viernes, 26 de febrero de 2016

Con la cara lavada y recién peiná...

Esta tarde hablaban en un programa de televisión sobre las nefastas consecuencias del austericidio que hemos sufrido en el último lustro y me he acordado de que hacía tiempo que no la aseaba, la peinaba, la sacaba a dar un paseo y le hacía un foto bien emperifollada. A la deuda pública me refiero, claro.





Ya ven lo bien que le ha sentado el austericidio y lo hermosa que se ha puesto. Por cierto, no me resisto a dejaros por aquí uno de los mejores tuit que he leído en los últimos años.




domingo, 21 de febrero de 2016

¡Cómo no se nos habrá ocurrido antes...!

"Si llega, por ejemplo el Estado -fijaos qué fácil sería-, llega el Estado y dice, a no sé cuántos parados, los que sean, pues ahora os voy a dar dinero, tecleando, porque si no te va a decir que no tiene, sería tecleando, teclea dinero..." (Eduardo Garzón, doctorando en Economía y asesor del área de Economia y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid, ha dado con la tecla)





lunes, 15 de febrero de 2016

De la ciencia económica y otras ideologías...

Va a resultar interesante leerle las siguientes entregas a Eduardo Garzón sobre el supuesto mito de la inflación y la creación de dinero.

De momento, en esta primera, afirma que, ante la pregunta de qué pesa más, si un kilo de hierro o un kilo de paja, la gente responde siempre erróneamente por puro fanatismo disfrazado de ciencia. No por ignorancia, no, sino por !fanatismo disfrazado de ciencia! Y que ese mismo fanatismo lleva a afirmar que la creación de dinero genera inflación.

Al parecer, él habitó ese mismo fanatismo durante toda su carrera universitaria defendiendo que la creación de dinero generaba inflación. Hasta que vio la luz al cursar un máster en la Complutense de Madrid.

Según cuenta, allí empezaron a surgirle dudas sobre la relación entre la creación de dinero y la inflación. Por ejemplo, no entendía por qué, si los bancos privados crean dinero cuando dan un préstamo, nadie dice ni escribe que eso crea inflación.

¿Y tras terminar la carrera seguia sin entender eso? Cuando se habla de crear dinero hay que distinguir entre la creación de dinero real por parte de los Estados a través de los Bancos Centrales, que es a lo que vulgarmente se le llama imprimir dinero, y la creación de dinero bancario por parte de los bancos privados. El segundo método de creación de dinero, que es al que se refiere el señor Garzón, no tiene por qué crear inflación por la sencilla razón de que el dinero que se crea con un préstamo bancario se destruye cuando se liquida ese préstamo, creándose y liquidándose millones de préstamos todos los días. A lo mejor no le viene mal al señor Garzón echarle un vistazo a estos dibujitos animados.      

Supongo que le viene bien defender que la creación de dinero sin base real es inocua para la economía y, con ello, justificar que el Estado pueda endeudarse todo lo que necesite pues, con imprimir billetes de vez en cuando, problema solucionado. Cuando la ideología afecta al rigor científico dice muy poco de la honestidad intelectual de quien así actúa. 
 
Espero con expectación sus argumentos sobre por qué un crecimiento de la oferta monetaria por encima del crecimiento del PIB no crea inflación. Aunque, visto lo visto, no sé yo si este hombre tiene muy clara la diferencia entre base monetaria y oferta monetaria.


domingo, 14 de febrero de 2016

De propuestas para un gobierno de progreso y otros despropósitos

En el documento elaborado por el PSOE para las negociaciones con el resto de formaciones políticas, junto a propuestas positivas que comparto, conviven otras realmente negativas cuando no absurdas. Puesto que respecto de las primeras no tengo nada que comentar y, en cualquier caso, ya se encargan ellos mismos de echarle flores, permítanme centrarme en algunas de las segundas.

Como la supresión de la prioridad del convenio de empresa sobre los convenios de ámbito superior, dirigida claramente a devolver el poder de negociación a los sindicatos de clase, alejando de paso la adecuación de las condiciones de trabajo a la realidad de las empresas. Establecer que un convenio provincial o estatal de un determinado sector debe imponer los mismos costes y condiciones laborales a todas las empresas de ese sector, con independencia de que esté en Madrid, en Cuenca o en Sevilla, en una capital de provincia o en un pueblo de dicha provincia, o de que su actividad concreta tenga diferencias claras respecto de otras empresas del mismo sector va contra toda lógica económica.

