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miércoles, 21 de abril de 2010

De velos y otras veleidades

Ya se ha escrito en varias ocasiones en la taberna sobre el dichoso velo. O más bien sobre lo que su prohibición significa. Suele ser un asunto recurrente y, cómo no, vuelve a estar sobre la mesa. Esta vez, la polémica real tiene poco que ver con la religión, la tolerancia o las libertades individuales, aunque cada cual quiera arrimar el ascua a su sardina. Pero la cuestión es mucho más simple que todo eso y constituye una clara muestra de cómo un mismo hecho, la prohibición de usar el velo, puede ser admisible en función de sus motivaciones. A uno, que en principio está claramente en contra de la prohibición del velo o el burka, le parece razonable en el caso que nos ocupa. No se trata más que de dar cumplimiento al reglamento interno de un centro educativo, elaborado por el Consejo Escolar en el uso de sus atribuciones, en el que se dice que "en el interior del centro no se permitirá el uso de gorras ni de ninguna otra prenda que cubra la cabeza". Se trata pues de una cuestión de respeto y educación, en un entorno concreto y específico, que atañe a musulmanes, católicos, ateos, judíos o raperos.


miércoles, 13 de febrero de 2008

Desvelados por el velo de la ignorancia

Cada uno es libre de opinar que lo adecuado es permitir que se acuda al colegio con velo. O de pensar justo lo contrario. Lo grave es pasar del pensamiento a la imposición a través de leyes. Lo tremendo es coartar el ejercicio de la libertad individual cuando no interfiere en derechos y libertades ajenas.

Si se trata de adultos, la cuestión parece clara. De ahí que algunos argumenten que en el caso que nos ocupa se trata de niñas que no están ejerciendo su libertad, sino padeciendo la imposición de sus padres. Podría ser. Pero ¿y qué hacemos con las imposiciones paternas sobre la hora de volver a casa, hacer la primera comunión, restringir el uso de internet, el ordenador o la play, estudiar piano o ballet, ir a misa los domingos, rezar antes de acostarse o no permitir a su hija llevar una falda por encima de la rodilla? Es cierto que no todos somos buenos padres, pero no es menos cierto que más allá de comportamientos claramente inadmisibles como el maltrato o los abusos, el tipo de cuestiones a las que me he referido no pasan de ser imposiciones que nos parecen mal o bien en función de nuestras creencias y principios. En otras palabras, no son universalmente concebidas como negativas, sino que están sometidas a un alto grado de subjetividad.

O admitimos el derecho de los padres a educar a sus hijos menores conforme a sus valores y creencias, o permitimos que el Estado usurpe esa función regulando conductas con normas que bailen al son del gobernante de turno.

A quien abogue por éste último modelo, le diría que si uno promete hacer una ley que impida llevar velo en las escuelas públicas con el argumento de que es discriminatorio para las mujeres, debería ser coherente con ese argumento y llevar ese razonamiento hasta el final. Porque si es discriminatorio, no sólo lo es en la escuela pública, sino también en la privada. Y no sólo en la escuela, sino en la calle. Y no sólo en la calle, sino en su casa. Y cuando entremos en la casa de los ciudadanos, ya nada será igual. Por todo ello, a quien sea partidario de permitir que el Estado regule conductas individuales que no limitan derechos y libertades de terceros, quizás convenga recordarle el famoso sermón que Niemöller escribió tras comprobar las consecuencias de la política nazi que inicialmente apoyó:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
(Martin Niemöller)

sábado, 9 de febrero de 2008

Dudas existenciales

¿Es el velo un signo de discriminación hacia la mujer o un símbolo religioso? ¿Y quién decide si es lo uno o lo otro? ¿Por qué existe una asignatura de religión en la escuela pública? ¿Discrimina la Iglesia a la mujer? ¿Por qué la Junta Islámica puede meterse en política y la Conferencia Episcopal no?


martes, 23 de junio de 2009

Prohibiendo que es gerundio

Hoy escuchaba en la radio las opiniones, agresivamente unánimes por cierto, de unos contertulios aplaudiendo entusiasmados la prohibición del uso del burka en Francia. También eran unánimes las de las de los oyentes que llamaban o enviaban mensajes. Es de esos asuntos recurrentes, como el del velo, que resurge cada cierto tiempo.

Los argumentos a favor de la prohibición ponían los pelos de punta, aunque seguramente sólo los míos. Decían que había que prohibirlos porque eran una imposición -argumento con el que estoy absolutamente de acuerdo cuando ello sea así, aunque para proteger la libertad individual, y no sólo del burka impuesto, ya hay leyes en Francia, lo que haría innecesaria la nueva-, pero, añadían, aunque la mujer se lo pusiera voluntariamente, también habría que prohibírselo porque seguramente estaría alienada. Llevado ese argumento hasta el final, podrían por ejemplo obligar a las mujeres maltratadas a presentar denuncia aunque no quieran, negando incluso la posibilidad de que alguna de ellas sea masoquista.

Legislar coartando las libertades individuales es un camino peligroso.


jueves, 7 de abril de 2011

De poderes sin quereres

Uno tiene derecho a no declarar contra sí mismo. Y es legítimo, además de legal. Que los ciudadanos piensen que quien actúa así tiene algo que ocultar, también es legítimo. Darse golpes de pecho indignados porque los ciudadanos pensemos así sólo puede ser producto de la falta de escrúpulos o la idiocia.

Una juez solicita a la Junta de Andalucía, que además es parte en el procedimiento -para defender, o eso dicen, el interés de lo público-, las actas de las reuniones de la Junta de Gobierno. La Junta dice que son secretas. Miente. Nada dice de su carácter secreto el art. 30 que regula el funcionamiento del Consejo de Gobierno. Pero aunque quisieran forzar ese carácter de materia reservada por aplicación extensiva de lo dispuesto en el art. 31 -que ni menciona las actas-, nadie les impide levantar el velo de dicha reserva a ellos mismos según ese mismo art. 31.

