miércoles, 30 de abril de 2014

La contentura del presidente...

Dice el señor Rajoy que está muy contento con los datos de la EPA. El que no se consuela es porque no quiere. O porque tiene trabajo.

Ya mostré hace casi un año la cara oculta de la EPA, la que muestra sin tapujos la realidad. Quizás sea hora de volver a mostarla para que aterricemos y hagamos algunas reflexiones al respecto.

Lo que dice realmente la EPA es que desde que gobierna el PP -último trimestre de 2011-, hasta ahora, hay un millón y medio menos de personas produciendo bienes y servicios en nuestro país, y que los últimos tres trimestres se ha seguido destruyendo empleo.


Fuente: INE (Elaboración propia)


También dice que no ha dejado de descender el porcentaje de población que trabaja, un dato que, a diferencia de la tasa de actividad -porcentaje de personas que trabajan respecto de las que están en edad de trabajar-, muestra la proporción de población que genera ingresos, y por tanto paga impuestos, para sostener a la población que no los genera. En este último trimestre, algo menos del 36% de la población y bajando.


Fuente: INE (Elaboración propia)



Fíjense en un detalle. En 2009 y en 2013 se produjeron en el país bienes y servicios por valor aproximado de un billón de euros, el famoso PIB. Pero en 2013 había tres millones menos de personas trabajando que en 2009. Es como si ustedes tuvieran una empresa con 1.000 trabajadores, facturaran al año 40 millones, y al año siguiente facturaran lo mismo con 160 trabajadores menos. ¿Cómo se puede producir lo mismo con un 16% menos de trabajadores? Respóndanse ustedes mismos.

Y por último, para los que critican esa falsa austeridad que nos sigue llevando por el camino mostrado, una buena noticia. El gobierno ha comunicado a Bruselas su previsión de endeudamiento para el ejercicio 2014: 81.190 millones de euros. O lo que es lo mismo, el gobierno prevé que el Estado gaste 81.190 millones de euros más de lo que prevé ingresar en 2014, 5.000 millones más de desviación que en 2013.

¿Austeridad? ¡Y un mojón...!



miércoles, 23 de abril de 2014

Evocación

Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, la chiquillería correteaba entre risillas nerviosas buscando los soportales que rodeaban el patio del monasterio. En el suelo, abandonados por la prisa, tejos coloreados, algunos trompos astillados, una muñeca de trapo empapada, el sonsonete casi litúrgico de los goterones sobre las losas... Un trueno devolvió al padre Julián al presente de un respingo, tan violento, que le obligó a apoyarse con urgencia en el bastón para permanecer erguido justo en el centro del patio del monasterio, ahora abandonado y en ruinas. El agua por los tobillos, la sotana pesada, los recuerdos húmedos, la vieja muñeca de trapo en el bolsillo...  


domingo, 20 de abril de 2014

A estas alturas...

Que sí, que Andalucía arrastra siglos de retraso, explotación y ninguneo. ¿Pero hasta cuando vamos a seguir utilizando esa verdad caducada para justificar que sigamos a la cola de España y de Europa a pesar de  haber recibido decenas de miles de millones de euros en las tres últimas décadas procedentes de los contribuyentes europeos?

Que digo yo que alguna responsabalidad tendremos los andaluces. Los gobernados que eligen y los gobernantes elegidos. Aunque algunos sigan todavía en ese machito comodón de que la culpa siempre es del otro. Y si no, escuchen lo que decía ayer un tertuliano profesional de mi tierra, asiduo de las tertulias patrias y ahora de las nacionales, abogado, antropólogo, estudioso del árabe y ex viceconsejero de la Junta, cualidades todas ellas que, a lo que se ve, tampoco garantizan el rigor intelectual.

Dijo este paisano que estamos en la PAC desde que entramos en la Unión Europea en el 82 (¿?), que en la PAC no hay subvenciones sino ayudas (¿¿??), y que en Andalucía llevamos siglos de oligarquía en el campo y de oligarquía empresarial. Y remata presumiendo de que es nieto, biznieto y tataranieto de jornaleros y que ha podido ir a la Universidad gracias a la democracia y a los gobiernos progresistas de Andalucía (¿¿¿???). Que puede que sea cierto, pero como no empezara la Universidad rondando los 30 años me temo que las fechas no terminan de encajar.





viernes, 18 de abril de 2014

Que no lo dice el gobierno...

