domingo, 27 de marzo de 2016

De leyendas urbanas y otras ignorancias

Ayer escuché varias veces en una tertulia televisiva a un miembro de Podemos, el señor Ramón Espinar para más señas, afirmar que más de la mitad del PIB corresponde a rentas del capital y que, sin embargo, tres de cada cuatro euros de ingresos públicos proceden de las rentas del trabajo. Lo dijo Espinar como lo podía haber dicho, y de hecho lo dicen, Pedro Sánchez el intermitente, alguno de los hermanos Garzón o cualquier sesudo informe de CCOO o UGT.

Ya sabemos que usar la Contabilidad Nacional para apuntalar la clásica cantinela marxista de la explotación del trabajador a manos del malvado empresario vende mogollón, pero de quienes llegan a la política pretendiendo exhibir decencia, transparencia y rigor cabría esperar algo más de todo eso de lo que presumen. O al menos de aquello último.

Empecemos con un poco de culturilla macroeconómica en la que intentaré no ser demasiado técnico ni aburrir en exceso al personal, pero que es imprescindible para entender la falsedad de esa afirmación sobre el reparto de la tarta del PIB entre asalariados y propietarios del capital. El PIB es el valor final de todos los productos y servicios que se producen en un país por sus residentes en un determinado periodo de tiempo, normalmente un año. Puede expresarse en diversas unidades, aunque lo normal es que se haga a precios de mercado, y puede calcularse por distintas vías.

Por la vía de la demanda, sumando el consumo privado, las inversiones, el gasto público, las exportaciones y restando las importaciones. De esta forma, todo lo que se haya producido en el país, o lo han comprado los consumidores finales -familias, administraciones públicas...-, o lo han comprado las empresas -inversiones en equipamiento, bienes inmuebles, existencias no vendidas...-, o lo hemos exportado a otros países. Pero como también hemos comprado bienes y servicios no producidos en el país, para el cálculo final debemos restar del consumo total esos bienes y servicios, es decir, las importaciones.

Por la vía de la oferta, es decir, calculando el valor final de lo que se ha producido en cada uno de los sectores productivos.

Y finalmente, por la vía de la distribución de rentas, es decir, comprobando a quiénes han ido a parar los ingresos procedentes de la venta de esos bienes y servicios: asalariados, empresas e impuestos netos indirectos.

Obviamente, el resultado final debe ser el mismo con independencia del método que empleemos, pues la diferencia entre usar uno u otro radica únicamente en que se nos muestra una fotografía del mismo objeto tomada desde distintos ángulos.

La afirmación que hacía el señor Espinar en ese debate se refería precisamente a esta última forma de presentar el PIB, que para 2014 arrojó los valores del cuadro. Pueden consultar el PIB, calculado por los tres métodos y para varios años aquí.




Como se puede ver, lo que el señor Espinar denomina rentas del capital o beneficios -después veremos que el excedente de explotación bruto no se corresponde con las rentas del capital-, no sólo no supone más de la mitad del PIB, sino que ni siquiera llega al 43%. Ojalá fuera ese el único error cometido, pues en tal caso no pasaría de ser un pequeño error de cálculo que no invalidaría sus conclusiones de que las rentas del capital no pagan suficientes impuestos. Pero no, su error va más allá porque es un error de fondo, de concepto, de ignorancia o, en su defecto, de indecencia y deshonestidad intelectual.

¿Y por qué? Porque las rentas del capital, los beneficios de las empresas, no coinciden ni de lejos con el excedente bruto de explotación. Lo que en la Contabilidad Nacional se denomina "Excedente de explotación bruto/Renta mixta bruta" es la suma, entre otros conceptos, de los beneficios de las empresas -que es la magnitud a la que se pretendía referir el señor Espinar y todos los que, como él, ignoran o manipulan los datos-, más los intereses que deben pagar los empresarios por los préstamos recibidos, más las amortizaciones de sus bienes de equipo o consumo de capital fijo, más los beneficios de las empresas públicas, más las rentas imputadas a los propietarios de viviendas -sí, han leído bien, el PIB incluye el valor teórico de autoalquilarse la propia vivienda-, más los ingresos de los autónomos...

Por tanto, si queremos comparar renta de los asalariados y renta de los empresarios, no podemos usar directamente la magnitud que figura en la Contabilidad Nacional como "Excedente de explotación bruto/Renta mixta bruta", en adelante EBE, sino que habrá que corregirla restando todo lo que no es renta empresarial.

¿Y eso cómo se hace? Buena pregunta. Sobre todo teniendo en cuenta que el EBE no se calcula midiendo cada uno de sus componentes por las dificultades de su medición, sino por diferencia entre el PIB y las otras dos magnitudes -remuneración de asalariados e impuestos netos sobre la producción-, que sí son fácilmente medibles. Hay quienes estiman el consumo de capital fijo en unos 200.000 millones y las rentas de alquiler imputadas en unos 100.000 millones, lo que arrojaría una cifra de unos 146.000 millones, más próxima ya a los beneficios empresariales, pero de la que habría que restar aún las rentas de los autónomos, los beneficios de las empresas públicas y últimamente las actividades de prostitución o drogas, entre otras magnitudes. Es probable, pues, que los beneficios empresariales no superen el 13% del PIB.

Podríamos realizar otros ejercicios teóricos para aproximarnos al cálculo de los beneficios empresariales partiendo de otras fuentes de datos, como la Central de Balances del Banco de España, la Agencia Tributaria o multitud de trabajos de investigación de especialistas en la materia, pero uno de los objetivos de este artículo -demostrar que los beneficios empresariales están muy lejos de suponer más del 50% del PIB-, ya se ha cumplido con creces, así que no merece la pena seguir aburriendo al personal con más datos.

Otra de las leyendas urbanas que también conviene desmentir es que las rentas del capital están sometidas a un tipo impositivo menor que las rentas del trabajo, afirmación que casi siempre acompaña al discurso anterior con la intención de demonizar al empresario y santificar al trabajador. Esta leyenda se alimenta del erróneo y permanente runrún de que los beneficios empresariales sólo son gravados por el Impuesto de Sociedades, olvidando que tales beneficios son gravados dos veces, una con el citado impuesto, y otra con el IRPF, cuando los beneficios que restan tras el pago del Impuesto de Sociedades son repartidos a los accionistas. Ilustrémoslo con un sencillo ejemplo.

