Nadie, en varios kilómetros a la redonda, sabría decir su nombre. Ni siquiera don Julián, el viejo cura, ha sido capaz de pronunciarlo durante el responso que abarrotó la pequeña iglesia del pueblo. Todos, pero sobre todos, él, recordaban a aquella buena moza, exótica, callada, casi transparente. Por aquel entonces todavía eran pocas las forasteras, menos aún tan guapas y dispuestas, y un pelirrojo don Julián, atractivo y recién llegado del seminario, las visitaba con frecuencia esquivando miradas chismosas. Ahora, mientras observa paternal al lloroso hombretón rubicundo del primer banco, don Julián sonríe ternura rememorando a sor Josefa, aquella deliciosa islandesa de nombre impronunciable que llegó al convento hace cincuenta años.
Cien mujeres contra la violencia de género. Argentina
Hace 51 minutos



17 comentarios:
Ay, cuánto tiempo que no leía estas cositas tuyas que tanto me gustan!! Casi transparente la muchacha, ¿eh? Magnífico.
Una recomendación literaria que algo tiene que ver con este texto (para cuando tengas ratitos de lectura): De la alpargata al seiscientos, de Juan Eslava Galán. Libro muy agradable de leer porque, con humor, evita el desgarro en lo que cuenta.
Abrazos.
Lo del cura pelirrojo mirando "paternal" al rubicundo hombretón; me suena al chiste del cura que le confiesa al hijo, en el lecho de muerte, que él no es su padre, que es su madre y el verdadero padre es el obispo de Cordoba.
Saludos Tato.
La ternura hecha recuerdo dulce...
Tomo buena nota de la recomendación, querido Juanma.
Y para que veas que me las tomo en serio, tal y como te prometí, me compré y leí este verano el Jinete Polaco. Me gusta cómo escribe y tiene pasajes espectaculares, pero se me hizo un poco pesada. Demasiadas revueltas, de ésas que a ti te encanta recorrer cuando coger carrerilla con la pluma. No me extraña que sea tu autor favorito... Lo que es seguro es que leeré más cosas de él.
Un abrazo
Mira que eres cabroncete, Rafael ;-)
Saludos
Gracias, Ana.
Besos
Qué cabrón eres...Toma nota de las próximas de Muñoz Molina: Plenilunio y/o La noche de los tiempos (ésta cuando tengas tiempo por las noches, que es un buen tocho).
Abrazos.
Por cierto: un espectáculo la dos o tres páginas finales (o acaso la última página y media) de El jinete polaco, eh?
Por las reseñas, el próximo será La noche de los tiempos. Caerá en el verano, seguro.
Sí, Juanma, en las últimas dos páginas y media resume toda la novela. ...si a pesar de todo me la vas a quitar, no permitas la lenta degradación ni la mentira, fulmíname en el primer segundo del primer minuto de rencor o de tedio, que me quede sin ella y sufra como un perro, pero que no me degrade confortablemente a su lado....
Otro abrazo
P.s.: Y sí, soy un cabroncete, pero un cabroncete cariñoso... ;-)
Ese pequeño texto, en concreto ese que no me degrade confortablemente a su lado...uf, ahí está todo el libro.
Esos encuentros mágicos de chicas guapas y dispuestas,engrandecen a cualquier hombre...
Muy elocuente tu relato.
Un beso
La elocuencia está en la imginación de quienes leen, querida Veridiana.
Besos
Hoy en día, pasaría lo mismo, pero con nombre africano.
Saludos.
Una vez conocí a una monja, ni joven ni hermosa, a la que la gente acudía en busca de consejo y conversación. Me la has traído a la memoria.
Pues nos sabía yo que África exportaba vocaciones, Juan Carlos, más bien creía que era al contrario.
Saludos
Ser buena persona no es incompatible con ser joven y hermosa, y viceversa, Néstor.
Saludos
Los amores prohibidos serán siempre dulces mientras duran, aún cuando tornen amargos al final. Secretos a voces que nadie cuenta y muchos no quieren saber. Besos.
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