martes, 27 de marzo de 2007

¡¡Al suelo, que vienen los nuestros!!

Tanto por mi origen social como por convicción personal, siempre he considerado que los míos son los que creen en la igualdad, la justicia y la libertad. Igualdad de oportunidades y ante la ley. Justicia formal y social. Libertad compatible con el respeto al derecho ajeno.

Hasta no hace mucho, identificaba a los míos por el flanco izquierdo. Sin haberme movido un ápice en mis convicciones, resulta desconcertante comprobar que en ese flanco ya sólo quedan fantasmas. Políticos que se autoproclaman de izquierdas, pero que provocan con sus decisiones la desigualdad y, en consecuencia, la injusticia. Porque pretender que todos seamos iguales cuando realmente somos distintos es la más sutil, perversa e injusta de las desigualdades.

La izquierda actual confunde la igualdad de oportunidades con la igualdad de resultados. La igualdad en la salida con el igualitarismo forzado en la llegada. Si alguien a mitad de la carrera decide que no quiere seguir sufriendo y se sienta a descansar, da igual, papá-Estado le situará arbitrariamente otra vez en el pelotón o ralentizará a los demás para que todos lleguen a la meta al mismo tiempo. Desincentivar el esfuerzo personal transmitiendo que al final todos seremos iguales es devastador para un país. Hace que los buenos no usen todo su potencial (¿para qué, si ya soy el mejor sin esforzarme?) y que los menos buenos no se esfuercen en ser mejores (¿para qué, si lo que no consiga por mí mismo, me lo van a regalar?)

Quienes actúan así con el noble propósito de ayudar a los más desfavorecidos les están haciendo un flaco favor. Una pésima formación humana y académica, el desprecio hacia la necesaria autoridad de los educadores por considerarla un valor reaccionario y, en suma, la inacción en la exigencia a nuestros jóvenes de sus obligaciones, a quienes más perjudica es precisamente a los menos favorecidos. Igualar a todos en la mediocridad es impedir al desfavorecido que use lo único que le puede permitir progresar: inteligencia y esfuerzo. El rico, el poderoso, el "hijo de papá", aun siendo mediocre, tiene su vida resuelta. El pobre, el humilde, no puede permitirse el lujo de que el sistema, en nombre de un progresismo de plastilina, le iguale por debajo, le deje en el pelotón de los mediocres teniendo capacidad para no serlo.

Como dijo muy ingeniosamente un diputado, refiriéndose a sus compañeros de partido:¡¡Al suelo, que vienen los nuestros!!


lunes, 26 de marzo de 2007

¡¡Cómo está El País!!

La que se ha montado.

Según la Cadena Ser: "En un momento en el que (me permito dar una opinión personal) hay quien desea volver a la guerra civil; en que acabamos de ver una manifestación pública, que es el franquismo puro y duro puesto en imágenes de televisión...." (Polanco dixit)

Reacción del PP a estas declaraciones: boicot a los medios de PRISA. Reacción en el buque insignia del grupo PRISA: un nuevo editorial descalificando al PP.

Más allá de su contenido, las declaraciones de Polanco son producto de su libertad de expresión. La decisión del PP, producto de su libertad de acción política.

En el trasfondo de todo, la constatación de la escasa calidad de nuestra democracia. Grupos mediáticos con un poder desmedido capaces de manipular a la opinión pública. De un bando y de otro, por supuesto.

Los unos, defendiendo la libertad de expresión y calificando a los otros de fascistas y guerracivilistas después de haber censurado hace algunas semanas, sin el más mínimo pudor, un programa en la televisión pública. Los otros, limitando a sus miembros el ejercicio de la libertad de hablar con aquellos medios de comunicación que consideren oportuno y transmitiendo una imagen de enfrentamiento permanente, en algunas ocasiones injustificado e irracional, que realimenta de nuevo el círculo vicioso. Y el ciudadano en medio de este fuego cruzado, incapaz de separar el polvo de la paja. Para hacerlo, tendría que dedicar la mitad del día a leer periódicos, amén de poseer conocimientos de Derecho, Ciencia Política, Historia y Economía. Tampoco vendría mal un master en picaresca nacional.