Imaginemos una pequeña empresa que facture 500.000 euros al año con un beneficio neto antes de impuestos de 25.000 euros. Esa empresa pagará por impuesto de sociedades 6.250 euros, suponiendo un tipo nominal del 25% y sin otras deducciones. Si los accionistas quieren retirar esos beneficios, pagarán a su vez por IRPF un 21% de los 18.750 euros restantes, es decir, otros 3.937,5 euros. El resultado es que el empresario ha pagado por las rentas empresariales obtenidas un 40,75%. ¿Algún asalariado con unos ingresos brutos de 25.000 euros al año paga un 40,75% de IRPF?

No sé cuántos habrán llegado hasta aquí y lamento realmente que sean necesarios tantos párrafos, tantas palabras y tantos datos para desmentir lo que con tanta facilidad, apenas dos frases, cala en el imaginario colectivo.

La culpa no es el ciudadano, que no tiene por qué convertirse en un especialista en Economía o en Derecho, sino de la indecencia intelectual de nuestros políticos. Ayer era el señor Garicano, hoy el señor Espinar y mañana será cualquier otro.

En cualquier caso, me conformo con que este tipo de entradas consigan que algunos de los parroquianos que me leen sean críticos por principio con las cosas que les escuchan a nuestros políticos, que no se las traguen sin contrastarlas con otras fuentes, porque el sectarismo es una de las peores enfermedades de nuestra democracia.


miércoles, 9 de marzo de 2016

De la política y otras enfermedades de transmisión intelectual

Cuando uno escucha a un economista que echó los dientes en un determinado partido, léase los hermanos Garzón sin ir más lejos, uno sabe ya a qué atenerse. Pero cuando un economista, hasta hace bien poco brillante e independiente, se pone al servicio de una ideología y está dispuesto a manipular la realidad para defenderla, uno empieza a pensar que para entrar en política debe ser requisito indispensable dejarse la honestidad intelectual colgada del perchero antes de salir de casa.

Que conste que no se es peor ni mejor economista por defender que se deben subir o bajar los impuestos. No, no es eso lo que me parece indecente, sino mentir para justificar una u otra postura. Y hacerlo a sabiendas. Porque quien ha dicho lo que ha dicho sabe perfectamente que es mentira que las empresas que hacen operaciones internacionales estén pagando un 5% de impuestos. Hasta tal punto lo sabe, que ha matizado, como quien no quiere la cosa, que las que pagan eso son aquellas que hacen operaciones internacionales.

"Los impuestos españoles son unos impuestos con unos tipos muy elevados pero con muchísimos agujeros. Son como un queso gruyer en los que al final termina pagando una empresa grande con operaciones internacionales un 5% cuando el tipo es cinco veces mayor". Eso dijo ayer el señor Garicano en una entrevista radiofónica que pueden escuchar entera aquí.

Pues no, señor Garicano, usted sabe perfectamente que las grandes empresas internacionales no pagan un 5% en el Impuesto de Sociedades. Y además, no es necesario mentir para defender una subida del tipo efectivo, que yo no comparto, pero cuyo planteamiento es legítimo. Claro, que es posible que la política le fría a uno las neuronas e incluso la honestidad. A lo mejor no le vendría mal echarle un vistacillo a lo que contábamos por la taberna el verano pasado. Que uno no da clases en la London School of Economics, pero tiene su puntito...


sábado, 5 de marzo de 2016

Hágase la luz...

A veces, muchas veces, demasiadas veces, la ignorancia de nuestros políticos cuando no el ansia de aparentar que protegen a los más débiles, les hacen tomar decisiones que se revuelven contra los pretendidos beneficiados como un boomerang.

Aquel fantástico, a la par que poco leído por lo que se ve -y por lo que no se ve-, ensayo de Frédéric Bastiat denominado precisamente "Lo que se ve y lo que no se ve", cuya lectura ha sido ya recomendada en varias ocasiones por esta taberna, debiera ser libro de cabecera para cualquier político que aspire a organizar la economía a golpe de leyes arbitrarias y aparentemente solidarias. Y también para cualquier ciudadano que aspire reconocer la mercancía averiada antes de adquirirla con ingenuo entusiasmo.

Viene esto a cuento de lo que la alcaldesa de Barcelona pretende hacer con los precios de alquiler de vivienda y, de paso, con la libertad de sus parroquianos: controlarlos. Lo que se ve, que no suban los precios, y lo que no se ve, agravamiento de los desequilibrios que se pretenden solucionar. Y como hay quienes lo explican mejor que yo, ahí llevan un análisis de lo que no se ve. Para que vean.


viernes, 4 de marzo de 2016

Dudas existenciales (XXXVII)

Que la infanta Cristina se niegue a contestar las preguntas que le haga cualquiera que no sea su abogado no dice demasiado de su inocencia. Tiene derecho, sin duda. Como cualquier otro ciudadano acusado de un delito. El problema es que ella no era cualquier otro ciudadano, aunque con su actitud lleva camino de convertirse en una cualquiera. ¿Acaso no tiene respuestas para las preguntas que le pudieran hacer? ¿A qué tiene miedo si es inocente? ¿O es que es culpable? Si lo es, se entiende su estrategia. Si no lo es, no es más que otra torpeza.


jueves, 3 de marzo de 2016

De la intención colectiva y otras gilipolleces

Uno escucha continuamente a los dirigentes políticos afirmar, casi siempre tras unas elecciones, que los votantes han querido que no haya mayorías absolutas y que han lanzado un mensaje claro en ese sentido. Como si los votantes fueran dueños de una materia gris y una voluntad colectivas. Pero sólo hay que preguntar a cualquier votante de cualquier partido si cuando votó, lo hizo con la intención de que su partido no obstuviese mayoría absoluta. 

Pues eso.


viernes, 26 de febrero de 2016

Con la cara lavada y recién peiná...

Esta tarde hablaban en un programa de televisión sobre las nefastas consecuencias del austericidio que hemos sufrido en el último lustro y me he acordado de que hacía tiempo que no la aseaba, la peinaba, la sacaba a dar un paseo y le hacía un foto bien emperifollada. A la deuda pública me refiero, claro.





Ya ven lo bien que le ha sentado el austericidio y lo hermosa que se ha puesto. Por cierto, no me resisto a dejaros por aquí uno de los mejores tuit que he leído en los últimos años.




domingo, 21 de febrero de 2016

¡Cómo no se nos habrá ocurrido antes...!

"Si llega, por ejemplo el Estado -fijaos qué fácil sería-, llega el Estado y dice, a no sé cuántos parados, los que sean, pues ahora os voy a dar dinero, tecleando, porque si no te va a decir que no tiene, sería tecleando, teclea dinero..." (Eduardo Garzón, doctorando en Economía y asesor del área de Economia y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid, ha dado con la tecla)





lunes, 15 de febrero de 2016

De la ciencia económica y otras ideologías...

