Como tantas veces había hecho de niño, cuando cerraba los ojos para dejarse caer confiado sobre los brazos de su padre, ahora volvió a cerrarlos tras subirse a la baranda de piedra del viejo puente. Pálido e indeciso, permaneció erguido unos segundos y saltó al vacío en un descuido de su cobardía. Con el estómago acurrucado al alma, el vértigo de lo irreversible apenas si le permitía respirar, pensar en la posible inminencia del dolor o recordar si finalmente se había colocado el arnés. Después, sólo un ruido sordo, duro y gris. Cuando despertó, el padre todavía estaba allí.
Cien mujeres contra la violencia de género. Argentina
Hace 54 minutos



2 comentarios:
Ooohhh...qué grande el micro. Ese "descuido de la cobardía" es como una verónica en condiciones.
Abrazos.
Gracias, Juanma. Siempre tan generoso.
Ya sabes que la valentía sólo es en la misma medida en que es el miedo.
Un abrazo
Publicar un comentario en la entrada