sábado, 4 de enero de 2014

Del aborto y otros negocios políticos

Desde que me interesa el mundo del Derecho, siempre me ha parecido muy ilustrativa la atenta lectura de la Exposición de Motivos que, a modo de declaración de intenciones, antecede al propio articulado de las leyes. Tanto por lo que dice como por lo que suele callar. Y el de la nueva ley del aborto, cuyo verdadero nombre, de momento, es "Ley Orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada", no iba a ser menos.

Respecto del concebido, del nasciturus, como lo llama nuestro Código Civil, la polémica y el debate siempre han estado, y estarán, servidos. Pero no es sobre eso sobre lo que hoy quería reflexionar, sino sobre un aspecto del aborto previo a ese debate. Sobre cuáles son los motivos por los que una mujer decide abortar. Y de entre todos ellos, cuáles serían subsanables por la sociedad, por el Estado, a poco que se empeñen.

Aunque las cifras pueden variar dependiendo del estudio que se tome como referencia, parece que se podría afirmar que aproximadamente la mitad de las mujeres que abortan lo hacen por causas socioeconómicas o afectivas. Por otro lado, según el Ministerio de Sanidad, el número de abortos anuales ronda los 100.000.

Haciendo algunos números, es fácil concluir que aproximadamente unos 50.000 niños más de los que nacen actualmente podrían venir al mundo en nuestro país todos los años. Y sólo con que el Estado pusiera todo su empeño en resolver a cada una de esas 50.000 mujeres su problema, la razón última por la que han decidido tomar la que, probablemente, vaya a ser la decisión más dura de sus vidas. Si el gobierno queda extasiado cada vez que se reduce el número de muertos en accidente de tráfico tras cada fin de semana o tras un largo puente festivo, ¿cómo entender que no se tome en serio la reducción del número de abortos con medidas no coercitivas, con medidas sociales que con toda seguridad serían aplaudidas por la mayoría de los ciudadanos?

Visto así, parece que cualquier gobierno que pretendiera reducir la cantidad de abortos, bien por cuestiones morales, bien por puro pragmatismo, debería centrarse primero en lo menos ideológico, en aquello sobre lo que parece obvio que es más fácil llegar a un consenso social y político mayoritario, casi unánime.

¿Y qué dice entonces esta ley sobre el asunto, a pesar de que aspira a proteger los derechos de la mujer embarazada, según reza en su título? Pues nada. O casi nada que no vuelvan a ser lugares comunes sin efecto práctico alguno. En su Exposición de Motivos, apenas un párrafo que hace referencia de pasada a las circunstancias socioeconómicas o familiares de la mujer que se plantea abortar.

¿Y en el articulado del proyecto de ley? Una pequeña modificación de un artículo de la Ley General de Sanidad, en la que se dice que las Administraciones Públicas prestarán apoyo y ayudas para el acceso a una vivienda y a las prestaciones familiares, e información de las ayudas existentes antes y después del nacimiento, así como de la asistencia económica y psicosocial reconocida, en caso de que las pruebas prenatales realizadas a la embarazada mostraran posibles problemas de salud del feto y hubiera razones para creer que la salud del niño, tras nacer, estará afectada.

¿De verdad una ley que aspire en serio a reducir la cantidad de abortos que se producen en nuestro país puede tener apenas 25 páginas, 7 artículos y limitarse a poner un par de parches en el Código Penal, en la Ley de Enjuicimiento Civil o en la Ley General de Publicidad?


6 comentarios:

Dyhego dijo...

¡Es un tema muy complicado! Yo no lo tengo nada claro, la verdad.
Salu2.

Er Tato dijo...

Entiendo Dyhego que lo que no tienes claro es el asunto ético, ¿no? Lo digo porque en mi entrada obvio ese aspecto del problema.

En cualquier caso, y como ya he dicho en más de una ocasión por la taberna, respecto del dilema ético y sí lo tengo bastante claro. Si la polémica se centra fundamentalmente en dónde debe ponerse la línea temporal para considerar que el feto es o no un ser vivo -incluso lo más acérrimos proabortistas considera que a partir de un momento determinado es un asesinato-, y en ese asunto parece no haber consenso científico exento de idelogía, yo aplico aquella máxima de in dubio pro reo, o en castizo, ante la duda, la más cojonuda, salvo en supuestos objetivamente indiscutibles, como graves malformaciones, peligros para la salud, etc...

De todas formas, está claro que es un tema muy sensible -aún recuerdo esta entrada y sus viscerales comentarios-, pero insisto en que en esta entrada quería huir del planteamiento ético y legal del problema.

Saludos

Dyhego dijo...