Seguramente tenemos la clase política que nos merecemos.


domingo, 18 de marzo de 2007

Libertad individual o coacción colectiva

El debate suscitado en torno a la muerte, eutanasia para algunos y homicidio para otros, de Inmaculada Echevarría, no deja de ser una manifestación particular de otro debate, a mi juicio más amplio y trascendente, sobre la libertad individual frente a la coacción colectiva. Frente al Estado y otras organizaciones.

Perdonen la frivolidad, pero ¿por qué me obligan a ponerme el cinturón de seguridad o el casco? ¿a quién perjudica mi opción individual de no ponérmelo? Y ahórrense los manidos argumentos de los costes sociales, económicos o sanitarios. Sean algo más imaginativos, por favor. Por si no consiguieran serlo, sepan que sólo tendría que contraponerles para vaciarlos de razón, la cínica hipocresía del Estado, que aplica corsés distintos a idénticas anatomías.

La intervención del Estado se convierte en intervencionismo cuando limita innecesariamente la libertad individual. Es injusta cuando coacciona al individuo imponiéndole determinada forma de actuar en asuntos que sólo se inscriben en su esfera personal. Sin duda, la Iglesia o el Estado pueden opinar que el suicidio es un pecado mortal o un delito, pero lo que es inaceptable es que ambos pretendan transformar esa convicción en imposición.

Demasiadas asignaturas pendientes tienen los Estados como para dedicarse a la tutela individual en asuntos que sólo conciernen a nuestra conciencia. Es obvio que los que estamos a favor de que una persona pueda decidir cómo y cuándo morir, no estamos necesariamente recomendando esta opción. Es compatible defender su libertad y no compartir su decisión. Aunque la Iglesia y el Estado no lo crean. Por diferentes motivos, claro.

jueves, 15 de marzo de 2007

El Estado del arte ¡Qué arte tiene el Estado!

No entiendo demasiado de arte. Bueno, la verdad es que no entiendo nada, pero tanta sinceridad no es sana para mi autoestima. Supongo que soy un mal cliente para muchos "artistas", porque para mí el arte sólo me parece de calidad si me emociona, así, en reflexivo, al margen del efecto que produzca en los demás. No suelo valorar demasiado las dificultades técnicas de la obra, salvo que sean evidentes, dada mi falta de formación al respecto. Además, me parece absurdo calificar una obra como excelente sólo por su técnica, cuando ésta debe estar al servicio de la creatividad y no ser su sustituta. Si fuera suficiente una magnífica técnica para catalogar de obra maestra a una creación artística, cualquiera podría ser un gran artista con el suficiente entrenamiento. Soy así de simple. Me gusta, es bueno. No me gusta, es malo.

Viene todo esto a cuento de la polémica que se ha creado a raíz de la subvención, por parte de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, de un libro de fotografías prologado por el propio Consejero. Hace un par de días, en un programa de radio, entrevistaban al autor. A una pregunta del periodista en la que calificaba las fotografías de pornográficas, el fotógrafo, claramente indignado, retó a su interlocutor con un "¿Y usted qué formación plástica tiene para calificar de pornografía estas fotografías? Yo soy un fotógrafo consagrado y las técnicas empleadas, la luz, el color son de lo más sofisticadas". Lógicamente, el periodista se quedó un poco aturrullado y sólo acertó a añadir, no sin cierta sorna, que entonces los destinatarios finales del libro sólo podían ser los fotógrafos profesionales, únicos cualificados para valorar la obra en su adecuada dimensión.

Como no había tenido oportunidad de comprobar si realmente la polémica era producto de la sensibilidad ofendida de algunos católicos en exceso susceptibles, o si la cuestión podía tener mayor calado, me pudo la curiosidad y comprobé si el individuo en cuestión tenía una página en internet donde expusiera su obra. Y la tiene. ¡Vaya si la tiene! Perdonarán ustedes que no ponga aquí el enlace, pero les puedo asegurar que algunas de sus colecciones son bastante desagradables y escatológicas (si tienen curiosidad, busquen en google jam montoya).

Y es una lástima. La estética de la página está muy cuidada. La música es magnífica. Algunas fotografías son realmente buenas. Pero las malas son de tan mal gusto, que me ha quedado claro: no me gusta, no es bueno.