Va a resultar interesante leerle las siguientes entregas a Eduardo Garzón sobre el supuesto mito de la inflación y la creación de dinero.

De momento, en esta primera, afirma que, ante la pregunta de qué pesa más, si un kilo de hierro o un kilo de paja, la gente responde siempre erróneamente por puro fanatismo disfrazado de ciencia. No por ignorancia, no, sino por !fanatismo disfrazado de ciencia! Y que ese mismo fanatismo lleva a afirmar que la creación de dinero genera inflación.

Al parecer, él habitó ese mismo fanatismo durante toda su carrera universitaria defendiendo que la creación de dinero generaba inflación. Hasta que vio la luz al cursar un máster en la Complutense de Madrid.

Según cuenta, allí empezaron a surgirle dudas sobre la relación entre la creación de dinero y la inflación. Por ejemplo, no entendía por qué, si los bancos privados crean dinero cuando dan un préstamo, nadie dice ni escribe que eso crea inflación.

¿Y tras terminar la carrera seguia sin entender eso? Cuando se habla de crear dinero hay que distinguir entre la creación de dinero real por parte de los Estados a través de los Bancos Centrales, que es a lo que vulgarmente se le llama imprimir dinero, y la creación de dinero bancario por parte de los bancos privados. El segundo método de creación de dinero, que es al que se refiere el señor Garzón, no tiene por qué crear inflación por la sencilla razón de que el dinero que se crea con un préstamo bancario se destruye cuando se liquida ese préstamo, creándose y liquidándose millones de préstamos todos los días. A lo mejor no le viene mal al señor Garzón echarle un vistazo a estos dibujitos animados.      

Supongo que le viene bien defender que la creación de dinero sin base real es inocua para la economía y, con ello, justificar que el Estado pueda endeudarse todo lo que necesite pues, con imprimir billetes de vez en cuando, problema solucionado. Cuando la ideología afecta al rigor científico dice muy poco de la honestidad intelectual de quien así actúa. 
Espero con expectación sus argumentos sobre por qué un crecimiento de la oferta monetaria por encima del crecimiento del PIB no crea inflación. Aunque, visto lo visto, no sé yo si este hombre tiene muy clara la diferencia entre base monetaria y oferta monetaria.


domingo, 14 de febrero de 2016

De propuestas para un gobierno de progreso y otros despropósitos

En el documento elaborado por el PSOE para las negociaciones con el resto de formaciones políticas, junto a propuestas positivas que comparto, conviven otras realmente negativas cuando no absurdas. Puesto que respecto de las primeras no tengo nada que comentar y, en cualquier caso, ya se encargan ellos mismos de echarle flores, permítanme centrarme en algunas de las segundas.

Como la supresión de la prioridad del convenio de empresa sobre los convenios de ámbito superior, dirigida claramente a devolver el poder de negociación a los sindicatos de clase, alejando de paso la adecuación de las condiciones de trabajo a la realidad de las empresas. Establecer que un convenio provincial o estatal de un determinado sector debe imponer los mismos costes y condiciones laborales a todas las empresas de ese sector, con independencia de que esté en Madrid, en Cuenca o en Sevilla, en una capital de provincia o en un pueblo de dicha provincia, o de que su actividad concreta tenga diferencias claras respecto de otras empresas del mismo sector va contra toda lógica económica.

O como la eliminación del procedimiento actual que, según afirman, permite al empresario de forma unilateral la modificación sustancial de las condiciones de trabajo. Fundamentalmente porque es falso. El empresario no puede realizar esas modificaciones unilateralmente por la sencilla razón de que tiene que justificarlas y, en todo caso, tales modificaciones pueden ser tuteladas por los tribunales a solicitud del trabajador. Debe ser que el señor Sánchez no termina de entender el concepto de unilateralidad.

O como la igualdad salarial de los trabajadores contratados por las empresas de servicios con los trabajadores de la empresa principal que realicen el mismo trabajo. Adiós a la subcontratación de servicios auxiliares. Porque ya me contarán ustedes, por ejemplo, cómo va a poder vender una empresa de limpieza sus servicios a otra empresa, si ésta última tiene un par de trabajadores en plantilla dedicados a esas tareas y aquélla tiene que pagar el mismo salario a sus trabajadores.

O como prohibir la cobertura de puestos de trabajo permanente con contratos temporales. Eso ya lo prohíbe nuestro Estatuto de los Trabajadores.

O como aumentar el SMI al 60% del salario medio neto. Dicho aumento, como ya se ha argumentado en varias ocasiones en esta taberna, lejos de beneficiar a los perceptores naturales del mismo -los trabajadores menos cualificados-, les expulsaría del mercado de trabajo, generando otros efectos colaterales igual de dañinos.

O como la aprobación de una ley de igualdad salarial, apoyándose en la supuesta brecha salarial entre mujeres y hombres. A la falta de rigor de esa afirmación hay que añadir que con la legislación actual ya está prohibido en este país la discriminación salarial por razón de sexo.

O como la derogación del art. 315.3 del Código Penal sobre le ejercicio del derecho de huelga. Para que no tengan que buscarlo, dicho artículo dice que "quienes actuando en grupo o individualmente, pero de acuerdo con otros, coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga, serán castigados con la pena de prisión de un año y nueve meses hasta tres años o con la pena de multa de dieciocho meses a veinticuatro meses". Realmente, el bien jurídico que protege ese precepto no es el ejercicio del derecho de huelga, sino la libertad y el ejercicio del derecho al trabajo. Confundir el ejercicio del derecho de huelga con la tipificación de un delito de coacciones es para nota. O es producto de la ignorancia o es que al PSOE no le parecen dignos de protección el derecho a la libertad y al trabajo. No sé qué es peor. Por cierto, este asunto de la derogación del artículo, al que el PSOE se apunta, está ahora de moda a raíz del caso conocido como "los ocho de Airbus". Lean el relato que el fiscal hace de los hechos en su escrito de acusación y pregúntense después si hay que derogar el art. 315.3 del Código Penal.

Y como guinda al pastel de esta muestra de despropósitos, proponen, con carácter general, la revisión del Código Penal ¡para volver a los principios del Código Penal de la democracia! En fin, ya nos explicarán cuáles son esos principios y en qué preceptos del actual Código Penal se infringen.


martes, 2 de febrero de 2016

De amígdalas y cíngulos

Curioseando esta mañana la prensa me topé con un curioso artículo encabezado por un titular que rezaba "Tus genes deciden si eres de izquierdas o de derechas". Con un aperitivo así, cómo resistirse a desayunárselo y encontrar por fin una justificación a este liberalismo de izquierdas que me aqueja.

