Entró a trompicones, sudoroso y jadeante. Un poco de agua, por favor, dijo encaramándose como pudo a la mugrienta barra de aquella tasca. Un par de parroquianos del decorado, arrugados, medio desdentados y con barba de varios siglos, lo miraron con desdén. Avergonzado, bajó la cabeza, se remetió la camisa, y dando un saltito, intentó alcanzar el vaso que el cabrón del tabernero había colocado al otro lado del mostrador. No lo consiguió. El ambiente se cargó de miradas displicentes, sonrisas altaneras y alguna carcajada contenida. Dio un nuevo saltito. Y otro más. Nada. La carcajada era ya unánime y humillante. Y el hombre forzudo, indignado, decidió quitarse el disfraz de enano.
Manual del buen agitador
Hace 1 minuto.



21 comentarios:
Vengo pronto. Estoy de problemas mundanos..eso de hospitalizaciones, cardiopatias..y semejantes...pero en poco tiempo vuelvo ehhh..... besos
En ese pueblo tenían mal fario, hasta les crecieron los enanos.
Pues que vaya todo bien , Mangeles. En cuanto todo se resuelva, pega un puñetazo en el mostrador, te pongo una manzanila fresquita y le pego una patá al olivo.
Muy bien traído, mi Capitán ;-)
Besos y abrazos
Siempre finales brillantes.....cuando ya estamos sufriendo con el enano, le sacas al hombre forzudo que lleva dentro. Una belleza. Besos, Pilar.
Hoy tu taberna tiene una luz diferente...energía positiva a raudales ha entrado con el circo
Muchas gracias Pilar. Sé cuánto te gustan, por eso, siempre que escribo alguno de estos, pienso, ¡seguro que a Pilar le gusta hoy el olor del guiso que asoma por la cocina de la taberna!
Besos
Ojú Tato y con la mala leche que tienen los enanos cualquiera lo soporta pegando guantazos.
Rafael
Sobre todo si miden 2 metros de alto por 2 de ancho, amigo Rafael.
Saludos
Que gozada si en determinados momentos de la vida nos pudieramos quitar el disfraz de enano. Saludos
Bueno, es cuestión de huevos, querida cibeles.
Besos
¡ Uf! A estas horas, ese guiso que dices se cocina...¡ Me apunto!
No sé ...pero El Circo siempre me ha dado pena, miedo...jeje
Un beso
El circo para mí está lleno de melancolías –días de infancia invernal y miradas de asombro en un ya inexistente Price–; y tu buenísimo relato, sembrado de alegorías que piden a gritos pensarse detenidamente.
Como diría Lin Yutang “…no subestimes nada, por pequeño que te parezca."
Gracias y un abrazo.
Así me gustan, historias que te dejan pensativas.
Al forzudo le costó lo suyo convertirse en enano, sólo le faltó decir aquello de "mientras no me suban el mostrador..."
Besos manzanilleros...
Espinacas con garbanzos o un buen potaje de tagarninas con su pringá. De postre, una larga y bien regada sobremesa. Y a la operación bikini que le vayan dando, querida Veridiana. Además, estoy seguro de que a ti no te hace falta.
Me alegro de que te haya gustado, Antonio y gracias a ti. Son estas propinas en forme de comentarios las que me permiten llegar a fin de mes, que está el negocio fatal.
Me alegra verte por aquí, querida Dama. Imagina el alivio del forzudo al deshacerse de su disfraz, como quien se quita un zapato un par de números más pequeño. O quizás no.
Hoy, besos para todos.
Pues lo que tiene: ¡Si a la gente se la putea....va ...y se crece¡...
Un besito...
Pues sí, Mangeles, a veces tiene uno que sacar el increíble Hulk que lleva dentro y ponerse verde.
Besos
Muy buen final, felicidades!
Gracias a la reunión de Anónima Mente, he llegado hasta aquí. Me ha encantado tu micro.
Saludos.
Muchas gracias, Juan y Chula, y bienvenidos a la taberna. Como ya es costumbre, a la primera invita la casa. ;-)
Saludos
Llegué a tu blog por la Reunión, me gusta lo que encontré seguiré visitándote
Buen final, como casi siempre, el circo, la vida misma, llena de apariencias.
Saludos
Muchas gracias, Patricia y Su, y bienvenidas a la taberna. A la primera, como ya es costumbre, invita la casa.
Besos
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