Lo dice la Cámara de Cuentas de Andalucía, en un informe publicado hace unos meses sobre las subvenciones a la formación profesional para el empleo de la Junta de Andalucía. Y dice cosas como las que siguen.

"Con carácter general, no hay constancia en los expedientes de la inscripción o acreditación del beneficiario en el registro de centros y entidades de formación profesional para el empleo en Andalucía."

"La Ley General de Subvenciones (LGS) contempla la concurrencia competitiva como norma general para la concesión de subvenciones y solo excepcionalmente procedimientos distintos a éste. Sin embargo, el 89% y el 36% de las ayudas de 2009 y 2010, respectivamente, se concedieron utilizando el procedimiento de concurrencia no competitiva."

"Por último, en el informe se recoge un apartado relativo al seguimiento de las recomendaciones del informe de determinadas áreas del SAE del ejercicio 2004. Con carácter general, no se han implantado las recomendaciones propuestas por la Cámara de Cuentas, ni se han subsanado las deficiencias detectadas en el informe anterior [...]; continúa existiendo disparidad de criterios entre las distintas provincias, debilidades en el archivo de los expedientes y de control interno; y se siguen detectando deficiencias similares en los expedientes de ayudas concedidas en 2009 y 2010.."

Esos fragmentos pertenecen al resumen del informe, que pueden leer completo en el BOJA del 5 de Febrero de 2014 y que no tiene desperdicio. Pueden perder parte de su tiempo en leer lo que dice la Cámara de Cuentas de Andalucía, cuyo pleno está compuesto por siete Consejeros, designados por el Parlamento autonómico mediante votación por mayoría de tres quintos. O pueden asumir como cierto lo que dice el gobierno andaluz al respecto. Elijan ustedes.


jueves, 17 de abril de 2014

Otros cuatro golfos...

El portavoz del gobierno andaluz tiene un blog. En él niega categóricamente que haya existido fraude en el uso de fondos para formación por parte de la Administración andaluza y acusa al gobierno de la nación de un gran montaje. Espero sinceramente que tenga razón. Toda la razón. Y que esto, a diferencia de lo que decían sobre el asunto de los ERE, sí que se quede en una cosa de cuatro golfos.


viernes, 11 de abril de 2014

De la lengua y el sexo...

"Y le digo de expertos porque quiero recordarle que no hay ninguna experta...", le dijo la señora Soraya Rodríguez esta semana a su tocaya en el Congreso. Toda una pregunta parlamentaria simulada para poder recriminar en sede parlamentaria a la Vicepresidenta un machismo radical que no se cree ni ella.

Confundir género con sexo, género gramatical con género natural, en un afán de parecer el más progre de entre los progres de las derechas y las izquierdas, no deja de ser una muestra más de la falta de personalidad de quienes caen en tamaña gilipollez, que son muchos. Muchísimos. Demasiados.

Hay quienes piensan que el lenguaje es machista, y que cambiarlo ayuda a solucionar el problema. Olvidan que sólo las personas pueden serlo -machistas, racistas, xenófobas...-, y que cambiar el lenguaje sólo facilita un parapeto facilón a quienes realmente lo son para dejar de parecerlo. A los otros, a quienes no lo somos, nos basta con nuestro comportamiento diario y una sonrisa burlona cuando escuchamos o leemos tanta sandez.

Y si no, recuerden a ese consumidor masivo de lenguaje políticamente correcto, tan comunista él, refiriéndose entre risas a una delegada de Educación como "la de las tetas gordas". Y que conste que a mí, esa expresión no me pareció machista, sino una grosería inoportuna. Pero claro, a quien defiende el compañeras y compañeros como símbolo de feminismo, cabe exigirle un mínimo de coherencia. Aunque sólo sea en el lenguaje.


jueves, 10 de abril de 2014

De cuando la estatura del enemigo muestra la propia enanez...