O sea. Las actas no son secretas, pero si se forzara la interpretación legal del precepto, podrían considerarse así. Por otro lado, esa naturaleza secreta sólo depende de la voluntad de quien se niega a entregarlas con el peregrino argumento de que cometería una ilegalidad porque son secretas. ¿Lo pillan? Conclusión: pueden pero no quieren poder, salvo el suyo, claro.

Ni comisiones de investigación en el Parlamento, ni colaboración con la justicia, ni destituciones, ni dimisiones. Está claro que la transparencia brilla por su ausencia, pero también que todo está claro, muy claro, casi transparente. Después nos llamarán extremistas y antidemócratas a quienes pensamos que la presunción de culpabilidad es la única postura que nos queda a los ciudadanos honrados.


jueves, 18 de agosto de 2016

De buenismos y otras torpezas

Dice el gobierno francés que el burkini no es compatible con los valores de Francia y de la República. Si mal no recuerdo, uno de esos valores es la Libertad.

Es éste un debate recurrente -ya reflexionábamos por aquí hace años sobre el velo o el burka-, y ciertamente polémico. No voy a repetir los argumentos que ya expuse en su momento en aquellas entradas o en los interesantes comentarios que suscitaron, pero sí me gustaría añadir alguna reflexión respecto del burkini, no muy distinta ni distante de las que vertí por aquel entonces.

Al parecer -y digo al parecer porque no me queda demasiado claro-, lo que se pretende con su prohibición es proteger la libertad individual de las mujeres. Veamos. Si la mujer afectada por la prohibición usa el burkini por convicción personal, por recato, por respeto a sus creencias, en definitiva, porque le da la gana, tal prohibición conculcará de manera inadmisible su libertad individual. Si usa el burkini por imposición de un tercero, lo que se conseguirá es que esa mujer no pueda ir a la playa y, además, no evitará que ese tercero siga vulnerando su libertad individual.

En definitiva, la prohibición del burkini empeorará la situación de todas las mujeres, tanto de las que lo usan voluntariamente, que haberlas haylas, como de las que no. Las primeras verán limitada su libertad individual. Las segundas, no sólo continuarán oprimidas por sus maridos o su entorno, sino que además tendrán que dejar de ir a la playa.

¿De verdad puede defenderse una prohibición que perjudica a todas las personas a las que pretende beneficiar? Como dice el refrán, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.


domingo, 1 de abril de 2012

Entre la contumacia y la utopía

Leo hoy en el periódico una entrevista al alcalde de Marinaleda, ese personaje político a medio camino entre la contumacia honesta y la utopía. Es descarado, iconoclasta, peleón. A mí me cae bien. Desde luego, nada tenemos en común desde el punto de vista ideológico. Si acaso, la absoluta convicción de que el Estado debe garantizar la igualdad de oportunidades. Pero al menos hay que reconocerle coherencia personal entre su austeridad vital, su compromiso social y su prédica. Es un político fuera de lo común, porque lo común entre nuestros políticos es el coche oficial, la incoherencia, cuando no la contradicción, entre el discurso y el decurso del poder. Otra cuestión bien distinta es su coherencia ideológica, fácil de comprar, robusta en apariencia, pero bastante endeble en cuanto se rasca un poco. Mercancía averiada que dirían algunos.

Échenle si no un vistazo a la conferencia que dictó en el Foro Social de Ferrol y que está colgada en la página de su partido. Les aseguro que merece la pena escucharla entera y conocer algo más del personaje. Para quienes no tengan tiempo o ganas -ellos se lo pierden-, he editado un vídeo con los momentos estelares.





Aunque el vídeo se comenta solo, añadiré algunos comentarios.

Cuando habla de los presupuestos participativos, de cómo les explica a los vecinos "de dónde vienen los dineros" y de cómo éstos quieren que no se gaste el dinero del pueblo, sino que el dinero venga de fuera.. Vamos, que la riqueza creada por otros gracias al asqueroso capitalismo, se transfiera al pueblo.

O cuando habla de la estrategia de que, en la construcción de sus propias viviendas por parte de los vecinos, éstos no deben conocer cuál de las viviendas va a ser la suya para que así no ponga un especial esmero en ésa en detrimento de las demás. Vamos, que seguro que ha leído a John Rawls y su "velo de la ignorancia".

O cuando, para explicar todos los logros sociales de su pueblo, empieza a presumir de guardería municipal por 12 euros al mes, incluida comida, piscina municipal de verano y de invierno por 3 euros al año, pabellón cubierto, campo de cesped artificial y de cesped natural, un equipo en tercera división, pistas de padel, pistas de tenis, gimnasio municipal... y termina afirmando que los "bienestares colectivos no deben tener límite, que los que deben tener límite son los bienestares individuales" (sic). Vamos, que el pueblo parece el barrio de Salamanca, pero en versión comuna.

O cuando explica que pretendían instalar un huerto solar en Marinaleda para tener "soberanía energética" y se queja amargamente de que la ley no se lo permitió, a pesar de que eran los propietarios de las tierras y de los paneles solares. Resulta cuando menos curioso, por no decir contradictorio, que precisamente él pretenda hacer valer el derecho de propiedad o se queje del intervencionismo estatal. Llega a decir que "si la hemos comprado y los hemos pagado [la tierra y los paneles solares], son nuestros, ¿no?; bueno, eso creía yo". El problema es que también hay que creerlo cuando se trata de la propiedad ajena, y no sólo de la de uno. Flaca memoria la de los expropiadores...