Pero mi gozo en un pozo y la primera en la frente. ¿Creen ustedes que quienes desean un Estado cuanto mayor mejor, que cubra cualquier contingencia que pueda padecer el individuo, que controle la economía y las decisiones individuales de los ciudadanos lo hacen porque tienen una mayor  capacidad de aceptar la incertidumbre y de adaptarse a situaciones novedosas? ¿Y que quienes prefieren un Estado más pequeño, que interfiera lo menos posible en las libertades individuales y que impulse la libre competencia en los mercados lo hacen porque son más temerosos y exageran los riesgos?

Pues más o menos eso dice el artículo, que los conservadores son más miedosos y tienen aversión al riesgo por no sé qué problema en la amígdala cerebral y que los progresistas aceptan mejor la incertidumbre por alguna historia del cíngulo anterior. A ver si ahora va a resultar que Alberto Garzón o Monedero son más de derechas que el grifo de agua fría y la Esperanza Aguirre una peligrosa comunista.

A lo mejor los unos y la otra debieran revisarse la amígdala y el cíngulo, porque lo que es uno, se ha quedado igual que antes de leer esa tontería de artículo. Pero eso sí, no me negarán que conseguir que te paguen por escribir tal gilipollez no tiene su mérito.   

¡Mira que seguir confundiendo a estas alturas conservadores con derecha y progresistas con izquierda...!

sábado, 23 de enero de 2016

Aunque sólo sea por comparación...

Primero le llaman indecente en vivo y en directo. Después, cuando a pesar de la ofensa, les ofrece hablar para llegar a acuerdos, responden con un rotundo y permanente no. Ahora, cuando decide no pelear un primer asalto que tiene perdido de antemano y reservarse para el resto del combate, le llaman cobarde, antisistema y trilero. ¿Pero qué esperaban?

Si es un indecente, no pensaban votarle y Pedro Sánchez aspira a formar gobierno, ¿por qué les molesta que se retire de la pelea, aunque sea momentáneamente? Se presenta Sánchez, gana y a gobernar con los niños meones. Se lo ha puesto a huevo. ¿O no? Pues vista la reacción del señor Sánchez y sus palmeros mancos, va a ser que no. Ahora tienen la oportunidad de liderar el proceso de investidura. ¿Y qué hacen? Lloriquean, les tiemblan las piernas, culpan de no se sabe muy bien qué al adversario que de momento ya no puede serlo y se miran desconcertados unos a otros preguntándose cómo coño se han estampado contra el espejo sin poder atravesarlo. ¿Y este sinsustancia quiere presidir el país? El problema es que cuando baja la marea, se puede ver quiénes no llevaban bañador.   

La verdad es que Pedro Sánchez el intermitente y la nueva fauna del hemiciclo están consiguiendo que Rajoy empiece a caerme bien. Aunque sólo sea por comparación.

viernes, 22 de enero de 2016

Por decir algo...

Pues no, no estoy muerto. O eso creo. Es sólo que sigo sin tener casi nada que decir ni tiempo para decirlo. Así que para qué. Si acaso, váyanse ustedes viendo las tertulias económico-jurídico-político-festivas de las distintas cadenas de radio y televisión para que se mantengan al día de tanto atraso. Por si un mes de estos vuelvo y les apeteciera a ustedes rebatirme con argumentos de serpentinas y matasuegras. 

Fíjense que el otro día, en un foro universitario virtual de estudiantes de cuarto de Derecho, uno de ellos se quejaba, comiéndose puntos, comas y tildes -tal era su indignación-, de la cantidad de derechos que hemos perdido los trabajadores con la reforma laboral de Rajoy. Que también tiene ignorancia llamar a eso reforma. Pues no se me ocurrió otra cosa que provocar un poco -o eso creía-, e invitar al impetuoso a que enumerase, con pelos y señales, con rigor, con argumentos -¡que para eso son estudiantes de último curso, coño...!-, esa enorme cantidad de derechos perdidos. Aún sigo esperando. Y es un foro de futuros juristas.

Pues eso, que resulta que no estoy muerto pero como si lo estaría, que diría uno del mismísimo centro de Bilbao...


viernes, 11 de diciembre de 2015

El mercado ancho y profundo del populismo...

A estas alturas ya estarán todos ustedes al corriente de la que le está cayendo a Marta Rivera de Ciudadadanos por cuestionar la redacción que la ley de violencia de género dio al art. 153 del Código Penal. Todos, absolutamente todos, la están poniendo a parir, incluido el PP que durante la tramitación de la ley allá por 2004, dijo cosas como éstas en el Congreso:

"...pensamos que no se han disipado las dudas de constitucionalidad que planteaban los nuevos preceptos que la ley introduce en el Código Penal. En esta cuestión, que ha sido muy debatida pero conviene recordar, el Gobierno quiso un tipo penal distinto para hombres y mujeres, aunque la conducta sea la misma, en este caso amenazas y coacciones. Si un hombre amenaza o coacciona es un delito más grave que si lo hace una mujer. Esta medida suscitó la crítica prácticamente unánime de los profesionales del derecho, que consideraban que nos encontrábamos no solamente ante una discriminación inconstitucional sino ante un grave retroceso a tiempos pasados."

También es preciso recordar que la sentencia que declaró constitucional esa modificación del Código Penal, lo hizo con 7 votos a favor y 5 en contra, incluyendo 4 votos particulares con sus correspondientes fundamentos.

Una de las cuestiones que se discute en la doctrina no es si el maltrato de un hombre a una mujer debe constituir una circunstancia agravante que aumente la pena, sino si dicha agravación debe ser, como establece la modificación legislativa, automática, sin admitirse prueba en contrario y sin posibilidad de que pueda atenuarse cuando se demuestre que la conducta del varón no responde a violencia machista ni a denigración de la víctima por ser mujer. Porque para sancionar de manera más grave la conducta de violencia conyugal que responda a un patrón de delincuencia machista no es necesaria esa agravación obligatoria, sino que bastarían las agravantes genéricas contenidas en los arts. 22 y 23 del Código Penal, como el abuso de superioridad o la circunstancia mixta de parentesco, o plantear la agravación en la norma como potestativa.