Tato:
Solemos reaccionar (digo "solemos" apropiándome de un plural quizás para sentirme respaldado) o suelo reaccionar visceralmente ante los temas nacionales: educación, independencias varias, aborto, trasvases de agua, república, monarquía, autonomías, etc, etc.
Conviene respirar hondo e intentar razonar y exponer TODOS los puntos de vista, pero eso casi nunca o nunca se consigue o se intenta.
Los debates en televisión son jaulas de grillos, los artículos periodísticos suelen tener el sesgo ideológico del que lo escribe. Y para colmo, a la primera palabra que digas te tachan de "progresista" o de "reaccionario".
Luego sigo, que me llaman para poner la mesa.
Salu2 interrumpidos (sin bromas ni coñas).

Er Tato dijo...

Bueno, todos tenemos vísceras, Dyhego. Si no, ¿dónde íbamos a fabricar la mierda con la que cagarnos en la madre que parió a más de uno?

¿Todos? No sé yo si Rajoy tendrá vísceras porque apenas aparenta tener sangre...

Saludos escatológicos (aunque no sea buena hora...)

Dyhego dijo...

Tato:
Con el estómago lleno (ején) y con dos latas de cerveza en el galillo, y dos bombones de licor en el gaznate y una copa de martini en el paladar... ya me veo en condiciones de seguir hablando, jejeje.
Vaya usted poniendo un carajillo, que termine de entonarme, por favor.
En cuanto al tema del aborto, echo en falta un análisis sosegado de verdaderos expertos: algún filósofo que aclare eso de si "derecho" y "obligación" son matrimonios indisolubles. Porque si el aborto es un "derecho" la gestación debería ser una "obligación"...
Algún biólogo que explique que el zigoto no es una verruga fea y peluda, como la de las brujas, que sale de pronto en la punta de la nariz. Si no me falla mi memoria escolar, para la concepción se necesita un óvulo (original de la mujer)y un espermatozoide original del hombre). La gestación transcurre en el útero (que sólo lo tienen las mujeres), vamos, si los libros no han cambiado...
Algún experto en derecho que aclare la colisión de intereses que concurren en un embarazo: la mujer, porque suyo es el óvulo y suyo el úture; el hombre, porque suyo en el espermatozoide; el nasciturus,( embionurus, zigoturus o feturus) porque, si no se interrumpe su desarrollo, llegará a convertirse en una mujer o en un hombre.
Por otro lado, ¿son fiables las estadísticas? ¿Cuántos abortos se han realizado? ¿Cuántas mujeres lo han hecho fuera de España? ¿Cómo se puede saber el número de mujeres que abortarán en el extranjero?
¿Existe algún recopilatorio de declaraciones (anónimas, por supuesto) de todas las mujeres que han abortado en el que digan por qué, qué han sentido, cómo lo llevan, etc, etc?
Oyes a unos psicólogos y te dicen que casi todas las mujeres (de nuevo el lío de las estadísticas)que han abortado han sufrido traumas, depresiones, arrepentimientos, etc. Otros psicólogos dicen que nada, en absoluto, que la mayoría de las mujeres que han abortado sólo sienten alivio.
Por eso digo que no lo tengo nada claro. Por desgracia, como hombre, nunca sabré qué siente una mujer embarazada.
Una violación es algo horrible. Saber que el hijo que se espera tendrá lesiones gravísimas (y no hablo de síndome de Down, autismo, etc)es un duro golpe.
En fin, que no lo tengo nada claro.
Tampoco se trata de llamar "asesina" a la mujer que tomado esa decisión.
Coincido con usted en que el estado debería ayudar más a la natalidad y no me refiero a ese cheque que hubo (y que yo no disfruté) de 2000 euros, sino de ayudas reales: guarderías, facilidad para faltar al trabajo para ir cien veces al pediatra, persecución implacable al que despida a una mujer por su embarazo o se le impida recuperar su puesto tras la maternidad, información sobre métodos anticonceptivos (siempre me sorprendo cómo puede haber tanto embarazo no deseado cuando todos y todas deberían saber que existe algo tan sencillo como un preservativo), etc, etc.
Bueno, perdón por la extensión.
¡Qué bueno está el carajillo que prepara usted! Ahí dejo una propina.
Salu2.

Er Tato dijo...

¿Ves Dyhego? Por eso yo digo que ante la duda, la más cojonuda.

Pongámonos en los dos supuestos extremos, a saber, a) el feto no es un ser humano hasta que lleva 24 horas desprendido del seno materno -cosas de nuestro Código Civil-, y b) se considera un ser humano desde el momento de la concepción.

Si aceptamos el aborto, ¿cual es el peor resultado posible? Que matemos a un ser humano.

Si no aceptamos el aborto, ¿cuál es el peor resultado posible? Que la madre sea infeliz o tenga secuelas psicológicas más menos graves.

Ante tanta incertendumbre, ¿qué elección parece más razonable? A partir de aquí, si empezamos a vestir el asunto de cuestiones morales, éticas, legales, personales, científicas...

Saludos pragmáticos