viernes 18 de septiembre de 2009

Involución

Que no pudiese articular palabra parecía no importarles demasiado. Primero me mostraron unos dibujos sobre cartulinas blancas para que identificara con el dedo cada uno de ellos cuando los nombraban. Una manzana, un coche rojo, un árbol... Como si fuera gilipollas. Después, unas sencillas operaciones matemáticas de no más de dos cifras. Sumas, restas, multiplicaciones... Cuando vi el entusiasmo en sus caras, empecé a pensar que me tomaban el pelo. Los mandé a la mierda, cogí mi plátano y me encerré en la jaula para continuar la lectura de la prensa del día anterior que siempre dejaban olvidada junto a la puerta. Les hacía gracia cómo pasaba las páginas y me miraban embobados. ¡Imbéciles!


12 comentarios:

dama dijo...

Ya se sabe, en el mundo de los bizcos el tuerto es el Rey.
Me ha encantado esta mini cuento, de los que más.

(Siga concursando, a lo mejor algun día ganas, o mejor, no concurses, ya ganas toda nuestra admiración.)

Besos plataneros...

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Pobrecillos, no sabes lo que nos perdemos...

MaeseRancio dijo...

Ya llegará Charlton Heston a liberarlo de su jaula.

Por cierto, ¿qué periódico era?
;-)

Karol_a dijo...

Genial, me ha gustado mucho, tus finales son como...
ay, como... eso un final... ¿No se les puso final a los finales que para que terminaran así de buenos como los tuyos, esos, yts que digo parezco Imbecil y acaso soy...
Un abrazo Tato.

mangeles dijo...

Jjejje, es que eso de ser mono, es muy duro...

Besos de sábado

pilar dijo...

Como siempre, genial....tienes arte. Besos, Pilar

Ro dijo...

Una mini-historia genial!!
Un saludo

Er Tato dijo...

Bueno, la verdad es que sólo me he presentado a un par de ellos, querida Dama, y aunque siempre es gratificante que a uno le reconozcan objetivamente, lo es más que a uno le dejen comentarios como los vuestros.

Sí, Javier, estos humanos no saben lo que se pierden...

Pues es posible que fuera alguno de estos, querido Maese.

El peligro de los finales brillantes, querida Karol_a, es que hay veces en que el camino es más espectacular que el final pero no se aprecia lo suficiente por la búsqueda ansiosa de ese final que a veces decepciona. En ocasiones ocurre como en la poesía, que una buena técnica puede maquillar un mal poema, como un buen final puede encubrir un relato mediocre. Y viceversa, claro.

Debe ser más duro creerse mejor que un mono sin serlo, querida Mangeles.

Como simepre, muchas gracias querida Pilar.

Bueno Ro, no recueredo haberte visto nunca por aquí. Como ya es costumbre, a la primera invita la casa y espero que te dejes caer por la taberna de vez en cuando.

Muchos besos y unos cuantos abrazos

mangeles dijo...

Yo soy muy mona, Tato , jejje

Enga, ponme una palomita de anis del mono.

Besos

Juanma dijo...

(llevo un buen rato dejando comentarios, por esos blogs de dios, justo tras los tuyos)

Este relato es como si todo él fuera un final, de esos finales tuyos siempre tan auténticos. Creo que no sé explicarme mejor, ¿se me ha entendido?...como si no tuviera principio, ni nudo, sino que todo fuera un deselance en sí mismo, dando vueltas sobre sí mismo. Es por eso que me ha dejado alucinado.

(y creo que también algo espesito para explicarme, ¿no?...pero bueno, que yo sé lo que me digo...como decía mi abuela)

Un fuerte abrazo.

Er Tato dijo...

Nadie duda de que lo seas, guapetona. Ahí va un Arenas a palo seco, que aquí el agua sólo se usa para empujar los mojones del retrete. Besos extrasecos.

Ya te he visto, Juanma... y lo que me he reído. Es lo que tiene esto del seguimiento de los comentarios. Y te has explicado perfectamente, como siempre. Incluso antes de empezar a explicarte. Por cierto, esta madrugada me dijo Juan el Manteca que te diera un abrazo, que está el tío que se sale con eso de la columna semanal en la radio. ¡Ah! y que le dieras un beso a Teresa, aunque mejor no te describo su gesto cuando mencionó su nombre. ;-)

el aguaó dijo...

No es lo mismo ser tonto que parecerlo. Lo segundo es conveniente en algunos casos, lo primero es incurable en otros.

Me encantan tus hiperbreves y tus cuentos. Y las Historias de la Taberna, que espero como agua de mayo.

Un abrazo querido Tato.