A la vista de esas posiciones enfrentadas en la doctrina y entre los profesionales del Derecho, no deja de ser significativa la unanimidad en la crítica demagógica, cobarde y superficial a la postura de Marta Rivera, postura que, insisto, es compartida por una parte importante de la doctrina y por 5 de los 12 magistrados del Tribunal Constitucional que dictaron la sentencia. Por tanto, se comparta o no su opinión, no parece que la señora Rivera haya dicho una barbaridad de tal calibre que justifique que le salten a la yugular por retrógrada. A mí, cuando menos, me ha parecido valiente, que no es poco con los tiempos de simpleza y cobardía intelectual que corren.

Una vez más, nuestros políticos demuestran su superficialidad e ignorancia -no se sabe si auténtica o impostada-, a la hora de combatir ideas con demagogia. Será porque el populismo tiene todavía un mercado ancho y profundo...


domingo, 6 de diciembre de 2015

El uno por fandangos y el otro por peteneras...

Hay que reconocer que, en términos generales, el presidente no estuvo mal.

Teniendo en cuenta que sus antecesores en el mal trago de tener que dar explicaciones a los ciudadanos a cara de perro nunca han gobernado y podían hacer castillos en el aire, en efecto, no estuvo mal el presidente, no.

Pero... Siempre hay un pero. Y es que el señor Rajoy salió por peteneras cuando uno de los ciudadanos le preguntó por el erróneamente denominado impuesto al sol. Ese ciudadano se refería a esto y no al recorte de las primas a las renovables. Cierto es que el presidente se fue hábilmente por los cerros de Úbeda, pero no deja de ser curioso y significativo que el ciudadano ni se enterase. Seguramente alguien le había preparado la pregunta y no tenía ni zorra idea de lo que estaba preguntando. Como para pedirle encima que se enterase de la respuesta y repreguntara...





lunes, 30 de noviembre de 2015

A la Sexta va la vencida... O no

Pues ahora que lo dice la Sexta, oráculo de la progresía de este país, imagino que algunos, espero que muchos, empezarán a dejar de decir tonterías y a plantear este asunto con el debido rigor.

Otros, pocos, muy pocos, hemos escrito sobre esto desde hace más de ocho años en cinco ocasiones sin demasiado éxito. Se ve que a la Sexta va la vencida. ¿O tampoco?


Ya verán, ya...

Ya verán cómo los que ahora reclaman que el Estado salve a Abengoa de una nefasta gestión, son los mismos que despotricarán después contra el libre mercado tras no permitirle actuar purgando las empresas mal gestionadas. Los mismos que acusarán al libre mercado de socializar las pérdidas tras clamar al cielo que se socialicen a través de la intervención del Estado.

Sí, es una estrategia perversa acusar a alguien de no actuar habiéndole impedido previamente hacerlo. Pero los ciudadanos la compran. ¿Ven como el libre mercado es el diablo?, les dicen una y otra vez. Mientras, el libre mercado hace oídos sordos porque ni está ni se le espera. Demasiados intereses para permitirse el lujo de la libertad.

Este asunto se arreglaría si les dejaran solos. La simple expectativa de que el Estado intervendrá -ya lo está haciendo con sus rotundos mensajes-, incentiva a las partes a no llegar a un acuerdo, a la espera de que otros, los ciudadanos, asuman parte del riesgo y de la posibles pérdidas.

Ya verán, ya... 


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Al rico refranero...

Dios, o quien sea, los cría, y ellos se juntan. Ya saben, más vale nacer con estrella que nacer estrellados. 

En fin, que vaya dos patas para un banco.


jueves, 12 de noviembre de 2015

De imposturas y réditos ideológicos

A Arcadi Espada -que dicho sea de paso, no es santo de mi devoción-, le están dando hasta en el cielo de la boca. Pero qué quieren que les diga, yo estoy bastante de acuerdo con el fondo de lo que dice. A mí, tanto minuto de silencio a las puertas de los Ayuntamientos, cámaras mediante, y tanta manifestación para subrayar la obviedad de lo que no es más, ni menos, que un asesinato tan execrable como cualquier otro, me parece altamente sospechoso de rédito ideológico.


martes, 10 de noviembre de 2015

La pela es la pela...

El español es ontológicamente chapucero, improvisa antes que planifica. Es entendible por tanto que algunos catalanes quieran dejar de ser españoles. No lo es tanto que pretendan conseguirlo comportándose como tales. Porque lo que viene sucediendo en los últimos meses en Cataluña, culminado por la resolución aprobada ayer en el Parlamento catalán, no es más que una inmensa chapuza impropia de catalanes que desean dejar de ser españoles.

La pregunta no es qué puede hacer el Estado español para evitar lo que pretenden los independentistas -que puede hacer muchísimas cosas-, sino qué pueden hacer los independentistas para conseguir lo que pretenden, más allá de declaraciones de intenciones y pulsos políticos.

En la práctica, ningún Estado moderno puede funcionar sin recursos económicos. Quienes promueven esta chapuza lo saben. Y por eso, junto a consignas panfletarias varias, incluyen en la resolución aprobada la verdadera clave de bóveda del proceso: la promulgación urgente de una ley de Seguridad Social y otra de Hacienda Pública.

Imaginemos que dentro de un mes han aprobado sendas leyes. Al margen de las cotizaciones, casi el 90% de los ingresos del Estado provienen de IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades. La mayor parte de la recaudación de esos impuestos se realiza a través de las empresas. El IRPF se retiene en las nóminas de los trabajadores y se ingresa en Hacienda, el IVA se recauda por las empresas y es ingresado periódicamente en Hacienda y el Impuesto de Sociedades es ingresado por las empresas en Hacienda. En cuanto a las cotizaciones, tres cuartos de lo mismo.

¿Quiénes van a empezar a ingresar sus impuestos en las recién creadas Hacienda y Seguridad Social catalanas y dejar de ingresarlos en las del Estado español? En principio, el 37% del censo ha votado sí a la independencia. Admitamos -por elucubrar que no quede-, que sea incluso el 50%. Sigamos admitiendo que ese porcentaje se reproduce entre el mundo empresarial y que el 100% de esos empresarios independentistas están dispuestos a dejar de ingresar los impuestos en el Estado español y a ingresarlos en el nuevo Estado catalán, a pesar de que dejar de hacer esto último podría tener consecuencias, administrativas y penales, muy graves para ellos. Incluso en ese escenario, probablemente el más óptimo que pudiera darse, ¿creen ustedes que sería económicamente viable un Estado catalán con esos ingresos? Al Estado español le bastaría con esperar sentado a ver pasar los cadáveres políticos de los independentistas. Y quizás sea eso lo que debiera hacer. Ya saben, las cosas caen por la fuerza de la gravedad, y si no, lo harán por su propio peso.