Me considero liberal, a pesar de lo confuso del término. Algún día hablaremos sobre ello. De momento, baste decir, así a lo bestia, que prefiero el desarrollo de las libertades individuales al máximo y la reducción del Estado al mínimo imprescindible. Aplicado al caso que nos ocupa, este individuo puede hacer todas las fotos que le dé la gana y vendérselas a quien se las compre, pero que se emplee dinero público en subvencionar su libro (Sanctorum) y que todavía no haya dimitido nadie.....


domingo, 11 de marzo de 2007

¿Vivir arrodillado o morir de pie?

Como no tengo complejos, no me importa que me tilden de facha, autoritario o intransigente, así que ahí va: la negociación con ETA me parece un tremendo error, amén de una inmoralidad.

El presidente del gobierno dice que el diálogo es la única vía de solución, que no habrá concesiones políticas antes de la paz (¿?), que todos los gobiernos democráticos han negociado, que es hipócrita criticar a quienes hacen lo que ellos han hecho antes.

Dialogar con una banda de asesinos y delincuentes es ya una concesión política, así que mal empezamos si lo primero que hacemos es lo que decimos que no haremos. Y es una concesión política porque se otorga a quienes matan, la oportunidad de negociar con el Estado. Porque se le reconoce la capacidad de exigir condiciones para dejar de matar. Porque se admite la posibilidad de hacer cesiones por parte del Estado. Porque se premia dejar de delinquir, pervirtiendo nuestro sistema de convivencia que se basa en castigar el incumplimiento de la ley, no en premiar su cumplimiento. Por tanto, el diálogo nunca podrá ser la única vía de solución. Ni siquiera es una solución posible,como la experiencia se ha encargado de demostrar.

¿No se puede cuestionar la decisión del gobierno de negociar porque todos lo han hecho? Desconozco cuánto hay de verdad en esa afirmación. Unos admiten, con matices, que han negociado, otros que sólo hablaron para conocer sus intenciones (¿?), el resto que ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Nunca sabremos la verdad, pero yo no necesito saberla. Que todos los gobiernos anteriores hayan negociado con ETA es irrelevante. No convierte en un acierto que lo haga el actual, ni lo legitima para hacerlo. Cualquier gobierno que lo haya hecho, sea del color que sea, ha cometido un grave error y ha debilitado nuestra democracia.

Y sin duda, es de hipócritas criticar lo que está haciendo nuestro presidente si es cierto que quien lo critica también lo ha hecho en el pasado. En esto tiene razón, pero es penoso tenerla sólo en el más superficial de sus argumentos, en el de menos peso.

Entonces ¿qué hacemos?¿cuál es la solución? Existe un error de partida por parte de quienes consideran que la existencia de ETA es un problema político al que hay que aplicar soluciones políticas. Realizan esa especie de correlación absurda que lleva a la creencia de que la solución de un problema debe tener forzosamente la misma naturaleza que éste. Lo erróneo de ese planteamiento debería ser suficiente para concluir que la negociación no es necesariamente una solución, pero yo voy más allá. Yo niego la mayor. No estamos ante un problema político, sino ante un problema policial y judicial. Las cuestiones políticas tienen un escenario bien definido en nuestro Estado. No se puede otorgar carta de naturaleza política a ningún planteamiento que no se realice dentro de los cauces que los propios ciudadanos hemos establecido. Lo contrario, admitir que el asesinato es un problema político si sus motivaciones también lo son, es otra concesión política. A un problema de orden público, apliquemos los instrumentos que creamos entre todos hace casi 30 años. Después, cuando no queden dudas de la supremacía y la fortaleza del Estado de Derecho, y sólo entonces, si hay que ser generoso, que se sea.


sábado, 10 de marzo de 2007

Adolescentem versus adultum

En contra de lo que pudiera parecer, por el significante y por el significado, la palabra "adolescente" no tiene su origen en una derivación de la forma verbal castellana dolor/dolencia. Desde un punto de vista etimológico, el término "adolescente" deriva del participio presente del verbo latino "adolescere"; es decir, "adolescentem", el que está creciendo. Del mismo verbo, en forma de participio pasado, proviene el término "adulto"; "adultum", que ya ha crecido. Y conste que éste es latín "wikipedia", que del que me enseñaron en bachiller sólo me ha quedado el "rosa, rosae" y, si acaso, mi devoción por las letras, las de negro sobre blanco claro. Por cierto, la aclaración me ha hecho recordar aquella anécdota en la que alguien va al oculista quejándose de que se le juntaban las letras y éste le responde guasón: ¡Pues págalas, coño!. Y después de esta tontería, vayamos al asunto.