El vídeo es de hace algo más de un año, pero vista la involución intelectual de cualquier nacionalista en el tiempo, es más que probable que su pensamiento actual sea aún más hueco e inconsistente.

Le preguntaron cómo pensaba ERC, partido de la que es segunda mente pensante, financiar el Estado catalán tras la separación de España. Si yo fuera un independentista catalán, sabría que es una pregunta de libro en cualquier rueda de prensa que ofreciese y me la habría preparado a conciencia. Por ejemplo, habría analizado los ingresos y los gastos esperables de una Cataluña independiente, los habría clasificado por tipos de impuestos y por partidas globales respectivamente, y las habría sazonado con medidas concretas para aumentar los ingresos y reducir los gastos sin aumentar impuestos ni eliminar servicios. En definitiva, me sabría de memoria todos esos datos y los presentaría de forma didáctica y creíble cada vez que me preguntaran por eso. Y más allá de que lo que contara fuese o no posible, al menos ofrecería una cierta imagen de rigor en la respuesta que demostraría que me preocupa cómo pagar todas las facturas del nuevo Estado catalán al día siguiente de la independencia.

¿Pero creen ustedes que eso es lo que responde la señora Marta Rovira? Pues si consiguen vislumbrar tras la retórica de su respuesta algo que no sean lugares comunes -tendremos una agencia tributaria propia que recaudará impuestos y los gastaremos de la manera más eficiente posible-, ya me lo cuentan ustedes.






Ante este nivelito del independentismo, uno no termina de entender la errada estrategia de este gobierno frente a la posibilidad de que se celebre un referéndum consultivo en Cataluña. Porque si no se consideran capaces de rebatir estos argumentos para mostrar al pueblo catalán el tremendo error que supondría la independencia de Cataluña y ganar ese referéndum, entonces es que este gobierno ya no tiene solución.


martes, 8 de abril de 2014

En un principio, dos historias... Otra vez

Enamoradizo

Le deseé que tuviera un buen turno sonriéndole un piropo con esa cara de tonto que le deja a uno el duermevela y me acurruqué en la ausencia todavía cálida de su lado de la cama. Creí escuchar el portazo cuando se marchó, apenas amanecido el día, aunque realmente nunca supe si lo soñé. Como tampoco sabría ya si aquella mañana aún me quería, o si alguna vez me amó. Si tendríamos los hijos que nos habíamos prometido o si plantaríamos juntos ese árbol en nuestro jardín... A pesar del profundo amor que surgió cuando me atendió en urgencias la noche anterior, jamás la volví a ver.


Misantropía

Le deseé que tuviera un buen turno cuando me crucé con Marta al salir de casa camino del trabajo.  Ella volvía del suyo con la sonrisa cansada pero tan guapa como siempre. Ya desde novios, nuestros trabajos lo eran todo. Fuera de ellos nos limitábamos a soportar la vida. Después nos casamos. Al principio todo era maravilloso, pero vinieron los hijos y nuestros padres, envejecidos y enfermos, se mudaron a casa. Había que cuidarlos, hacer la compra, ver la tele en el sofá, leer algún libro, celebrar cumpleaños y navidades, ir de vacaciones todos juntos… Insufrible. Por eso decidimos hacer turnos después del trabajo.


sábado, 5 de abril de 2014

Un problema de credibilidad...

El ministro Gallardón quiere hacer la mayor reforma del Poder Judicial de los últimos decenios. Dice que para mejorar su calidad. Miedo me da. Porque alguna vez que se ha querido agilizar la Justicia, han terminado reduciendo las garantías del justiciable elimando el derecho a la segunda instancia o aumentando las tasas judiciales.

Ya veremos cómo termina el asunto, pero un par de detalles de dicha propuesta ya apuntan maneras. En lugar de eliminar los aforamientos, uno de los muchos privilegios de nuestros políticos, los amplía a la Casa Real. Y para rematar la politización del CGPJ, cuatro de sus miembros podrán repetir mandato cuando toque renovarlo, lo que terminará convirtiéndose en un concurso de quién hace mejor la pelota a la clase política que tiene que reelegirlos.


jueves, 3 de abril de 2014

Sobre salarios, dignidad y libertades...