En fin, que la pela es la pela...


lunes, 12 de octubre de 2015

Todo en orden y cada uno en su sitio

Hoy, cuando leía declaraciones de la alcaldesa de Barcelona o el alcalde de Cádiz -este último, profesor de historia para mayor escarnio de nuestro sistema educativo-, sobre el día de la hispanidad, genocidios, masacres y otras diarreas, me vino a la memoria esta entrada de hace un par de años.

Se ve que todo sigue en orden y cada cual en su sitio. 


viernes, 28 de agosto de 2015

Invita la casa. Hoy: Cosas que nadie quiere saber

Hoy, en esta invitación aún veraniega, en los coletazos de la indolencia vacacional y el ánimo perezoso de los que apuran sus últimos bostezos, ni siquiera voy a hacer introducción alguna al artículo que les dejo sobre el mostrador. Basta con la reproducción literal de su último párrafo. 

"Que la democracia interna es un ideal no exento de paradojas es obvio, pero seguramente habrá que procurar que exista algo más y algo distinto a que los partidos se limiten a ser conjuntos de palmeros que aplauden a rabiar la última ocurrencia de sus líderes, como que Rajoy decida que hay que debatir sobre la Constitución para decir quince días después que ya no toca.

Los partidos no simplemente imitan la pobreza del debate social, sino que la inducen, han descubierto que con esa simplicidad ideológica que gastan pueden seguir en lo suyo, y eso es algo que no puede sino ir a peor (para nosotros, naturalmente). En una situación de tan extrema escasez de argumentos, de tal anorexia política, debiera surgir de los medios de comunicación y de la sociedad civil un revulsivo, un empeño en hablar de lo que no se habla y en pensar sobre lo que no se piensa, porque aunque los políticos se esfuercen en negarlo, es nuestro porvenir el que está en juego, con una sociedad anestesiada, con una evolución demográfica que asusta, en una nación cuya unidad amenaza quiebra, internacionalmente casi insignificante, pese a nuestro volumen relativo, endeudada hasta mucho más allá de lo razonable y sometida, por tanto, a contingencias que pueden ocasionar una catástrofe en cualquier momento, mientras los partidos siguen dándole irresponsablemente a la manivela del gasto porque saben que todavía no nos hemos dado cuenta de que ese dinero que derrochan es el nuestro.
"

El resto pueden leerlo aquí. Si quieren, claro.

miércoles, 26 de agosto de 2015

El hombre que susurraba a los presupuestos...

Decía el otro día la ministra Báñez que el sistema de pensiones está asegurado. Un mojón. También le escuchaba hace unos días al Secretario de Estado de Seguridad Social reiterar que el sistema está garantizado y que, como muestra de ello, actualmente es absolutamente estable. Otro mojón. Debe ser por eso, porque es estable, por lo que todos los meses tienen que echar mano a la hucha de las pensiones para llegar a fin de mes.

Pero la prueba del algodón, por si lo obvio no fuera aún suficientemente contundente, son los Presupuestos Generales del Estado defendidos ayer en el Congreso por el trilero mayor del reino. Ya sé que a ustedes les parecen un jeroglífico, pero ya verán lo facilito que se lo explico sin meternos en demasiados berenjenales.

Si miran ustedes el resumen de ingresos por capítulos, verán fácilmente que las aportaciones previstas por los trabajadores a la Seguridad Social, las cotizaciones, ascienden aproximadamente a 117.000 millones de euros. Ésta es la partida de ingresos que sube si aumenta el número de trabajadores y que disminuye si baja. En definitiva, la partida que soporta realmente al sistema.

Si miran ahora el resumen de gastos por capítulos, verán que, sin contar el coste de funcionamiento del propio sistema, que serían las tres primera líneas -unos 3.800 millones-, el coste de las pensiones y prestaciones de la Seguridad Social asciende a algo más de 136.000 millones.

En resumen, y por simplificar, el sistema va a ingresar por cotizaciones 117.000 millones y se va a gastar en prestaciones 136.000 millones. O eso dice el señor Montoro en sus presupuestos.

Como se ve, con un déficit operativo presupuestado de casi 20.000 millones, el sistema es de lo más estable y está absolutamente garantizado. Ya decíamos por aquí hace tiempo aquello de que por sus presupuestos los conoceréis


viernes, 21 de agosto de 2015

Y para muestra, un botón...

Al Estado, o mejor, a nuestros gobernantes, no les gusta que les demuestren que pueden no ser imprescindibles. Pretenden el monopolio de la solidaridad para justificar así que ellos, y sólo ellos, son capaces de proteger a quienes requieren de protección. Porque si llegara a saberse que los ciudadanos organizados, la sociedad civil en definitiva, es capaz de sustituirlos a poco que se lo propongan, esto sería el caos. Para ellos, claro.

Y para muestra, un botón.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Esto es la leche...

Los ganaderos del sector lácteo han pedido a la ministra Tejerina que fije el precio de la leche a un nivel que les permita cubrir costes pues, según dicen, la están vendiendo por debajo de sus costes.

La ministra les ha contestado que España tiene una economía de libre mercado y que los precios no se pueden acordar ni pactar porque no lo permite la legislación española ni la comunitaria, pero que no se preocupen, que va a solicitar a la UE el incremento temporal de los precios de intervención de leche desnatada en polvo y mantequilla, y que si no le hacen caso, el gobierno español intervendrá en el mercado con una compra masiva para reducir la oferta y elevar el precio. Y les recuerda que ya se han acordado subvenciones directas a los ganaderos por 247 millones de euros. Pero que vamos, que tenemos una economía de libre mercado en la que los precios no se pueden pactar. Y todo eso lo ha dicho en el mismo sitio, a la misma hora -grande Chiquetete...-, sin siquiera sonrojarse, oigan.

Está clarísimo, señora ministra, que en España y en Europa tenemos una economía de libre mercado. Una economía en la que existen sectores protegidos con precios de intervención, subvenciones directas a la producción y cuotas. Una economía que prohíbe fijar precios, pero permite que el Estado decida a partir de qué precio intervendrá en el mercado para reducir la oferta y que, ahora sí, mediante el juego del libre mercado se incremente el precio. En defintiva, dejamos que el precio fluctúe conforme a las reglas del libre mercado para dar verosimilitud a la pantomima -neoliberalismo y capitalismo salvaje lo llama la izquierda ignorante-, mientras manipulamos las cantidades que se ofertan en el mercado o se subvenciona a los productores para que el precio vaya con absoluta libertad en la dirección que necesitamos. Una economía de libre mercado, sí, señora ministra.