El primer amor, el descubrimiento del sexo, los primeros sorbos de libertad y algún atisbo de independencia rudimentaria son los primeros placeres de la adolescencia. La cara de la moneda. El primer desengaño amoroso, la represión indeseada del deseo y los límites impuestos por los adultos o las circunstancias, la cruz. ¡Y qué cruz!

Sí, lo han adivinado. Tengo un hijo adolescente. Es un chaval inteligente, despierto, buena gente y saca magníficas notas. Que yo sepa, y suelo estar pendiente, no frecuenta malas compañías, no fuma, no bebe pero.....Siempre hay un pero. Se ha vuelto irrespetuoso, irascible, protestón, ¡¡hasta dice que está deseando marcharse de casa!! Aviso: absténganse de enviarme correos masivos aquellos padres cuyos hijos cuarentones aún no han abandonado el nido, porque no es mérito mío. Ésas son las tonterías, o eso espero, que se dicen con 15 años, cuando todavía no saben el frío que hace ahí fuera.

No obstante, de todo eso, lo que más me preocupa es la falta de respeto. Puedo entender la rebeldía, el deseo de más libertad e independencia, su convicción permanente de que siempre lleva razón o su concepción maniquea de nuestra relación, en la que es fácil adivinar quién es siempre el malo de la película, pero me cuesta comprender y admitir su actitud irrespetuosa. Porque la falta de respeto impide la relación humana, el diálogo, la negociación en situaciones de conflicto, que a su edad son frecuentes e inevitables y, en definitiva, la admisión natural y voluntaria de la autoridad, lo que los juristas romanos llamaron la "auctoritas" en contraposición con la "potestas", tan imprescindible para la formación del "que está creciendo" como persona, del adolescentem.

Algunos padres, los que creemos en la cultura del esfuerzo y la necesidad de la existencia de límites, tenemos la sensación de que estamos sólos en esto, porque después salen a la calle y no ven esos mismos límites en la sociedad, en su entorno. Reciben constantemente el mensaje machacón de que no es preciso esforzarse. En el colegio, cuando se pasa de curso aunque las suspendas todas. En la televisión, cuando ven que hay futbolistas que ganan 1.000 millones al año sin sudar la camiseta o famosillos que cobran millones por ponerse a parir en público. En su pandilla, cuando sus amigos tienen "moto", móvil, ropa de marca, internet o consola de última generación aunque saquen malas notas. ¿Qué iluso puede pretender luchar contra todo esto y, simultáneamente, aspirar a mantener el cariño y el respeto de su hijo adolescente? Pues aquí hay dos. Como diría mi admirado Sabina en una de sus mejores canciones: "Que no se ocupe de ti el desamparo, que cada cena sea tu última cena, que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena".

P.D.: Sé que lo vas a leer y que, una vez más, vas a mover la cabeza diciendo "Éste sigue sin enterarse de nada y encima va aireándolo por ahí. ¡Qué vergüenza!". ¿Y qué le vamos a hacer?


sábado, 3 de marzo de 2007

Democracia ¿representativa?

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de charlar de manera informal con un alcalde, socialista para más señas, de un pueblo sevillano de unos de 20.000 habitantes. Se quejaba el buen hombre de lo difícil y desagradecida que era la política municipal. Que si sus paisanos no comprendían el grado de complicación que había alcanzado la gestión del ayuntamiento, que si no entendían la mayoría de las decisiones que se veía obligado a tomar, que si nunca llovía a gusto de todos, que si siempre te estaban tirando a la cara que tu sueldo lo pagan ellos, que si........

Todos esos "que si" no eran más que el preámbulo que justificaba lo que me diría a continuación. Con toda la complejidad de la sociedad actual y de muchos aspectos municipales (tributos, urbanismo....), los ciudadanos no podían permitirse el lujo de estar cambiando cada cuatro años de alcalde, vino a decirme. Con lo que cuesta formar a un buen político, resulta que cuando ya se está enterando de la película, se encienden las luces del cine y se pira la gente.

Un poco sorprendido, le pregunté si lo que me estaba planteando era la conveniencia de profesionalizar la política. En efecto, por ahí iban los tiros. Tenía delante de mí a un socialista veterano afirmando implícitamente que no todos los ciudadanos debían acceder a cargos representativos, porque no todos estaban capacitados para ejercerlos.