Cuando empecé a escribir esta entrada jamás pensé que pudiera dar tanto de sí el comentario de un amable parroquiano. Sí, ya sé que me lío a escribir y no sé cuándo parar, y que las entradas largas no son las más populares para un blog, pero seguro que me perdonarán ustedes los excesos en mi afán de aprovechar cualquier tema para intentar ser algo didáctico en esto de la economía.

De todos los sectores económicos de un país, el sector servicios es el más intensivo en el empleo de mano de obra y el sector industrial el más intensivo en capital. Dado que esos son los dos factores esenciales de coste, el precio final de los bienes producidos evolucionará en función de ellos.

En un país como el nuestro, en el que el sector servicios tiene un peso aproximado del 70% del PIB, resulta evidente que los precios de venta de los bienes producidos por dicho sector influirán decisivamente sobre los salarios pagados. Cuando se elevan los precios, la remuneración de los dos factores principales de coste también se elevará. Y viceversa.

Pero, ¿en qué medida variará para cada uno de ellos? Pues dependerá del entorno económico, político y social del país en el que esa empresa desarrolle su actividad. Si se trata de un país donde funcione razonablemente bien el libre mercado, exista seguridad jurídica y sus ciudadanos actúen como consumidores responsables y conscientes de su poder, es probable que cualquier variación de precios se transmita hacia esos dos factores productivos de manera más o menos equilibrada. En caso contrario, lo más probable es que esa transmisión se produzca de manera que se remunere más a aquel factor que, en ese entorno concreto, ostente mayor poder de negociación o influencia. Ilustremos esa disquisición más o menos teórica con un par de ejemplos.

Imaginemos el primer escenario descrito. Si una empresa sube los precios, los consumidores trasladarán su demanda hacia otros productores que, con una calidad similar, le ofrezcan precios más bajos, lo que supondrá que, o bien esa empresa se adapta al mercado -mejorando su productividad, bajando salarios, reduciendo beneficios...-, o cerrará. Así, si los propietarios de esa empresa pretendían obtener unos beneficios por encima de lo que admite el mercado, o pagar a sus trabajadores salarios superiores a los de la competencia, salvo que una mayor productividad de su organización compense esos excesos, terminarán cerrando. Algo parecido ocurrirá si aspiran a pagar salarios más bajos que los del mercado para obtener más beneficios, pues en ese supuesto es probable que no encuentren trabajadores suficientes en cantidad y calidad, pues estos preferirán ser contratados por las empresas que pagan un salario acorde con el mercado. En definitiva, se verán obligados a adaptar la remuneración de esos factores al mercado en el que compite o a cerrar.

Imaginemos ahora un escenario en el que existe una economía planificada -el Estado decide cuánto se produce, cómo se remuneran los factores de producción, etc...-, y un sistema político en el que el poder lo ostenta la oligarquía empresarial. En ese escenario, resulta obvio que el poder del consumidor para influir en la remuneración de los dos factores productivos es prácticamente nulo y que los empresarios camparán a sus anchas. Y algo parecido podría decirse, aunque en sentido contrario, si el poder político lo ostentasen los trabajadores, el proletariado si  lo expresamos en términos marxistas.

Está claro que se trata de dos ejemplos extremos y simplificados que no se dan en la realidad actual, pero que ayudan a intuir qué pasaría con los salarios y los beneficios conforme nos movamos hacia uno u otro modelo. Esta es una de las formas -la modelización de la realidad-, en la que la Ciencia Económica y otras Ciencias Sociales trabajan para perfeccionar el conocimiento en unas áreas en las que no es posible hacer experimentos ni con gaseosa.

Viene todo este rollo al hilo de un comentario que un querido parroquiano de esta taberna hizo en esta entrada, en el que planteaba la necesidad de que los salarios sean dignos. Sin duda, cualquier persona de bien estaría de acuerdo con esa exigencia. Pero no nos quedemos en el deseo, hagamos alguna reflexión sobre él y rasquemos un poco. ¿Qué es un salario digno? Quienes aplaudimos esa reivindicación, ¿podemos hacer algo al respecto, aparte de manifestar ese deseo? ¿Tenemos alguna responsabilidad en que los salarios sean como son?