No me digan que esto no es la leche...


martes, 18 de agosto de 2015

De transparencias, despelotes y despendoles

Resulta entretenido curiosear por la Base de Datos Nacional de Subvenciones que el gobierno puso en marcha a raíz de la Ley de Transparencia. Es una lástima que sólo contenga las subvenciones de la Admministración General del Estado y sus organismos, aunque a partir del 1 de Enero de 2016 va a resultar mucho más divertido porque se incluirán las subvenciones de las Comunidades, diputaciones y ayuntamientos. Y entonces sí que nos vamos a reir. Por no llorar, claro.

En esa página pueden buscar mucha información. Incluso pueden exportarla a una hoja de cálculo y procesarla como les venga en gana, aunque les advierto que contiene más de 700.000 registros y algunos de ellos incompletos. Quienes me conocen ya imaginarán que ayer anduve jugueteando con ella un buen rato. Y les adelanto algunas datos y curiosidades.

En 2014, la AGE se gastó en subvenciones más de 3.600 millones de euros -¡casi 600.000 millones de pesetas!-, de los que, por ejemplo, 375 se emplearon en ayudar a la industria automovilística a través de los planes PIVE, más de 107 millones a Air Europa, más de 26 millones a Telefónica, casi quince millones a Bankinter, siete millones a los supermercados Día, más de dos a Mercadona, casi dos millones a BBVA o a Banco Santander, casi doce millones a San Miguel, más de cinco millones a El Corte Inglés, y así sucesivamente. O multitud de subvenciones de entre tres y cinco mil euros para editar libros tan innovadores como "Caperucita Roja" o "Alicia en el país de las maravillas". O casi 55 millones para "amortización de largometrajes". Incluso 1,3 millones a una fundación dependiente del partido que soporta, en el amplio sentido del término, al gobierno actual y en la que, como ya se puso de relieve por aquí hace algún tiempo, la coherencia brilla por su ausencia.

En total, 706.842 subvenciones concedidas graciosamente por la AGE en 2014, a las que hay que sumar las que hayan concedido el conjunto de los niveles inferiores de la Administración Pública. ¿Se imaginan cuántos recursos y funcionarios se han utilizado para gestionar todas esas subvenciones? Pues sí, también eso nos lo ahorraríamos.

Debe haber gente a la que le parezca bien eso de que el Estado nos quite nuestro dinero, incluso a los que no compran coches, para repartírselo a los fabricantes de coches, o a las editoriales para publicar libros que nunca compraríamos, o a los bancos que después nos cobran por sacar dinero en los cajeros, o a los supermercados que nos cobran la comida que les compramos. Seguro que hay gente a la que le parece bien que el gobierno de turno decida a qué empresas privadas les reparte nuestro dinero, pero como yo soy un poco rarito, a mí me parece fatal que se usen nuestros impuestos para transferir renta de los ciudadanos al sector privado mientras se recorta en educación, sanidad o dependencia.

En fin, que les aproveche la transparencia que, de momento, sólo sirve para verle las vergüenzas al Estado. Y a algunos, para hacernos mala sangre.


domingo, 16 de agosto de 2015

Invita la casa. Hoy: con la mano en el corazón

Casi siempre me reconforta leerle a alguien que es un liberal de izquierdas -un puñetero liberal de izquierdas, escribe contundente Javier Cercas-, quizás por no sentirme tan solo, o quizás porque nunca he entendido cómo se puede ser genuinamente de izquierdas sin ser liberal, aunque se pueda ser liberal sin ser de izquierdas.

En un breve y delicioso artículo, Javier Cercas dice cosas como ésta, aunque puestas en boca de un Xavier Rubert cuarentón que ahora, a la vista del relato, resulta evidente que ha envejecido mal, muy mal.

"...en democracia, la política no debe ser épica ni sentimental sino aburrida y sosa, que hay que dejar la épica y los sentimientos para el arte y la vida privada, que la política es prosa y no poesía, que la tarea del político no consiste en intentar traer el cielo a la tierra sino sólo en mejorar la tierra –en esa humildad estriba su grandeza–, que el político no debe prometer la felicidad: debe conformarse con facilitar las condiciones para que cada uno la busque por su cuenta."


sábado, 15 de agosto de 2015

¡A quién se le ocurre...!

Tras la comparecencia del ministro Fernández Díaz, lo único que ha quedado meridianamente claro es que cometió una enorme torpeza política. Del resto, como no hay testigos, sólo se puede deducir lo que cada cual quiera deducir.

En todo caso, y haciendo el esfuerzo de creernos lo que el ministro dijo, a saber, que lo recibió por haber sido vicepresidente del gobierno y porque estaba recibiendo amenazas, la primera reflexión que se le viene a uno a la cabeza es si esas amenazas las estaba recibiendo por mor de los cargos ejercidos o por su deleznable comportamiento posterior. Si fuera a causa de lo primero, parecería razonable que el Estado se hiciera cargo de su seguridad personal. Si fuera a causa de lo segundo, lo razonable sería que su seguridad se la procurase él mismo, pues no parece que ande escaso de recursos.

A algunos, que todavía defienden a Rato con aquello de la presunción de inocencia, de que es un presunto delincuente, subrayando lo de presunto, y de que un imputado es sólo eso, un imputado, habría que recordarles que Rato, que fue vicepresidente del gobierno, dos veces Ministro de Economía y una de Hacienda, diputado durante más de dos décadas o director del FMI, tuvo que acogerse a la amnistía fiscal porque había defraudado a Hacienda, es decir, a todos los españoles. Y no presuntamente. Fraude que no es delito porque el gobierno del que fue su partido abrió un paréntesis durante el cuál decidió que no lo fuera.

En resumen, Rato no es oficialmente un delincuente. Todavía. Pero sí es un sinvergüenza. Defraudó a Hacienda, gestionó Bankia de manera irresponsable y se lucró de ello, y es corresponsable del dineral que nos ha costado a los españoles el rescate de esa entidad financiera. Todo ello lo hizo como persona particular, no en el ejercicio de sus funciones como vicepresidente del gobierno, ministro o diputado. Y parece que haber actuado así tras ejercer todas esas responsabilidades políticas le hace merecedor de un trato privilegiado por parte del Ministro del Interior. Pretende además el señor Fernández que le alabemos el gusto.

