viernes, 8 de julio de 2016

Pedir con ton pero sin son...

Ha llegado a mi correo una solicitud de Change.org que, como tantas otras, son fruto de situaciones particulares que sufre el propio impulsor de la iniciativa. En muchos de los casos -y éste es uno de ellos- plantean cuestiones que tocan la fibra y con las que es difícil no estar de acuerdo, pero que apuntan a culpables equivocados y hacen un análisis del problema sesgado e interesado.

En este caso, me solicitaban que firmase a favor de una iniciativa para que los padres tengan derecho a estar con sus hijos mientras están ingresados en un hospital ¡Cómo no estar de acuerdo con eso! ¡Qué insensible podría rechazar sumarse a tal iniciativa! Los que me conocen ya intuirán que si pongo este asunto sobre el mostrador es porque no la he firmado. Analicemos con atención la propuesta.

La propia impulsora de la reivindicación reconoce implícitamente que ese derecho que reclama existe. Por ejemplo, se puede solicitar una excedencia -art. 46.3 del Estatuto de los Trabajadores-, teniendo derecho a la reserva del puesto de trabajo durante un año. Bien es cierto que durante esa excedencia el trabajador no cobra ni trabaja. Debe ser por esto por lo que, al parecer, ésta no es una solución válida para la promotora de la iniciativa. ¿Qué derecho es ése si no se recibe una remuneración aunque el empresario tenga la obligación de reservarle su puesto de trabajo? Entonces, ¿qué se plantea en la petición a ese respecto? ¿Quién debería pagar al progenitor que cuida del hijo enfermo? Se solicita la creación de un derecho, pero no se dice cómo debiera implementarse desde el punto de vista económico. Así, quien firme la petición, no sabe si deberá ser el Estado con nuestros impuestos o el empresario con su dinero quien pague ese salario.

Pero no se preocupen que, aunque no se dice expresamente, en la petición se apunta con precisión de francotirador al pagano cuando se califica de falto de humanidad al mundo empresarial. ¡Acabáramos! Ya sabemos quién es el culpable del problema, quién debería pagar ese salario: el empresario.

En fin, que como ya reflexionamos por aquí hace algún tiempo sobre los problemas de hacer recaer sobre los empresarios una carga que debiera corresponder al conjunto de la sociedad si ésta así lo decidiera, no me voy a repetir.