Animado por su atrevimiento y por lo campechano de la charla, sentí curiosidad por conocer su reacción si aplicábamos ese mismo razonamiento al otro lado de la ecuación: los votantes. Me miró entre extrañado e indignado y me dijo que la esencia de la democracia era "un hombre, un voto". Bueno, una mujer también claro, añadió absurdamente. Me dijo que esas ideas eran reaccionarias e intolerables. Al verlo tan alterado, me limité a sonreír y a intentar excusarme por parecer lo que no era.

Al recordar estos días aquella conversación, me he vuelto a preguntar si es razonable que todos los votos tengan el mismo valor. Hubo una época en que la existencia de clases sociales extremas, la falta de oportunidades iguales para todos o las desigualdades basadas en la cuna y no en el esfuerzo y las capacidades individuales, justificaban esa máxima de "un hombre, un voto". Hoy en día, con un Estado del Bienestar que facilita la igualdad de partida para la mayor parte de la población ¿por qué tiene que valer igual el voto de un ciudadano que se ha preocupado de formarse e informarse aprovechando esas oportunidades, que el de aquél que no lo hace? ¿por qué a un político profesional le parece bien aplicar este criterio para decidir quiénes deberían ser elegibles, y se escandaliza cuando se plantea aplicarlo a quienes podrían ser electores? ¿quizás les resulte más conveniente que quienes les elijan no tengan capacidad de crítica? ¿es una democracia real aquella en que el ciudadano no participa más que cada 4 años y en la que la separación de poderes brilla por su ausencia? ¿por qué nos escandalizamos ante una reflexión sobre la calidad individual del voto, y no lo hacemos ante la bajísima calidad democrática de nuestra país? ¿quizás porque nos da miedo pensar en lo primero y vivimos muy cómodos con lo segundo?

viernes, 2 de marzo de 2007

Sobre el cierre de Delphi

Sin duda, el más que probable cierre de la factoría de Delphi en Cádiz es una tragedia para miles de personas y, en ese sentido, no puedo menos que lamentarlo. Sin embargo, es sano preguntarse si todos han hecho sus deberes antes de llegar a esta situación.

Por un lado, la empresa. ¿Es ético aceptar subvenciones millonarias sabiendo que la empresa no era viable?¿Qué iba a ocurrir cuando, agotadas las subvenciones, el balance reflejara la cruda realidad? Si la empresa "trincó" la pasta que se entregó a cambio de unos resultados concretos y esos resultados no se han producido, esa pasta hay que devolverla con sus correspondientes intereses. Hay que transmitir a los empresarios que engañar a los ciudadanos no sale gratis.

Por otro, la Administración. Desconozco los criterios y condiciones con los que se entregaron los 60 millones de euros a Delphi, entre otros motivos, porque nadie los ha hecho públicos. No obstante, quiero creer que la entrega de ese dinero se hizo tras la presentación por parte de la empresa de un paquete de medidas creíble y realista que permitiera poner en números negros el beneficio operativo. Porque si no fue así, si lo que se hizo fue un acto de fe sobre la evolución positiva de la empresa y no hubo el más mínimo seguimiento sobre el adecuado empleo del dinero público.....Pónganle ustedes el adjetivo que les parezca más adecuado.

Y finalmente, el comité de empresa. En Cádiz existe el convenio del metal más alto de toda Andalucía, y no sé si de todo el país, producto de un poder desmedido de los sindicatos para exigir mejoras económicas en un escenario de concentración relativa de industria siderometalúrgica, en general muy poco competitiva y pseudopública. Por ley, la empresa debe entregar al Comité los balances anuales, por lo que no puede alegar ignorancia sobre la situación de la misma. ¿Y qué han hecho los sindicatos para que la evolución de la productividad sea acorde con la de los salarios? ¿Qué ideas o planteamientos ha aportado el Comité para mejorar la cuenta de resultados de la empresa y conservar sus puestos de trabajo?

A la vista de estas reflexiones, parece que todos han suspendido el curso.

Es evidente que si una empresa no le resulta rentable a los propietarios del capital, esa empresa terminará cerrando y empobreciendo a la comarca donde esté radicada, y ni las subvenciones ni las movilizaciones post mórtem evitarán lo inevitable. En todo caso, retrasarán el entierro metiendo el cadáver en una cámara frigorífica.