Formación Profesional, que es cosa de obreretes, como me dice con cierta guasa un querido amigo.

Que los manifestantes se quejen del resultado de tanto Estado y tanto neoliberalismo, exigiendo precisamente más Estado y demonizando un libre mercado que ni siquiera ha existido, no deja de ser paradójico y una clara muestra de la incapacidad de análisis de unos manifestantes que siguen sin mirarse al espejo. ¿O es que no ha sido suficiente Estado el que se ha endeudado en casi 600.000 millones de euros -¡casi 100 billones de pesetas!-, en los últimos diez años, y subiendo, para que nuestros nietos y los nietos de nuestros nietos paguen toda la fiesta? ¿O es que se puede llamar libre mercado a todo esto?

¿Que la indignación está justificada? Sin ninguna duda, porque hay millones de ciudadanos que las están pasando canutas. ¿Que la solución sea más de lo mismo, o sea, más Estado liberticida e intervencionista? Pues qué quieren que les diga. Vistos los resultados de esa receta, quizás convendría dar alguna oportunidad a la libertad y dejar que el Estado se dedique a lo que se tiene que dedicar: garantizar esa libertad y una igualdad de oportunidades sin trampas ni atajos para todos los ciudadanos.


sábado, 22 de marzo de 2014

Menuda película...

Dicen los de la industria del cine que "en 2012 el Estado ha concedido ayudas al cine por 41 millones de euros, y la industria del cine ha pagado simplemente en IVA 102 millones. Es decir, por cada euro que ha dado el Estado, la industria le ha dado dos"

En primer lugar, una cuestión de orden. La industria del cine no ha pagado 102 millones, sino que los han pagado los ciudadanos. Los mismos ciudadanos que han pagado también los 41 millones de subvención.

En cualquier caso, el frutero de mi barrio, por cada cero euros que recibe del Estado, le ha devuelto varios miles en el año 2013. Y lo mismo se podría decir del fontanero, del panadero, del peluquero, del dentista...

Que cada cual saque sus conclusiones...


viernes, 21 de marzo de 2014

De lo mínimo y otras grandezas...

De las muchas definiciones, reflexiones, análisis, consejos, opiniones,... que he leído sobre lo que debe ser un microrrelato, este decálogo me parece especialmente interesante. Y no sólo porque orienta bastante bien a quienes quieran iniciarse en este fascinante género literario como autor, que también, sino fundamentalmente porque aporta una buena perspectiva a quienes se inician en su lectura.

Se trata de un género relativamente moderno -algunos ni siquiera lo consideran género-, y que contiene unas claves de lectura que no son las habituales. Todos sabemos leer una novela. O creemos saberlo. Pero a quienes se enfrentan por primera vez a la lectura de un microrrelato, en el mejor de los casos, les suele crear una cierta desazón no terminar de captar el fondo, e incluso la forma, de lo que su autor quiere transmitir. Y en el peor, pasan por encima de él pensando en lo a gusto que se habrá quedado su autor escribiendo tamaña chorrada.

Es cierto que hay verdaderos bodrios de microrrelatos circulando por ahí. Y que además son muy abundantes. Es lógico. Resulta infinitamente más fácil escribir un mal micro que una mala novela, aunque sólo sea porque esta última requiere al menos el esfuerzo de escribir más de un centenar de folios. Para encontrar un micro verdaderamente brillante, es necesario -y yo añadiría que imprescindible-, leer decenas de ellos. Y de entre esas decenas, seguramente más de la mitad serán verdaderas chorradas, ocurrencias de barra de bar, malos chistes reconvertidos a pretendida literatura.

Pero cuando se encuentra una joya... ¡Ay, cuando se encuentra! Entonces es un pellizco en el estómago, una explosión, que compensa la lectura de tanta mediocridad. Y merece la pena estar preparado, entrenarse a conciencia, para reconocerla y no pasar por encima de ella como una más.

Y por eso he pensado que sería una buena idea traer aquí este decálogo:


    Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

    Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

    Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

    Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

    El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

    Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

    Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

    Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

    Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

    Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.



Ahora que ya intuyen al menos por dónde deben empezar a buscar la brillantez, ¿quieren ejemplos de esas joyas a las que aludía antes para que puedan empezar el entrenamiento, para que puedan iniciar la educación de su paladar? Pues echen un vistazo aquí o aquí.

Que les aproveche.


¡Manque pierda...!

Cuando despertó, el Sevilla todavía estaba allí...

Enhorabuena al Sevilla por haber ganado. Y enhorabuena a mi Betis por no haber perdido.


miércoles, 19 de marzo de 2014

Cosas de esta España nuestra...

Las opiniones ajenas deberían ser dignas de tenerse en cuenta o no, en sí mismas consideradas, por los argumentos que las sostengan, y no por las opiniones que nos merezcan quienes las manifiesten. Lo contrario, muy habitual por cierto en éste nuestro bendito país, no es más que sectarismo y miseria intelectual. Otros, los pijos del verbo, lo llaman argumento ad hominem.

Viene esto a cuento de que hoy escuchaba a un periodista criticar al ex juez Baltasar Garzón, no por lo que éste sostenía sobre un determinado asunto, sino en función de que fuera condenado en su día por un delito e inhabilitado como juez. Al parecer, eso le incapacitaba para opinar.¡Ay, cuánto fascista de uno y otro lado bajo el inocente ropaje de demócrata...!

A uno, que ha sido muy crítico con el señor Garzón, no le duelen prendas en reconocer que, en esta ocasión, está de acuerdo con él. ¿Que de qué hablaba? Pues de la barbaridad que ha hecho el PP -otra más-, con el asunto de restringir la justicia universal, ya saben, ese principio internacional que permite a los tribunales españoles -y a los de otros países medianamente civilizados que hayan suscrito algún tratado internacional que contemple dicho principio-, perseguir determinados delitos especialmente graves con independencia del lugar en el que se hayan cometido.


jueves, 13 de marzo de 2014

Disculpe que le corrija señor ministro...

"Este Gobierno no ha concedido ni un solo indulto por asuntos de corrupción" (El ministro Gallardón, con la memoria flaca y la vergüenza olvidada, 12/03/14)

Siento estropearle la fiesta al ministro, pero es que me provocan...