Con la que está cayendo, ¡a quién se le ocurre...!

viernes, 7 de agosto de 2015

¡Y que viva la Blanca Paloma, oigan...!

Leía ayer que el 44% de las jubilaciones del primer semestre de 2015 fueron anticipadas, a pesar de las medidas que supuestamente han adoptado este gobierno y los anteriores. Se ve que no han andado muy finos. Como casi siempre.

Esta misma semana, la ministra Báñez, aquélla que lanzaba vivas a la Blanca Paloma para que le echara una manita en la salida de la crisis, ha afirmado en una una entrevista que sí, que "rotundamente, el sistema de pensiones es sostenible" y que, fíjense si está convencida, que igual que Fraga se encasquetó el meyba para darse un bañito en Palomares, ella no tiene plan privado de pensiones porque confía plenamente en el sistema público. Claro, sólo hay que echar un vistazo a su declaración de bienes del Congreso para darse cuenta de que a ella no le hace falta un plan privado de pensiones.

Cuando Báñez nos anima a confiar en el sistema público de pensiones y, simultáneamente, nos desanima a ahorrar para complementar las escasas pensiones que cobraremos, o no tiene ni puñetera idea de la cosa, o miente con el mismo desparpajo con el que jalea a la Blanca Paloma como remedio a la crisis. Y en ninguno de los dos supuestos sale demasiado bien parada.


miércoles, 5 de agosto de 2015

Pía, pía, que algo queda...

Cada vez me gusta más esto de Twitter. La verdad es que es divertido comprobar cómo gente que aspira a gobernarnos con un discurso de presunta honestidad y rigor, sean rojos o azules a tiempo completo o a ratos, no son más que los demagogos manipuladores de siempre disfrazados de solidarios y sentidos ciudadanos que vienen a salvarnos de nosotros mismos.

El último, el dicharachero y dizque intelectualmente solvente Pablo Iglesias, critica que el gobierno se haya subido el sueldo, "mientras que sanidad sólo recuperará un 3,6% tras el recorte del 35% de 2014". Y como algunas veces borran lo que escriben cuando se dan cuenta de que hacen el ridículo, he decidido dejar una huella indeleble de estas perlas en la taberna con una nueva etiqueta, que aquí no las pueden borrar.




Desconozco de dónde saca Pablo Iglesias sus datos, aunque me lo imagino consultándose cada mañana la entrepierna. ¿Confunde Pablo el gasto del Ministerio de Sanidad con el gasto en sanidad? Lo cierto es que el gasto sanitario no sufrió un recorte del 35% en 2014 sino del 0,21%. Ni siquiera llega a esa cifra el recorte acumulado de la legislatura de Rajoy, pues desde los presupuestos de 2012 hasta los del 2015, el recorte asciende a un 4,4%.

Esos datos pueden comprobarlos, si quieren, en la propia página del Ministerio de Sanidad, algo que, al parecer, no ha hecho Pablo Iglesias. Y algo que tampoco hace habitualmente con los datos que suele soltar cada vez que le ponen un micrófono o un teclado por delante.

Vótenlos, vótenlos. Y ya verán lo que nos vamos a divertir...

domingo, 2 de agosto de 2015

Calentando al personal...

Dice hoy El País que "los grandes grupos tributan el 6% del beneficio y el resto paga el 15%", y lo afirma haciendo referencia a "la última memoria de recaudación tributaria".

Pues bien, eso es simplemente mentira. Y se encargan de desmentirse a ellos mismos en el gráfico que publican en ese mismo artículo, que subtitulan, esta vez sí correctamente, como "Tipo efectivo de grandes grupos consolidados sobre resultado contable".

Verán, las empresas tributan en el Impuesto de Sociedades (IS) español por los beneficios obtenidos en España, y son esos beneficios con sus correspondientes ajustes por deducciones los que componen la Base Imponible (BI) del impuesto. Pero los grandes grupos de empresas, a diferencia de las empresas individuales más pequeñas, suelen tener una intensa actividad internacional, por lo que su resultado contable (RC), que se compone de la suma de los beneficios obtenidos en cada uno de los países en los que opera y en los que pagan sus impuestos, suele ser muy superior a los beneficios obtenidos en España.

Si ustedes van al apartado "ANÁLISIS PARA GRUPOS CONSOLIDADOS" del cuadro 3.6, página 47, de la última memoria de recaudación, que es de donde afirma el autor del artículo haber obtenido los datos, podrán comprobar que en 2013, el RC total de los grupos consolidados -beneficios en España más beneficios en otros países-, asciende a 81.195 M€, de los que sólo 30.247 M€ se han generado fiscalmente en España. Esas empresas han pagado en 2013 en España 4.853 M€ en concepto de Impuesto de Sociedades, que supone un tipo efectivo del 19,6% sobre los beneficios generados en España y un 6% sobre el resultado contable, es decir, sobre los beneficios generados en todos los países.

Si ustedes suben un poquito en ese cuadro, verán que para las empresas que no son grupos empresariales y que, por tanto, suelen tener menos actividad internacional, el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades es del 21,8% y sobre el resultado contable del 14,9%, superior al 6% de los grupos de empresa porque la proporción de beneficios generados en España sobre el resultado contable es muy superior.

En resumen, que el periódico miente descaradamente y manipula los datos para que parezca que las grandes empresas apenas pagan impuestos en España. Para justificar que paguen tan poco, afirman que "los grupos consolidados tienen un abanico de opciones para rebajar su factura fiscal. Desde la deducción por gastos financieros, que permitía desgravarse los intereses de los préstamos entre empresas del grupo, a la libertad de amortización, fondo de comercio, deducciones por pérdidas de valor de participadas extranjeras...", sin mencionar en ningún momento que ese tipo efectivo es tan bajo porque está calculado sobre el total de los beneficios del grupo, sobre el resultado contable total, y no sobre el beneficio generado en España, que es como debe calcularse.

De esta forma, es comprensible que un trabajador medio, que paga impuestos hasta por respirar y que no tiene la posibilidad de profundizar en la veracidad de según qué noticias, se indigne cuando lee que las grandes empresas sólo pagan un 6% de sus beneficios. Y así anda el personal, indignado y cabreado a todas horas y votando a cualquiera que le prometa el cielo.

Que la prensa, de un lado y de otro, se dedique a desinformar y manipular al personal, dice muy poco del papel que se espera de ella en una democracia. Y que los líderes políticos se hagan eco de manera tan acrítica de aquellas noticias que le vienen bien para mantener siempre calentito a su rebaño, dice mucho de esta mediocre democracia que nos está tocando sufrir.