En nuestra faceta de consumidor, todos los ciudadanos tomamos decisiones a diario casi sin darnos cuenta del poder que podemos ejercer con ellas. Decisiones como la de comprar la fruta en un centro comercial o en la frutería del barrio, o contratar un seguro en una u otra compañía, o llevar a reparar el televisor a uno u otro servicio técnico, o comer en un restaurante o en otro. Lo normal es que esas decisiones estén presididas por un afán de optimizar nuestros recursos económicos y, por tanto, compremos a aquellos empresarios que, satisfaciendo la calidad que exigimos, nos resulten más baratos. Es cierto que algunos consumidores priman otros aspectos sobre el precio, como que esos productos no hayan sido fabricados bajo determinadas circunstancias -explotación infantil, contaminación,...-, o que sean de una determinada nacionalidad, o que se produzcan respetando unas determinadas conductas que al comprador le parezcan dignas de ser remuneradas por encima del precio de mercado. No obstante, supongo que estaremos de acuerdo en que, hoy por hoy, son los primeros comportamientos los que abundan, y resulta revelador que así sea.

Pues bien, si nos moviéramos en un escenario cercano al del primer ejemplo -que no es el caso de nuestro país-, resulta obvio el enorme poder de los consumidores para influir en que los salarios sean dignos, e incluso para definir indirectamente cuál es el nivel de esa dignidad. Porque limitarse a pedir, así en abstracto, que los salarios sean dignos es relativamente fácil, pero reflexionar sobre cuál debiera ser la medida de esa dignidad, y actuar en consecuencia para contribuir a que ese deseo se haga realidad, ya es harina de otro costal.

Se ve a gente indignada en las manifestaciones, en las redes sociales, en la cafetería o en la cola del autobús, exigiendo que otros creen puestos de trabajo para ellos, contratos decentes, salarios dignos. Arremetiendo contra los malvados empresarios y contra un libre mercado que, además de que apenas existe, sería el que, paradójicamente, les otorgaría más poder frente a esos empresarios que tanto denigran.

En fin, despreciamos la libertad porque trae en su mochila una responsabilidad que no estamos dispuestos a asumir, pero nos quejamos de las consecuencias de que decidan por nosotros aquellos a quienes se la hemos cedido para que la administren.


miércoles, 2 de abril de 2014

A pesar del gobierno...

Como hacía meses que no ponía sobre el mostrador el gráfico del paro desestacionalizado -ya saben, el que de verdad muestra la tendencia-, pues lo he actualizado y aquí lo tienen. Que lo disfruten... a pesar del gobierno.





martes, 1 de abril de 2014

En un principio, tres historias...

¿Esquizofrenia?

Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. Nadie se explicó nunca aquel extraño suicidio. Ni siquiera el hermano gemelo que apareció compungido en el entierro.

 

Deconstrucción

Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. Lo troceó con mimo, como siempre hacía, y lo introdujo en pequeñas bolsas de congelar que colocó cuidadosamente entre las croquetas de jamón y los cubitos de hielo. Terminó de limpiar los restos con la fregona justo cuando su madre lo llamaba para que subiera a hacer los deberes del cole. Le encantaba el invierno porque podía jugar a indios y vaqueros con muñecos de nieve. Y resucitarlos en primavera...


 
Remordimiento disociativo

Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. Escuchó el tremendo final de aquella larga conversación sin apenas pestañear, disfrutándola con una sádica sonrisa y agazapada sobre la cama para no ser vista. La voz masculina tras el biombo que la separaba de su eventual compañera de habitación se quebró tras pronunciar aquellas terribles palabras y ella, en un sollozo, mordió con rabia la almohada. Tuvo que hacerlo, María…, era él o nosotros, añadió el hombre sin demasiada convicción a modo de disculpa. Pero María ya no le escuchaba. La medicación había hecho su efecto y volvía a estar completamente sola en aquella fría habitación de hospital.