O como la eliminación del procedimiento actual que, según afirman, permite al empresario de forma unilateral la modificación sustancial de las condiciones de trabajo. Fundamentalmente porque es falso. El empresario no puede realizar esas modificaciones unilateralmente por la sencilla razón de que tiene que justificarlas y, en todo caso, tales modificaciones pueden ser tuteladas por los tribunales a solicitud del trabajador. Debe ser que el señor Sánchez no termina de entender el concepto de unilateralidad.

O como la igualdad salarial de los trabajadores contratados por las empresas de servicios con los trabajadores de la empresa principal que realicen el mismo trabajo. Adiós a la subcontratación de servicios auxiliares. Porque ya me contarán ustedes, por ejemplo, cómo va a poder vender una empresa de limpieza sus servicios a otra empresa, si ésta última tiene un par de trabajadores en plantilla dedicados a esas tareas y aquélla tiene que pagar el mismo salario a sus trabajadores.

O como prohibir la cobertura de puestos de trabajo permanente con contratos temporales. Eso ya lo prohíbe nuestro Estatuto de los Trabajadores.

O como aumentar el SMI al 60% del salario medio neto. Dicho aumento, como ya se ha argumentado en varias ocasiones en esta taberna, lejos de beneficiar a los perceptores naturales del mismo -los trabajadores menos cualificados-, les expulsaría del mercado de trabajo, generando otros efectos colaterales igual de dañinos.

O como la aprobación de una ley de igualdad salarial, apoyándose en la supuesta brecha salarial entre mujeres y hombres. A la falta de rigor de esa afirmación hay que añadir que con la legislación actual ya está prohibido en este país la discriminación salarial por razón de sexo.

O como la derogación del art. 315.3 del Código Penal sobre le ejercicio del derecho de huelga. Para que no tengan que buscarlo, dicho artículo dice que "quienes actuando en grupo o individualmente, pero de acuerdo con otros, coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga, serán castigados con la pena de prisión de un año y nueve meses hasta tres años o con la pena de multa de dieciocho meses a veinticuatro meses". Realmente, el bien jurídico que protege ese precepto no es el ejercicio del derecho de huelga, sino la libertad y el ejercicio del derecho al trabajo. Confundir el ejercicio del derecho de huelga con la tipificación de un delito de coacciones es para nota. O es producto de la ignorancia o es que al PSOE no le parecen dignos de protección el derecho a la libertad y al trabajo. No sé qué es peor. Por cierto, este asunto de la derogación del artículo, al que el PSOE se apunta, está ahora de moda a raíz del caso conocido como "los ocho de Airbus". Lean el relato que el fiscal hace de los hechos en su escrito de acusación y pregúntense después si hay que derogar el art. 315.3 del Código Penal.

Y como guinda al pastel de esta muestra de despropósitos, proponen, con carácter general, la revisión del Código Penal ¡para volver a los principios del Código Penal de la democracia! En fin, ya nos explicarán cuáles son esos principios y en qué preceptos del actual Código Penal se infringen.


martes, 2 de febrero de 2016

De amígdalas y cíngulos

Curioseando esta mañana la prensa me topé con un curioso artículo encabezado por un titular que rezaba "Tus genes deciden si eres de izquierdas o de derechas". Con un aperitivo así, cómo resistirse a desayunárselo y encontrar por fin una justificación a este liberalismo de izquierdas que me aqueja.

Pero mi gozo en un pozo y la primera en la frente. ¿Creen ustedes que quienes desean un Estado cuanto mayor mejor, que cubra cualquier contingencia que pueda padecer el individuo, que controle la economía y las decisiones individuales de los ciudadanos lo hacen porque tienen una mayor  capacidad de aceptar la incertidumbre y de adaptarse a situaciones novedosas? ¿Y que quienes prefieren un Estado más pequeño, que interfiera lo menos posible en las libertades individuales y que impulse la libre competencia en los mercados lo hacen porque son más temerosos y exageran los riesgos?

Pues más o menos eso dice el artículo, que los conservadores son más miedosos y tienen aversión al riesgo por no sé qué problema en la amígdala cerebral y que los progresistas aceptan mejor la incertidumbre por alguna historia del cíngulo anterior. A ver si ahora va a resultar que Alberto Garzón o Monedero son más de derechas que el grifo de agua fría y la Esperanza Aguirre una peligrosa comunista.

A lo mejor los unos y la otra debieran revisarse la amígdala y el cíngulo, porque lo que es uno, se ha quedado igual que antes de leer esa tontería de artículo. Pero eso sí, no me negarán que conseguir que te paguen por escribir tal gilipollez no tiene su mérito.   

¡Mira que seguir confundiendo a estas alturas conservadores con derecha y progresistas con izquierda...!